La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

26 de junio de 2008

Rechazo

Cintia siempre me dice que me deje de joder con Ismael Serrano, Sabina, Silvio Rodríguez, y cualquier otro tema en mp3 que convive con mi teléfono. Creo tener como diez mensajes de ella con un mensaje similar a este: “Dejate de joder con esa música depresiva, escuchá MEGADETH”. Sin embargo la pendeja no es perfecta, tiene sus defectos, y cada tanto me recomienda una banda al estilo Portishead y tirá al diablo sus mejores concejos. Sin embargo, a pesar de que en este último tiempo sus palabras ocupan un lugar quizás demasiado importante en mi vida, estoy convencido en que hay cierta música que me niego a dejar de escuchar. Hay ciertas cosas que no quiero abandonar. Sigo buscando a quien me pueda sostener una mirada y a su vez sea dueña de unos ojos tan perseverantes que no me dejen bajar los míos cuando vea que ven. Creo que en este momento de mi vida me enamoraría de cualquier mujer que se atreva a sostenerme la mirada. Bueno quizás “me enamoraría” suena a mucho pero al menos esa actitud sería un motivo lo suficientemente importante como para detenerme a pensar y preguntarme qué me está pasando.
A esta altura de mi vida, con el 27/09 otra vez demasiado cerca, creo que soy una persona llena de miedos. Algunos me paralizan y otros, la mayoría, solo me dan miedo. Entre mis peores fantasmas, con los que convivo a diario, están el rechazo y las despedidas. Son dos marcas que queman a diario mi alma y dejan un tatuaje difícil de borrar. En ocasiones aparecen las ganas de dejarlos a “pata” a mitad de camino pero en otros momentos sus cadenas son tan fuertes que no puedo romperlas. Creo que ni mi propia muerte, ni los problemas de guita, ni las consecuencias inevitables que esta puta enfermedad me dejan día a día, logran asustarme tanto. No encuentro nada que me paralice tanto como ese sentimiento tan despreciable e indescriptible que provoca en mí el rechazo. Quizás todo depende de momentos, pero esa es una de las sensaciones que más me gustaría, y seguramente más me aliviaría, dejar de lado. Sobre las despedidas no puedo decir mucho más de lo que ya he escrito: No me gustan.

PD. Cada vez que re leo cada uno de mis post pienso en el quilombo en el que se metió mi Doc Paola. Espero que no lea esto porque si lo hace va a pensar seriamente en sembrar soja en el patio de su casa y dejar por un buen rato la psicología.

22 de junio de 2008

Despedidor

Anoche me dí cuenta lo mucho que me siguen costando las despedidas. Son tan inevitables como respirar pero cuestan mucho más trabajo. Pienso y pienso, y me doy cuenta que no debería ser así porque he tenido tantas despedidas que a esta altura de mi vida tendría que ser algo natural. Una de esas cosas que tenemos incorporadas y hacemos por instinto, pero aún así me cuestan. Una vez Rocío me dijo que todos deberíamos tener un despedidor, que debería haber gente que trabaje de eso. La idea era algo así como una persona que se encargue de ir a las terminales de ómnibus a saludar con la mano cuando el colectivo se va. Eso le haría bien a la persona que se va, evitaría que el viajante sintiera ese vacío que le surge cuando el micro se va y los demás pasajeros saludan por la ventana pero uno no tiene a quien. Es una excelente idea pero es un pésimo trabajo. Al menos es un pésimo trabajo para mí porque me cuesta separar mis sentimientos de esta tarea. Supongo que esto pasa porque las personas que se van son muy importantes. Realmente lo son. No quiero que se vallan pero es inevitable que lo hagan. Ismael dice en una canción que “ya sólo me queda la vacía pena del viajero que regresa”, yo agregaría que la pena del despedidor que se queda es mucha más grande, mucho mas vacía, mucha más dolorosa.
Por eso Ro no me gusta hacer de despedidor pero no sé bien como evitarlo. No sé como evitar acercarme a personas que irremediablemente se van a tener que ir. No sé como evitar que se vallan, o quizás lo más triste es que no sé como hacer para evitar que en ellas nazca ese sentimiento de querer irse.

12 de junio de 2008

Las Malas Companias

Mis amigos son unos atorrantes. Se exhiben sin pudor, beben a morro, se pasan las consignas por el forro y se mofan de cuestiones importantes.
Mis amigos son unos sinvergüenzas que palpan a las damas el trasero, que hacen en los lavabos agujeros y les echan a patadas de las fiestas.
Mis amigos son unos desahogados que orinan en mitad de la vereda, contestan sin que nadie les pregunte y juegan a los chinos sin monedas.
Mi santa madre me lo decía: "cuídate mucho, Juanito, de las malas compañías". Por eso es que a mis amigos los mido con vara rasa y los tengo muy escogidos, son lo mejor de cada casa.
Mis amigos son unos malhechores, convictos de atrapar sueños al vuelo, que aplauden cuando el sol se trepa al cielo y me abren su corazón como las flores.
Mis amigos son sueños imprevistos que buscan sus piedras filosofales, rondando por sórdidos arrabales donde bajan los dioses sin ser vistos.
Mis amigos son gente cumplidora que acuden cuando saben que yo espero. Si les roza la muerte disimulan. Que pa' ellos la amistad es lo primero.

PD. En esta canción Serrat se olvidó de decir que mis amigos se quedan por msn hasta la madrugada de un 1 de enero para brindar a la distancia por los logros del año que comienza, no Lau? Se olvidó de decir que ellos me abren la puerta de su casa y me hacen sentir parte de su familia en momentos en los cuales los fantasmas de los afectos lejanos rondan cerca, no Pablo? Se olvidó de decir que cuando sienten mi corazón roto, y mi ánimo flaco, me tocan timbre cada vez que pasan por mi barrio, no Guille? Se olvidó de decir que cuando menos hablamos y mas lo necesito me regalan interminables noches de charlas, chocolate y cine, no Cin? Se olvidó de decir que a pesar de no estar nunca siempre hay un mail oportuno con la palabra justa, no Julio y Martín?. Se olvidó de decir que aunque terminen con los ojos brillosos siempre están dispuestos a contarme su dolor mas profundo si creen que eso me puede servir como experiencia, no Vasco? Se olvidó de decir que en momentos de satisfacción siempre se acuerdan de mí para hacerme escuchar la última canción del recital del gordo, no Veris? Se olvidó de decir que a pesar de las diferencias escuchan con atención mi experiencia en momentos no tan bueno de sus vidas, no Lauren? Eso sí, no se olvidó de decir que son lo mejor de cada casa. Coincido Joan Manuel, lo son.

6 de junio de 2008

Conquista


De golpe me encontré con esta foto en mi teléfono y al verla me di cuenta que no podía hacer otra que no fuera bajarla a la compu, subirla al blog, y agregarle algunas palabras. La señorita de la foto se llama Julieta. Así como el jueves primero de Mayo pasó su primer mes conmigo, esta vez las casualidades quisieron que el domingo primero de Junio también tenga que resignarse ante la presencia de mis inusuales 68kg. Debe ser algo así como la tercera o cuarta señorita que duerme en mi nuevo colchón pero sin lugar a dudas en mi mejor conquista.
Cada dos renglones que escribo vuelvo la pantalla atrás y me quedo mirando la foto. Me pregunto que hacía en ese momento. Claro, el lector rápido y práctico dirá “durmiendo boludo!”. Y sí, tiene razón. Pero lo que en realidad me gustaría saber es en que mundo estaba, cual era el sueño que recorría. Cual fue el motivo de tanta paz. Porque yo sentía esa paz al lado suyo. Por eso me dormí. Es un poco triste pensar que no recuerdo que estaba haciendo cuando cumplí dos meses. No es triste por no recordarlo, sino que lo es porque sé que nunca más podré sentirlo.
Sí sé que hacía yo durante esa foto. Yo dormía. Yo soñaba. Yo soñaba a pesar de preguntarme casi cotidianamente como “vuelvo del mundo de los sueños cansados”; a pesar de preguntarme donde consigo una bicicletería que me arregle esta rueda con tantos palos metidos en los rayos; a pesar de no encontrar farmacia de turno que venda las suficientes curitas para cubrir mis rodillas raspadas. En mi sueño iba en un ascensor. En uno de esos viejos, que no tienen puertas sino rejas que permiten ver y que te vean. Me invadió una sensación de impotencia cuando me di cuenta que conocía a las personas que vivían en cada uno de los pisos pero en ninguno podía parar. El ascensor no detenía su marcha hacia arriba y mis ojos se quedaban mirando hacia abajo tratando inútilmente de no perder la imagen y el recuerdo que esos pisos pasados me traían. Y así pasó el 1ro, el 2do, el 3ro. Paré en el séptimo con una sensación de derrota como nunca antes. Dos segundos antes de bajarme vi algo que antes no pude. Me di cuenta que en la pared del ascensor había una botonera, y que presionando cada uno de esos botones podía regresar a cada uno de los lugares pasados que quisiera. Y entonces no bajé, comencé a apretar los botones del pasado. Paré en el primer piso, vi, saludé y reí junto a mucha gente. Y en cada uno de los pisos siguientes me pasó lo mismo. Claro, algunos departamentos, por más que pasé horas tocando el timbre y hasta pateando la puerta, nunca abrieron. Algunos eran departamentos de verano y en Mar del Plata ya estamos viviendo el largo invierno de 9 meses. Me hubiese gustado encontrar alguien ahí.
En mi sueño también me di cuenta que en este momento quiero algo fácil. Ya sé que lo que vale cuesta, o eso de que “el que quiere a celeste…”, pero yo hoy necesito el abrazo fácil. No cualquier abrazo, pero sí que no cueste tanto. Aunque sea al principio. Tengo las piernas cansadas, no tengo ni ganas ni fuerzas para correr a nadie pero mis ojos no pueden evitar ver solo espaldas. Yo no quiero correr pero los demás corren. Ojalá me escuchen, les estoy gritando con todas mis fuerzas, las cuerdas vocales se esfuerzan más que en un festejo de gol de Sporting a Rosario. Como dije, aunque sea al principio. Después los problemas, las idas y vueltas, serán bienvenidas pero en este momento no. Necesito algo sólido, concreto, y que respire. No me alcanza un ladrillo.
Así terminó el sueño. Todos corriendo el doble y yo esperando a la mitad. Cuando me desperté vi que estaba nuevamente en mi departamento. Al lado tenía el bombón de la foto, y lamentablemente yo seguía con todas mis costillas…

4 de junio de 2008

Un minuto antes de dejar de quererte

Mas herido que asustado, menos triste que atontado, en la avant-premiere de esta resaca extra large. Vos pedis cambiar de aire yo no se cambiar la cara, vos corres el doble y yo te espero la mitad. Siento una tremenda topadora haciendo la vertical encima de este corazon. Vendería cara esta derrota pero mí coraje cabe en la pestaña de un raton. Y no puedo respirar y tengo 40.000 de fiebre, un minuto antes de dejar de quererte. Y me duele la ciudad y tengo un arpon entre los dientes, un minuto antes de dejar de quererte.
Y es que estas ganas de irse llegaron para quedarse, le prometen besos brujos a mi soledad. Nos debemos ese antojo y aprender a bailar tango si es que en otra vida nos volvemos a olfatear... Y tus manos no me escuchan y mis labios no quieren ni verte, un minuto antes de dejar de quererte. Y mi olvido no te olvida y mis miedos me desean suerte, un minuto antes de dejar de quererte.
Siento que me llenan la cara de dedos la penumbra del deseo y las ampollas de este adios. Y no puedo masticar y tengo 50.000 de fiebre, un minuto antes de dejar de quererte. Y me duele la ciudad y tengo tu nombre entre los dientes, un minuto antes de dejar de quererte.