La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

27 de septiembre de 2008

A vivir los 30...

Le he pedido tanto a Dios que al final oyó mi voz, por la noche a más tardar, yendo juntos a la par.
Cartas de amor en el hall se secan con el sol. Lejos de la gran ciudad ella es mi felicidad nada como ir juntos a la par.
Nada como ir juntos a la par y caminos desandar . El honor no lo perdí es el héroe que hay en mí
nada como ir juntos a la par.
Sé su nombre, sé su edad y sus gustos en la intimidad. Cuando un corazón se entrega y el mañana nunca llega que mas puedo hacer.
Nada como ir juntos a la par y caminos desandar. El honor no lo perdí es el héroe que hay en mí nada como ir juntos a la par.

Letra y Música. Pappo.

25 de septiembre de 2008

Historia de María del Rosario de San Nicolás

La Virgen María se aparece a una sencilla mujer de una ciudad del interior de la Argentina, en medio de una sucesión de hechos místicos que se produjeron a su alrededor: Muchos Santos Rosarios empezaron a iluminarse en los hogares de los habitantes de San Nicolás, anticipando lo que en forma inminente iba a ocurrir allí.
Gladys Quiroga de Motta ve por primera vez a nuestra Madre Celestial el 25 de septiembre de 1983. Los mensajes se suceden a partir de entonces en cantidad, a través de las apariciones diarias. La Iglesia toma intervención inicialmente con gran cautela, para luego apoyar el crecimiento de la obra de María, ante las evidencias manifestadas.
El rezo del Santo Rosario se multiplica a partir del pedido celestial de oración, mientras las multitudes empiezan a acudir en forma creciente al lugar.
María señala a la vidente una imagen de madera de la Virgen del Rosario, que estaba guardada desde hace años en el campanario de la Catedral de San Nicolás, y pide que se la restaure y venere allí, bajo la advocación de “Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás”. Para sorpresa de los sacerdotes, allí encontraron arrumbada a la imagen de María con el niño en sus brazos, como esperando ser rescatada. También nuestra Madre Celestial pide se acuñe una medalla, la cual es entregada gratuitamente a los cientos de miles de asistentes al lugar.
Los Mensajes contienen un permanente pedido de conversión, oración del Santo Rosario, regreso a los Sacramentos de la Confesión y la Eucaristía. También María advierte sobre la importancia de convertirse mientras cada alma aún tiene tiempo, ya que sólo Dios conoce cuándo y cómo seremos llamados a rendir cuentas ante Su Presencia.
La Virgen señala mediante un rayo de luz un lugar junto al Río Paraná (llamado "El Campito"), para que se construya un Santuario, que ella misma diseña a través de los mensajes entregados a la vidente. Se levanta entonces un gran Templo (que aún no ha sido culminado) exactamente en el lugar señalado por la Reina del Cielo, como centro de veneración a María, verdadera intercesora y camino perfecto para llegar a Su Hijo, Jesús.
El lugar es visitado en forma permanente en peregrinación, con mayor afluencia de fieles los días 25 de cada mes, y mediante una gran multitud que se concentra los días 25 de septiembre de cada año, en el aniversario de la aparición.

PD. Feliz cumpleaños libriana. En poco tiempo estaré nuevamente por ahí. Me estoy imaginando ese momento y el dolor me quema, mis ojos no pueden parar de transpirar, pero es algo que tengo que hacer. Los dos sabemos que no fueron tus manos las que dejaron estás heridas de muerte espiritual.
Estaré ahí. Bajaré en la misma terminal, caminaré las mismas calles, miraré la misma postal del río, comeré las mismas empanadas, compraré la misma gaseosa en el mismo lugar, volveré a la misma terminal. Será todo igual pero distinto. Esta vez estaremos sólos vos y yo.
Gracias por todo lo bueno y gracias por la anchura de mis espaldas para sobrevivir a lo malo. Tantas veces me mataron, tantas resucitaré... aún no creo en la última parte de esa frase pero supongo que sos la responsable de que siga pensando que otro mundo es posible. Mi mundo interno. Este que sufre las consecuencias de un calentamiento global inevitable. El que sólo sonríe cuando piensa en el fin. O en el principio.

15 de septiembre de 2008

Diciembre 2006

Este es un texto un poco viejo. Lo escribí en diciembre del 2006. A pedido de alguien especial lo pasé en limpio, el original está en un cuaderno, y la mejor forma de darselo es publicandolo acá. No por un ego personal sino porque de esta forma estaría cumpliendo con la idea origianal del texto: Publicarlo en mi espacio. Hoy, años despues, mi espacio ya no existe pero este blog es un buen lugar para difundirlo. Espero que puedas leerlo y entenderlo. Traté de no engañarme asi que lo publiqué tal cual se escribió aquella vez. Es mío pero no sé si lo escribí yo. En realidad no sé si aquel Ramiro es el mismo que este. Supongo que no. Aspiro a que no. Porque si aún fuera el misma sería una señal de no haber aprendido nada:

Y acá estoy. Es jueves 21 de diciembre. Mientras lavo ropa en mi casa nueva, y escucho a Ismael, se me dio por escribir estas líneas en un cuaderno para después poder subirlo a mi espacio.
Hace unos días me puse a caminar por la playa. Mientras lo hacía me sentía muy raro. Supongo que fue por mi melancolía habitual, aunque debo darle mérito a la distancia y la proximidad de las fiestas.
En mi largo camino miré hacia el horizonte y me encontré con el mar, con el fin de las olas. Al volver la viste me identifiqué con ese “charquito” de agua que se forma cuando la marea baja. Pensaba en lo triste que se deben sentir esas gotas, en lo poco valoradas, en lo insignificante. Mientras millones de sus “colegas” brillan juntas en medio de un atlántico infinito, ellas están ahí formando un charquito en la arena.
Supongo que me ví así. Chiquito, lejos de la rueda que hace girar a este mundo. Quizás, como dije, fue la nostalgia. Mientras caminaba me dí cuenta que no todas las arenas son iguales, no todos los tiempos son los mismos. En mi paseo recorrí un largo pasillo en busca de huellas que hace rato no están allí. Pisé arena que antes no descansaba allí. Arenas que no trajo el mar sino el tiempo. Arenas que hoy sepultan recuerdos como si fuesen ruinas. Me sentí como un arqueólogo parado sobre una montaña en la cual se esconden objetos milenarios. La diferencia es que ellos no saben que hay bajo sus pies pero yo sí sabía.
Que cosa rara los recuerdos. Recién en ese instante me pude dar cuenta lo que sintió mi vieja cuando 27 años después caminamos juntos por Mar del Plata. La anterior había sido conmigo en la panza. Sentí lo que sintió, o parecido.
Seguí caminando por la playa. Miré de nuevo esas gotas abandonadas y me dí cuenta que otra vez estaba mirando el vaso medio vacío. Las olas que llegaban a la costa se mezclaban con esos chacos y “rescataban” a las abandonadas. Así fue como esos solitarios puntos de agua volvían al mar y formaban nuevamente ese inmenso océano azul. Y ahí quedaron, nuevamente felices, con la satisfacción de ser otra vez protagonistas.
Y supongo que en parte así me siento yo. Al igual que ellas estoy muerto de miedo por los desafíos. Al igual que ellas tengo miedo a seguir pisando recuerdos. Tengo miedo a volver un año después y encontrarlos sepultados por millones de granitos de arena. A mirar el piso y no verlos pero sentir que estoy parado sobre ellos. Sentir, en mi piel y mi corazón, las mimas cosas.
Que cosa rara los recuerdos. Que fea la nostalgia de las cosas que ya no van a volver. Que feo que esas cosas se presenten en momentos inoportunos y nos hagan tambalear todo. Replantear todo. Ver aquello que siempre quisimos pero nunca pudimos ser. Que pudimos tener pero no tenemos. No por el destino, no por la suerte, sino por nuestra propia incapacidad. Por nuestra propia falta de méritos.
Hay dos personas que extraño mucho. Las dos son muy distintas y creo que no se llevaban muy bien entre sí. Sin embargo debo reconocer que en sus últimos años ninguno sentía bronca o rencor hacia el otro. A una la extraño por lo que fue y a la otra por lo que me hubiese gustado que sea.
Mi abuela Ramona, la mamá de mi mamá, era la persona con quien mas hablaba en el mundo. Siempre dentro de los límites que yo mismo me encargaba de poner, ella sabia, sabe, todo de mí. Su último año de vida lo pasé con ella. Cientos de tardes tomando mates mientras estudiaba. Su última navidad, año nuevo, reyes. Murió en mayo del 2003. No me pudo ver feliz por trabajar en la radio, no pudo escuchar mis planes de venir a Mar del Plata. Su relación más cercana con esta ciudad eran los carteles de “estalló el verano” que ponía Crónica TV mientras pasaba el sorteo de la quiniela. Nunca pudo leer mi libro ni la entrevista que me hicieron en La Nueva Provincia. La extraño mucho y hoy que las cosas están marchando me gustaría mucho que estuviese acá.
Mi viejo Ricardo, “el Richard”, se fue con muchas cosas pendientes entre los dos. Culpa mía y culpa de él. Muchas veces pensé que bueno hubiese sido crecer en una familia normal. Tenerlo siempre en casa, escuchar consejos, decirle mis sueños, que me dijera “dale, intentalo”. Como dije el error fue mío porque él físicamente siempre estuvo pero el que me alejé fui yo. Hace pocos años entendí que él era humano, que no podía ser perfecto, que los superhéroes no existen. Murió en Octubre de 1998. Nunca se enteró de mi operación, nunca supo que me fui a Buenos Aires, que me enfermé, que volví, que gracias a la pasión que me contagió por Sporting se me dio por hacer un libro, por poner su nombre en esas hojas. No supo que en la calle dicen “el libro que hizo el hijo de Richard”. Lo extraño mucho, y hoy que las cosas están marchando me gustaría mucho que estuviese acá.
Por todo esto digo que es feo extrañar. Pero con ellos no tengo mas remedio. Lo más doloroso es que hay otras personas a las cuales extraño pero que a diferencias de mi abuela y mi viejo ellas siguen haciendo uso del aire cotidiano de este mundo, incluso de esta ciudad. Sin embargo están igual o más lejos. Más inalcanzables. Una vez me dijeron que parar cerrar algo no debe quedar cosas pendientes y, al menos yo, siento que hay cosas pendientes. Todas ellas son personas que me marcaron en el momento más importante de mi vida. Las extraño mucho y hoy que las cosas están marchando me gustaría mucho que estuviesen acá.
Hoy sigo reflejándome en esas gotas de agua pero desde otro punto de vista. Soy como las gotas que volvieron al mar. Estoy en pleno océano atlántico esquivando barcos que naufragan. Claro que a veces llueve, hay tormentas eléctricas y un viento terrible que me dan ganas de vomitar. Pero sin embargo sigo…
En poco tiempo, menos de un año, cumplí muchos objetivos que parecían rebuscados sueños de un inexperto adolescente.
Atrás quedaron muchas cosas y otras siguen muy presentes porque al fin de cuentas sigo siendo yo. Y si bien no me lo puse como objetivo espero un guiño de alguien para poder recuperar algo de lo perdido. Busco saldar cuentas pendientes. Quizás por eso camino a diario las mimas calles, los mismos pasillos, y las mismas con baldíos en cuyos árboles se esconde un cartel de “se vende”…
No digo que todo tiempo pasado fue mejor pero me niego a pensar en debo elegir entre una cosa u otra. Estoy convencido que mi pasado y mi presente se pueden juntar para hacer el futuro que tantas tardes soñé mientras tomaba mates con mi abuela.

6 de septiembre de 2008

Mis cómodas zapatillas

Estás son las zapatillas más cómodas del mundo. No recuerdo bien cuando las compré pero fue aproximadamente a fines de 1998 o 1999. Tienen 10 años o casi. Son tan cómodas que me las saco sin desatar los cordones y me las pongo de la misma forma. Del formato original ya no queda casi nada. Tienen fácil mas de 10 visitas al zapatero de confianza de Punta Alta. Un montón de remiendos y hasta una nueva suela marca “Febo” la separan del formato original que seguramente algunos chicos taiwaneses explotas por Nike le dieron hace un largo tiempo atrás. Realmente son las zapatillas más cómodas del mundo. Cuando las tengo que usar siento placer. Cuando mis pies, cansados de usar zapatos, se sienten doloridos lo primero que hacen es pedir a gritos estas zapatillas. Incluso son mí prioridad antes que las ojotas.
No soy ciego. Veo la foto igual que ustedes. Incluso veo las zapatillas personalmente, las toco y hasta siento su olor. Y debo reconocer que no son lindas. Están muy rotas, muy gastadas. Pero son cómodas. Me cuesta despegarme de ellas.
Pensaba en la cantidad de cosas no-lindas que hacemos a diario pero se sienten cómodas. Esa sensación de algo conocido. De no tener miedo. De estar tranquilos no porque sea bueno el lugar donde estamos parados sino porque es conocido y nos es más fácil, y más cobarde, quedarnos ahí y no cambiar.
Muchas veces me he sentido en ese lugar. Incluso hoy me siento en ese lugar. En un lugar conocido en el cual miro a los cuatro costados y nada me sorprende. Un lugar absolutamente cómodo y familiar, pero para nada lindo. ¿Qué me hace quedarme ahí? Supongo que la comodidad. Supongo que el miedo a buscar un lugar distinto. El miedo a correrme aun que más no sea un milímetro hacía uno de los costados. Miedo a pararme de otra forma. Miedo a mirar desde otro punto de vista. Supongo que el miedo que me provoca cambiar la perspectiva. Ya no vería cosas conocidas. Serían cosas nuevas. Cosas para explorar. Nada sería cómodo, nada me resultaría familiar, y es ahí donde la palabra, y el sentimiento, miedo comienza a rondar en mí.
Este sentimiento de comodidad también lo he visto en otras personas. El hacer las cosas mal pero auto-convencerse de que están bien, e incluso hablarle a los demos desde ese convencimiento inverosímil. Es una situación muy cómoda, pero para nada linda. Básicamente este instante de mi vida, y esos instantes que describí de otras personas, están rodeados de una falsa sensación se seguridad. De creer en que las cosas están bien así, que lo nuevo no solo provoca miedo sino que va a ser malo. De no darnos cuenta que en realidad puede ser mejor que el hoy o en el peor de los casos igual. Pero distinto.
Hoy me levanté de la siesta, miré mis zapatillas viejas y me puse a pensar en esto. En lo cómodas que son. En lo cotidianas que son. Y también en lo feas que son. Debería cambiarlas. Creo que será mi regalo de cumpleaños. No hace mucho regalé un zapatito que aún guardo entre mis cosas. Un zapatito que tengo sobre los estantes que armé en casa hace poco. Un zapatito que sirvió para que la dueña de ese regalo recupere la sonrisa, para que pise el mundo de la misma forma que lo pisaba hace muchos años atrás. Quizás llegó el momento de cambiar las zapatillas. De dejar atrás el pasado. Quizás me anime a correrme ese milímetro y mirar, con miedo, lo nuevo que anda dando vueltas por ahí. Quizás sea el principio del fin o tal vez se convierta en el fin del principio.
Que cómodas mis zapatillas! Me cuesta despegarme de ellas pero me dicen que hay lugares donde a cambio de plata te dan unas nuevas, lindas y que prometen ser igual o más cómodas. Soy muy desconfiado, me cuesta creer, la mejor forma va a ser probar si es tan así.
Que cómodo este lugar en el que estoy! Que conocido! Me cuesta despegarme de este espacio pero me dicen que hay lugares donde cuando uno menos lo espera se cruza con gente o cosas nuevas, lindas y que prometen ser igual o más cómodas que las anteriores. Soy muy desconfiando, me cuesta creer, la mejor forma será correrme un poquito y mirar si es tan así.
“Quizás los siguientes días sigan siendo terribles y grises. Puede ser, pero puedo que no. Puede que todo cambie. Que los días que tienen que venir habrán ventanas a la esperanza. Este puede ser un buen comienzo. Este puede ser un buen principio.”

Pd. Volví a escribir. Que lindo se siente!