La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

25 de julio de 2009

Sin fecha de vencimiento

Creo que armé el bolso demasiadas veces y estoy cansado. El último gran impulso lo tuve hace dos años pero la realidad, las promesas de la realidad, lo frenaron. Tiempo después me dí cuenta que ya había sido un error no hacerlo pero lo cierto es que en ese momento las cosas se dieron como para tomar la decisión que finalmente tomé. Sin embargo siempre me quedó dando vueltas la idea de que sí armé el bolso tantas veces, y por casas ostensiblemente menos importantes, esa vez, ese motivo, de ser necesario, sin dudas valía la pena. Pero no fue. Pasado y pisado, o mejor expuesto: pisoteado.
Conozco gente que pasa sus vacaciones en Brasil, que va un fin de semana a Londres o Florencia, que se escapa a Italia a visitar su familia, y hasta dos locos que ahora están por Colombia y eso es solo el 25% de su viaje. Pero estos pasos de placer no son iguales a los otros, a los definitivos. Estos tienen mucho de disfrute y quizás lo único negativo es “la vacía pena del viajero que regreso”. Los otros parecen movimientos más imprudentes. Me refiero para el resto, no para el que lo hace. Hay un montón de situaciones y de sentimientos que nos llevan a dar estos pasos que nos parecen definitivos. Quizás ahí esta el error, en tomarlos como definitivos. En creer que son nuestro último gran paso. En este tiempo aprendí que nada es definitivo, ni siquiera las ciudades. También aprendí que son pocas las cosas que se arreglan con estas mudanzas, es tonto pensar que nuestros problemas se quedan en el lugar de origen. De alguna forma que aún no sé explicar ellos siempre encuentran la forma de colarse en el bolsillo mas chiquito de nuestros bolsos y en el momento menos esperado, cuando buscamos el cepillo de dientes o el jabón tocador… plaf! Salen. Ahí están. Respiran. Toman aire. Y como si fueran una planta de enredadera abrazan fuertemente nuestros pies y se sienten como en casa. En ese momento la batalla vuelve a empezar.
Sin embargo el cambio de paisaje ayuda. No sé si llamarlo ilusión, miedo, cansancio, hastió, o un poco de cada cosa, pero lo cierto es que siempre, a pesar de esos polizones indeseables, sentimos en la cara una brisa mas fresca que lo normal. Algo distinto. Y a partir de ese momento cada uno de nuestros pasos, incómodos por la poca maniobrabilidad que nos da la enredadera, serán los encargados de hacer un nuevo camino o retomar al mismo de siempre.
De todas formas el viajar me sigue pareciendo una de las mejores cosas que podemos hacer los que aún sentimos que no encontramos el camino. Me refiero a esos viajes “sin fecha de vencimiento” y no a los turísticos. Los problemas siempre estarán, y no existe ejemplo en el mundo que nos demuestra que las cosas mejoran por el solo hecho de recorrer algunos km hacia cualquiera de nuestros cuatro puntos cardinales pero de todas formas este cambio de escenario nos da siempre, siempre siempre, la chance de sentir esa brisa fresca. Y ver…
Incluso muchos, antes pensaba que en forma masoquista pero ahora no estoy tan seguro de ello, nos encaminamos hacia diferentes lugares sabiendo que nos esperan miles de inconvenientes. Supongo que esa ilusión de la que hablaba, o el miedo, o el cansancio o el hastío nos hace mover igual.
Hace menos de una semana me preguntaron sobre Buenos Aires. Me preguntaron como era mi ciudad, si se puede, si es tan difícil como dicen, si vale la pena. Y el primer impulso estuvo a punto de hacerme decir que no era un lugar recomendado pero luego fui yo nuevamente. Mi lado masoquista, pero que disfruta cada uno de los viajes en el Subte B y los paseos por Parque Centenario, hizo fuerzas para que de mi boca, y seguramente de mi corazón, salieran las palabras mas simples y mas sinceras que recuerdo haberle dicho a alguien en los últimos años de mi vida: “Vale cada una de las lágrimas que te va a hacer derramar”. Y las vale...

19 de julio de 2009

Feliz Cumple Barderi

Creo que soy una especie que insoportablemente busca ejemplos que contradigan mis teorías. Tengo un millón de ellas, me refiero a las teorías, y unos cuantos contra ejemplos. Una de las más fuertes es mi imagen, mi amor propio, mi ganas de cosas y lo lejos que veo o me encargo de poner a cada una de ellas.
Hace más de cuatro años, febrero o marzo 2005, me crucé con una mina que desde ese momento se encargó de darme un millón de contraejemplos. Me dejó frases que le robé y que ella había robado antes, compartió noches de esas especiales que uno la pasa solo con la familia, me prestó su copa para chocarla con la mía mientras decíamos un montón de deseos sacados del libreto de una novela de Migré, me dijo que las cosas cambiaban y que si no lo hacían ella igual iba a estar dando vueltas por si me daban ganas de gritar. Me abrió las puertas de su casa, hoy su ex casa, para que le muestre y compartamos un poquito de mi esporádica felicidad.
¿Te acordás aquella mañana en San Justo? Me acuerdo que no podía conmigo mismo y fuiste la primera a la que le conté que viajaba. Que no sabía si estaba bien pero que no me quería arrepentir de nada y entonces viajaba. Me acuerdo que llegué a las 5 de la mañana y no sabía como apurar el reloj. Me acuerdo cuando te decía “che, no me contesta…”. Me acuerdo cuando te escribí y te conté como fueron las cosas. Tus palabras fueron “¿Y por eso estás llorando?¿Alguien así es lo que querías para tu vida?”. Me acuerdo la interminable espera en Liniers desde las 6 de la tarde hasta las 11 que se iba el micro. Me acuerdo tu presencia.
¿Te acordas cuando pregunté en que barrio vivías? ¿ Y Cuando te dije que conocía a alguien ahí? ¿ Y de las paredes con pintadas, los bares con escaleras, las historias de Napoleón, el banco de “plaza” en la puerta de tu laburo donde te esperamos con Vero, las pizzas de aquella noche post recital frente al Gran Rex, el viaje a La Plata….? ¿Te acordás del “movistaaarrr”? Que bueno el “movistaaaarrr” Jajajaja. Los dolores, las risas, las dudas. Tus “no le cuentes a nadie porque no lo saben muchos pero….”, los “no se los conté ni a las chicas aun….”. Supongo que lo gané y todas esas cosas que uno suele decir en estos momentos pero el haberme puesto en ese lugar fue un lindo mimo.
No sabes que lindo se siente. No sabes satisfacción sentir, a la distancia, tu mano en el hombre y tu “acá estoy”. Sí!! Distancia dije!! Esa palabra de 9 letras que no existe cuando el corazón está cerca. Creo que no me lo voy a olvidar más a eso. Creo que lo seguiré repitiendo cada uno de mis días y seguirá provocando en los demás lo mismo que provocó en mí.
Y hoy te veo así y me muero de envidia y de alegría. Cuando alguien se acomoda en la vida, cuando pasa una buena racha siempre se dice que lo merece. Es una frase vieja, aburrida y mil veces hecha pero lo mereces.
En Febrero cuando se casaron Franck e Iris les dije que eran mi ejemplo de que se puede. Que no entendía bien como. Que no terminaba de creerlo pero que eran un ejemplo de eso. De que las cosas pasan. Y justo cuando estoy con mucho tiempo al pedo y pensando y pensando… venís vos y me das otro ejemplo de eso. Me haces buscar en la basura el libro se Cenicienta y empezar a leer otra vez el “había una vez…” Hoy te quedaste sin “patitos” (2) y es lógico que eso pase. Tenes muy poco de loca (22). Tenés los pies en la tierra y cada una de las cosas que estás respirando son el premio a cada uno de los tropiezos que diste. Son días demasiado reales y no estaría bien que lo vivas enloquecida. Mejor así. Mejor con los pies en la tierra, el corazón en el pecho y los sentidos despiertos. Así se disfruta más. Así lo hiciste. Así te lo ganaste. Y así te veo cada vez que les cuento a personas que ni sabes que existen sobre esta amiga de Buenos Aires que se casa en septiembre 2009.
Feliz Cumple! Te quiero mucho.

15 de julio de 2009

Camión Volcador

Uno de mis juguetes preferido era un camión volcador rojo. Era todo rojo, el camión y el plástico que lo convertía en volcador. Recuerdo que también tenía unos tractores amarillos. El común, el que venía con la pala adelante, y la moto niveladora.
Disfrutaba profundamente ir a la casa de mi vecino con mi caja de autitos y pasar toda la tarde ahí. Cuando el sol se iba, y llegaba el grito de mi vieja por el paredón del patio, se terminaba mi productivo día. Era la señal del baño, de dormir, de otro día de escuela.
Un día no vi más ese camión. Desapareció de mi caja de autitos. Fue muy triste perder ese juguete. Me quedaba el Alfa Romeo, la camioneta NASA, el “patón”, y hasta el Ford Mustang de los dukes de Hassar pero yo quería el camión.
Siempre pensé que el día que lo vuelva a encontrar sería uno de los más maravillosos. Y ese día llegó. Estaba en el patio de mi casa, cerca de la parrilla. Seguramente lo había olvidado ahí y entonces lo vi. Pero encontrarlo no fue todo lo bueno que pensaba. Se había roto. En realidad mis perros Capitán y Canu lo habían agarro y luego de unos cuantos mordiscos lo habían dejado destrozado cerca del lugar donde lo habían encontrado. La chapa del camión tenía sus abolladuras pero más o menos aguanto. El tema es que, como dije, la parte del volcador era de plástico. Y no sobrevivió…
Supongo que las cosas nunca son como pensamos. O quizás pensamos demasiados las cosas. Fue una buena lección de vida. Lo que queremos no vuelve o si vuelve ya no es lo de antes. El tiempo, el viento, las personas o los dientes de tu perro se encargan de mutarlo en algo que sólo es una mala imagen del pasado.
Lo peor de todo supongo que es la nostalgia. Mientras escribo esto no puedo evitar acordarme de mi viejo. De esos días en casa, los días buenos, y también las lecciones que esa relación me dejó para el resto de los días. Me acuerdo de la pieza del fondo. Del día que con mi hermano rompimos el vidrio del aparador de la abuela. El día que dije que la mujer del show del cerca era gorda “como la abuela Rosario”. De los vasos de aluminio. Del “de acá no tomo más” (por dios no sabes como te entiendo ese momento y esas lagrimas). De las facturas de “hojaldre” que no te entendía cuando me lo decías. De mi baño en la pileta del lavadero mientras en la casa pasaban cosas que prefería no ver ni escuchar. Del “ya está? Se fue?” y esa inentendible sensación de felicidad que encontraba al escuchar el “sí”………..

PD. No sé. Supongo que esto debería tener un final pero no puedo… no me sale… prefiero dejarlo acá. En otro momento ni lo publicaría pero no quiero que quede como un borrador incompleto. Nada, no sé nada más. Ni me sale nada más. Hasta la próxima.

13 de julio de 2009

Una vieja conocida

Son muchas las cosas que digo y no hago, las que pienso y no digo, las que analizo y no vomito, las que respiro y no exhalo.
Hoy la invitada estuvo en casa una vez más. Amaneció conmigo una vez más. Me despertó con una caricia y me mostró todo lo que tiene para ofrecerme. Me mostró cada uno de los rincones del paraíso. Me habló al oído mientras dormía. Me despertó con un beso de sus labios fríos. Me ofreció toda una vida juntos. Me propuso convertirnos en uno a partir de hoy. Y yo… yo! Por favor… yo.
Yo le dije que no una vez más. Por cuarta vez rechacé de forma inconsciente todo lo que me ofrecía. Le dije basta. Le pedí paz. Soledad. Y ella… ella! Por favor… ella.
Ella puso su peor cara. Me miró mientras me arrastraba por el piso. Se ilusionó con mi primer demostración de abandono, sufrió cuando me vio seguir luchando en el piso. Piso la huella que dejé. Se entristecio. Se fue. Se fue y me dejó sólo, como pedía, como quería. Se llevó su paraíso. Aceptó que no era el momento. Escucho por cuarta vez todas esas cosas que no digo. Se lamento por las mentiras que digo en voz en alta.
Hoy, desde aquel sábado 5 de enero de 2008, le dije que no por cuarta vez. Le dije que no por cagón o quizás por soñador. No sé que mierda es lo que sueño, o mejor expresado no sé por qué lo hago. Minuto tras minuto compruebo las cosas que ya no van a ser, las que nunca pasaron, las que pasaron y no volverán. Y a pesar de eso esta mañana me arrastre por el piso y empujado por ese sueño la rechacé una vez más. La eché de casa una vez más.
No sé hasta cuando. No sé cuanto mas. Tampoco sé si estoy arrepentido o hice bien. Lo poco que sé es que estos días se han vuelto sorpresivamente muy difíciles. También sé, no tan sorpresivamente, que sigo rechazando lo que digo que quiero. También sé que te extraño. Y sé, por sobre todas las cosas, que la respuesta a tu “¿Esto es lo que querías?” es no… no linda, eso no es lo que quería. Lo que quería, como tantas cosas, son las cosas que no hago, que no digo, que no vomito, y que no exhalo.