La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

18 de octubre de 2009

Plaza Roberto Artl (Capital Federal)

Las hormigas caminan por los huecos de pasto que quedan entre los empedrados de este particular lugar. Van de un lado a otro. Algunas solas. Otras con carga. Se chocan. Se miran. Se olfatean. Se reconocen y siguen…
Esta es una de las primeras plazas que descubrí en Buenos Aires. Sin dudas es mi preferida del micro centro porteño. Poco tiempo después de conocerla supe quien fue realmente Roberto Artl, y mucho tiempo después me enteré que aquí estaba ubicada la casa de Lisandro de la Torre y que en algún lugar de estos empedrados estaba el despacho donde se quitó la vida a comienzos del 1900.
Raro y jodido el tiempo. Volví a este lugar 10 años después de pisarlo por primera vez. Siguen los mismos empedrados, el mismo “parador” de motoqueros y seguramente hasta los mismos hormigueros, pero el reloj de arena siguió corriendo y ya no somos los mismos. Quizás nos parecemos más a una copia de mala calidad de lo que alguna vez fuimos o quisimos ser: “Yo tan solo 20 años tenía" dice el tango.
Este viaje estuvo lleno de revoluciones. Realmente fue un despertar a los días que vienen, a los que faltan. Me dijeron que me estaba reencontrando conmigo, con lo que soy, con mis raíces. Y si bien descubrí esas palabras en el momento que me las dijeron es exactamente así como me sentí aquella tarde porteña del miércoles 30 de Septiembre a las 12:50 del mediodía. Encontré el clan Acosta, me sentí parte. Descubrí la logia que no sabía que existía pero necesitaba. Me sentí parte. Me identifiqué. Me encontré en un mapa que siempre me tuvo de un lado al otro buscando no sé qué.
“Es bueno reconstruir nuevos recuerdos”. Es un camino que empecé en aquel regreso que no será uno más en mi historia. Hace tiempo aprendí que no hay nada más triste que un recuerdo feliz, y quizás por eso en este momento que estoy escribiendo una de los momentos mas importantes que irremediablemente derivan en tristezas futuras porque sin dudas es una de los momentos que más se acerca a la felicidad. Crecí volando y ya no veo ni mi propia sombra. Los fantasmas quedaron atrás.
Me voy a plaza de mayo, después les cuento como sigue todo pero antes les regalo una canción. Volví 10 años después y todo es distinto. Nunca más he de verla, quien sabe no sea un bien para mí el desengaño, no ha de ser la ciudad de entonces ni tampoco yo tengo veinte años.

10 de octubre de 2009

Valentía, Masoquismo, Sinceridad y otras yerbas

Le doy un millón de vueltas a estas palabras y estos momentos. Estos dos últimos años fueron de mucho crecimiento personal, de mucha maduración. Quizás todos los anteriores también pero estos dos fueron realmente importantes. Ojalá nadie debiera pasar por cosas dolorosas para crecer pero resulta imposible evitarlo. El dolor, el llanto, la frustración, las pocas ganas, el vacio, los golpes en general, son la cuota que debemos pagar para crecer. Para sentarnos a entender, o empezar a entender, ciertas situaciones que aparecen en el camino.
Una de las más urgentes tiene que ver con la valentía. Creo que me cansé de decir que los valientes tienen miedo, pero hacen las cosas a pesar de ello. De no sentir miedo no serían valientes, serían inconscientes y nadie quiere a alguien así cerca. Ni siquiera lo queremos dentro de nosotros. Es algo que realmente pienso pero nunca me sentí un valiente. Siempre me critiqué cada paso que di e incluso los que pensé dar y no lo hice. Es bueno ver hacia atrás y darnos cuenta lo que hicimos. Lo que pasó, lo que pasamos, lo que somos hoy por usar, aunque sea en su porcentaje mas mínimo, nuestro traje de valiente. De hacer a pesar de….
Al mirar estos últimos 30 años de mi vida me encuentro con mucho de eso. Podría armar perfectamente una lista, una de las largas, enumerando todas las cosas que esta poca cosa hizo. Mucho mas difícil, mucho mas dolorosas, y mucho más costosas que las hechas por personas que realmente admiro y me gustaría ser. Estoy en un punto tal que me pone orgulloso eso. Me llena de vida, como lo hace el aire a mis pulmones al respirar hondo, repasar cada uno de los pasos dados en este último año y medio de mi vida. Realmente soy el responsable de lo que soy. Es mi culpa todo lo malo que hice, todo lo que perdí, pero también me gané cada una de las cosas buenas vividas. Incluso muchas de esas nunca hubiesen llegado si antes no me hubiese tropezado una docena de veces.
Realmente estoy orgulloso de esos pasos. Los últimos fueron 3 años muy intensos, y estas dos semanas que pasaron me devolvieron las ganas de vivir. Me llenó nuevamente de objetivos, de deseos. Me dio una respuesta para decirle a mi doc cuando me pregunta qué me gustaría hacer, de qué tengo ganas.
En estos días sentí que mi cuerpo, mi pecho, era como una olla de puchero. De esas grandes y altas. Solo que dentro de ella no había comida sino un montón de sentimientos nuevos y muchos viejos. En este viaje, casi sin esperarlo, algo o alguien, quizás yo, se encargó de meter una enorme cuchara de madera y comenzar a revolver. Llegué a mil conclusiones distintas, cambié de parecer tantas veces como días de la semana existían, recordé situaciones límites personales, repasé cada uno de los puntos de inflexión de mi vida. Y luego de semejante experimento me di cuenta que ya tenía lo que fui a buscar. No sabía que era, pero algo era y ya lo tengo en mis manos. Llegó el momento de descubrir que hago con todo esto. Recorrer nuevamente los últimos pasos para averiguar si algo de lo que perdí lo puedo volver a tomar del piso e intentarlo. Y si algunas cosas ya no están, me siento con la suficiente fortaleza como para darme vuelta, mirar hacia delante e ir en búsqueda de lo próximo.
Hoy mas frio repaso las últimas semanas, las últimas charlas, las últimas meditaciones, y realmente estoy conforme con cada uno de esos momentos. Creo que si hubiesen sido distinto hoy estaría nuevamente con el piloto automático. Hubiese aceptado porque sí. Por impulso. Por costumbre. Por falta de valor para reconocer que no es eso lo que realmente quiero, lo hubiese tomado porque es malo pero conocido. Y en lo conocido, por más malo que sea, siempre me termino sintiendo cómodo.
Los 30 años me reciben en el mejor momento de mi vida que recuerdo desde los 6 años hasta hoy. Con miedos, con dudas, con triunfos y con fracasos, pero con la firme convicción de que soy un luchador, de que no me rendí nunca, de que me escondí lo necesario pero a la larga, por masoquismo o valentía, siempre enfrenté cada una de las situaciones complejas de vida. No es nada fácil. Muchas salieron mal pero otras terminaron muy bien y eso es mucho más de lo que quizás algunos logren en sus vidas.
Me di cuenta de todo eso. Del hombre en el que me convertí y de los pasos que doy día a día para seguir confirmándolo. Descubrí a Ramiro. Descubrí al tipo que soy y al tipo que quiero ser, el tipo que quiero seguir siendo. Claro, un poco más pulido.
Después de mucho tiempo me repitieron la frase “la esencia no cambia” y me afectó. La tomé mal. Hoy pienso lo mismo. La esencia de las personas no cambien, y ojalá que la mía no cambie porque no soportaría ser uno más del montón. No soportaría vivir sin dar la cara aunque duela, sin decir presente aunque no haya estudiado, sin estar donde nadie estaría o donde todos te dicen que evite ir porque ese lugar provoca dolor. De no hacerlo estaría igual que hace muchos años, más viejo, preguntándome “que hubiese pasado si…”. Por suerte no me lo pregunto. Descubrí que soy un tipo sincero, “sin cero y sin infinito”. Y me gusta.

PD. En algún momento pasaré en limpio los textos que escribí estos días en Buenos Aires. Son muchos, muy buenos, y variados. Tengo que repasarlos, ordenarlos, y también ordenarme a mí.

8 de octubre de 2009

Canción para mi compañera



Mi compañera, mi compañera, sabe de luchas y muchas, cortas y largas esperas.
Mi compañera, mi compañera, tiene un silencio y un grito, y una tristeza cualquiera.
Mi compañera suele encontrar en la amargura mucho de ternura y en la alegría cierta hipocresía.
Un niño llorando, la madre sojando, descubro en la madre en mi compañera.

Mi compañera, mi compañera sabe de algún desatino viviendo el clima el vino.
Mi compañera, mi compañera, es dulcemente imperfecta pues sabe de otras maneras.
Mi compañera suele encontrar en la amargura mucho de ternura y en la alegría cierta hipocresía
Un niño llorando, la madre sojando, descubro en la madre en mi compañera

PD. Cuarteto Vocal "Nuevo Día" (La Plata, 1985).

2 de octubre de 2009

Quizás porque



Quizás porque no soy un buen poeta puedo pedirte que te quedes quieta hasta que yo termine estas palabras.
Quizás porque no soy un gran artista puedo decir tu pintura está lista, y darte orgulloso este mamarracho.
Quizás porque no soy de la nobleza puedo nombrarte mi reina y princesa, y darte coronas de papel de cigarrillos.
Quizás porque soy un mal negociante no pido nada a cambio de darte lo poco que tengo, mi vida y mis sueños.
Quizás porque no soy un buen soldado dejo que ataques de frente y costado cuando discutimos de nuestros proyectos.
Quizás porque no soy nada de eso es que hoy estás aquí en mi lecho.