La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

26 de diciembre de 2010

Tocado



¿Cómo fue que fuiste esta catarata de caricias blandas sin dormir? ¿Dónde te enseñaron a incendiar miradas? Pesadilla dulce en mi sillon...
Yo era una limosna triste, mamarracho a la deriva. Buena punteria, hermosa, Este varon dice "tocado". Tocado de vos...
Derrumbo mis rumbos, Despeno mis penas, Planto cuatro besos en tu nariz.
¿Qué clase de viento te arrastro a mis manos? ¿Qué borracha suerte me convido con vos?
En la fiesta de tu risa busco el talle de mis sueños. Buena punteria, hermosa, Mi corazon dice "tocado" Tocado de vos...
A lo mejor esta vuelta el tiempo cretino nos hace precio,
A lo mejor esta vez le tiramos un caño a la soledad,
A lo mejor esta vuelta el tiempo verdugo se hace el otario,
A lo mejor esta vez le ponemos los puntos a la soledad.
Tocado de vos...
Yo me voy tocado de vos.

Iván Noble
Tocado
Preguntas Equivocadas (2003)

22 de noviembre de 2010

Uno cree que está sólo...

Uno cree que está sólo. Cree que ha pensado en la soledad de su cuarto una cosa absurda imposible de ser compartida: “Que sólo estoy” y uno escribe eso. Y muchos años después uno va por la calle a la noche y un tipo lo saluda y le dice “A mí me gustó mucho una cosa que usted escribió y que es esta”. Y es aquella que uno había pensado en la soledad del cuarto. Entonces dice “no estoy tan sólo. Alguien me ha comprendido, ha disfrutado con lo que yo he escrito, o se ha inquietado con eso". Esa comunión es de agradecerse.
El fenómeno artístico es una operación binaria entre el tipo que pinta, que escribe o hace música, y el que lo consume. Y en esa operación intervienen dos mentes parecidas.
Se tienen que parecer de algún modo. El público que ve este programa se tiene que parecer un poco a vos porque si fuera peor que vos, o menos complejo, no alcanzaría a entenderte; y si fuera mucho mejor no le interesarías, se aburriría.
Son mentes parecidas. No se trata de una mente mejor o peor sino de que lado se acuesta. Se tienen que conmover por las mismas cosas, hay un aire de familia entre el que escribe y el que lee, entre el que hace música y el que oye.

Alejandro Dolina
Escritor y Músico Argentino

La culpa no es del chancho, ni del q le da de comer....

Hace un tiempo conocí a mujer. Creo que la primera en mi vida. Digamos que fue la primera vez, y la única hasta hoy, en la cual noté la sutil diferencia entre una mujer y una mina. Y esta era una mujer, con todas las letras. Con las cinco letras.
Tenía resueltas cosas que yo aún no. Cosas que en ese momento yo estaba viviendo por primera vez y quizás hoy tampoco terminé se superarlas definitivamente aunque voy por el segundo intento.
Hacía un tiempo, años, se había divorciado. Y si bien las cosas del corazón y de la convivencia son de dos, siempre alguien es más culpable que el otro. Un poquito, pero siempre es así. Como cuando en una pareja que funciona siempre alguien se enamora mas que el otro, siempre hay alguien mas débil, en los fracasos las culpas son compartidas pero alguien es más responsable de hacer un poquito mas que el otro al momento de terminar.
Claramente ella era la que hizo las cosas bien, o al menos la que menos culpa tenía. No voy a dar detalles de la historia pero era así. Créanme. Era así. Y de golpe recuerdo que su ex se casó nuevamente. ¿Cómo puede ser? Me refiero a que el “castigo” por hacer las cosas mal era no tener nuevas oportunidades, era pagar con la soledad y el olvido el daño hecho. Pero sin embargo ahí estaba él, formando una nueva familia.
Recuerdo el comentario de ella. Su idea, no clara pero si presente, de que “entonces la equivocada era yo… miralo, la equivocada era yo”. No sé hasta que punto ese planteo era real o era significativo pero estaba presente. Al menos en alguna noche de cama de dos plazas a medio llenar se le hizo presente en la cabeza y tiempo después se hizo presente con palabras mientras me lo contaba.
Nunca supe que decir. Siempre pensé, y pienso, que estaba muy equivocada si realmente pensaba eso pero nunca supe que decirle. Nunca tuve la brillantez de poder convencerla de lo contrario.
Quizás por eso se me hace difícil hoy encontrar alguna palabra de “consuelo” en estos días. Mis días. Quizás por eso cuando miro hacia atrás y repaso los lugares perdidos no encuentro una palabra de auto consuelo que me libere de un pensamiento similar al que ella tenía hace ya dos años atrás. Cuando recuerdo momentos que ya no están, y repaso lugares ocupados por otros, no sé de donde encontrar las palabras que me eviten pensar “mirala, encontró a alguien que ocupó todos esos lugares que yo no supe, encontró un ejemplo para sus hijos, una cara para su familia, un motivo de orgullo para llevar de la mano, alguien que dice “si” al asado del sábado”.
A diferencia de ella yo siempre tuve en claro quién era el “malo” de mí película, soy testarudo y el protagonismo no me lo dejo robar tan fácilmente pero la sensación es parecida. La de ella, la de esta persona que conocí hace un largo tiempo era de cuestionamiento, “la equivocada soy yo?”, la mía es mas de confirmación… “viste? El malo era yo”.
Y quizás sí. Quizás el malo sea yo, o quizás ese yo, y no esté, estaba equivocado. Y quizás ese ella, y no esta, estaba equivocada. Y simplemente el tiempo, los viajes, las despedidas, los sueño y las decepciones marcaron nuestro camino y dejaron la huella a seguir. Y hay que seguir, no profe?. Yo soy de los que siguen, afortunadamente…

20 de noviembre de 2010

Lágrimas de Cabernet



Corazón, no me des más consejos que los que te pido, yo, mal que mal, acá estoy: con las suelas cerca del piso.
Vos sabés que es difícil cuando llueve solo en tu ventana y la melancolía, desgraciada, nos envuelve en su abrigo de escarcha.
Son estos días sin vos trompadas al amanecer, malos poemas, presentimientos y lágrimas de cabernet.
Son estos días sin vos cuchillos en la oscuridad, discos rayados de Sinatra, certezas que no saben más.
Corazón, ¿y ahora qué?. Un perfume de besos antiguos me sale a buscar, ¿cómo vuelvo del país de los sueños cansados?. Ya no sé más qué hacer, esta casa quedó tan vacía que da escalofríos caminarla. No nos queda vino ni esperanzas...
Son estos días sin vos una patada muy cruel, tibios recuerdos, seis Jack Daniels y adioses que pierden el tren.
Son estos días sin vos trompadas al amanecer, canciones rotas, remordimientos y lágrimas de cabernet. Y adioses que pierden el tren, y lágrimas de cabernet.

Lágrimas de Cabernet
Intemperie (2007)
Ivan Noble

21 de septiembre de 2010

Extraño

Extraño mucho mi casa. La nuestra.
Extraño levantarme sin querer hacerlo. Maldiciendo el reloj y las alarmas de esos dos celulares viejos que ya solo funcionan como despertador.
Extraño el darme vuelta en la cama y sentir tu cuerpo, abrazarlo, y pedirte, en voz baja o en silencio, un ratito mas.
Extraño ver tus ojos cerrados, tu cara de dormida, tu cara limpia, sin maquillaje.
Extraño las madrugadas en las que te levantabas porque era la única forma posible para que dejen de llorar.
Extraño verte a caminar hacía a ellos, perderte de vista en el pasillo de la casa, y escuchar como consiguen nuevamente la calma.
Extraño esa señal de tranquilidad que nos daba tu presencia.
Extraño las noches molestas en las cuales dormían en el medio por miedo a los truenos, los fantasmas o los nervios, mas nuestros que de ellos, del día importante que se venía.
Extraño los días en los cuales te ganaba de mano, a vos, al sol y a la alarma de los relojes, y me levantaba primero, sin hacer ruido, para preparar el mate. En silencio armaba la mesita de desayuno, le sacaba la parte quemada a las tostadas que se me pasaron mientras espiaba la tele. Cambiaba la yerba, preparaba el dulce y la manteca, y te despertaba, no sin antes quedarme uno o dos minutos viéndote dormir en silencio.
Extraño mis silencios. Extraño mi rincón. Extraño mis ratos de soledad, de cuelgue con la computadora en el cual me perdía y me alejaba del mundo.
Extraño el darme cuenta que lo estaba haciendo, el pensar que quizás esto te molestaba, el darme vuelta para buscarte y sorprenderme, fundamentalmente sorprenderme, al verte tranquila, espiando mis libros, dejándome hacer, entendiendo mis momentos, respetando mis limites, poniendo en práctica toda la experiencia que estos años, sin conocernos, te dieron.
Extraño las peleas por dejar, o no, entrar al perro. Por comprar helado en invierno, por comprar helado en cualquier época del año.
Extraño aquellas noches en las cuales no podías dormir y mi voz te sacaba del insomnio. Extraño acariciar tu panza y con mi boca, bien cerca de tu ombligo, hablarte y hablarle.
Extraño el ruido fuerte de tu respiración, los dos sabemos que una dama no ronca, que me indicaba que te habías dormido.
Extraño, meses después, ya sin tu panza de por medio, hablarle al oído mientras intentaba no pensar en el vómito de leche que tenía en el hombro.
Extraño esas cosquillas que me hacían pensar que se calmaba porque mi voz le resultaba conocida. Le resultaba familiar en una época en la cual aún no nos conocía.
Extraño los lindos sábados a la tarde en la plaza, los domingos llenos de planes en el Parque.
Extraño cuando lo iba a buscar al jardín y llegaba todo canchero en brazos de la seño.
Extraño como se desesperaba al verme y ya la seño no importaba mas, le importaba yo.
Extraño la vuelta a casa. A la nuestra.
Extraño nuestras miradas cómplices cuando nos moríamos de ganas de estar juntos y no veíamos la hora de que por fin se duerman.
Extraño las charlas del después. Sin dudas las mejores charlas que tuve nunca. Esas sin presiones, sin tenciones, sin caretas, las reales, las más sinceras que salen a media luz y mirando el techo.
Extraño el hacer planes para el día siguiente.
Extraño ver, sentir, y verte disfrutar el salir bien de esos planes.
Extraño mis canas.
Extraño caminar de la mano con vos, miles y miles de años después, pensando como llegamos a esto.
Extraño las cenas familiares llena de gente haciendo el ridículo y nosotros siendo uno mas de ellos.
Extraño tu familia política.
Extraño la familia propia que fuimos construyendo con el correr de este tiempo.
Extraño el llorar de felicidad. De llenos nomás.
Extraño mucho mi casa. La nuestra.
Quizás por eso es que de a ratos te sigo buscando, en otros te espero, en otros me resigno, los lloro, y luego de todo eso comienzo el circulo buscándolos de nuevo.

PD. “La carta de un hombre que echa de menos su hogar” (Ismael Serrano)

13 de septiembre de 2010

Nada mal por $ 5

-Acosta, me gané el Loto!!
Así empezó mi día esta mañana. El teléfono sonó insistentemente, atendí mientras viajaba en el 571, y me encontré con una voz un poco fuera de si que me decía una y otra vez: “Acosta, me gané el Loto!! No lo puedo creer, gané el Loto!”.
Creo que desde anoche sabía que hoy me esperaba un Lunes especial. Un comienzo de semana con una previa que lo hacía ver como una jornada con pasos conocidos pero, incluso con la complicada noche de domingo, sabía que iba a tener algo particular.
El domingo se hizo largo. Quizás porque me desperté a las 8 y media de la mañana, y ni siquiera los dos horas extras de fiaca que le agregué, o la siesta de la tarde, ayudaron a hacerlo mas corto. Terminó como aquellas noches viejas que casi no recordaba. Aquellos ratos de frustración y viejos fantasmas, y no tan viejos, sobrevolando el dpto. D del piso 7 ½.
Lo último que recuerdo de anoche son algunos mensajes en mi celu, la luz apagada, el brillo de la estrella fugaz fluorescente que tengo pegada en la luz del ambiente, la voz de dolina, los comentarios de Barton, y… y me dormí.
El Lunes, al cual ví nacer en sus primeros minutos, me reencontró nuevamente cinco horas mas tarde mirando el techo. Con una sensación de vacío bien física, la interna ya venía desde la tarde anterior, y sin sueño. En la cama sin ganas de hacer fiaca. Me levanté y comencé con el ritual. Puse al Dr. Castro en Radio Mitre, fume un cigarrillo, revisé facebook, me puse al día con mi jueguito de construir un ciudad y de darle vida prospera a mi café, me duché, me cambié, colgué ropa en el tendal, y me fui.
La falta de sueños y la ausencia de fiaca me hicieron llegar 10 minutos antes a la parada de colectivo. Dejé pasar uno, y en el segundo me subí. Conseguí asiento rápidamente y pasé, mirando con nostalgia, aquella esquina frente al ACA, aquel portero electico, reviví aquel volver sobre mis pasos y dar uno de los besos mas lindos y más temeroso que recuerdo, miré el edificio en construcción de la otra cuadra, vi doblar el colectivo, escuché vibrar el teléfono, atendí, y…. “Acosta, me gané el Loto!!”.
Y aquello me cambió el día. Quiero aclarar que no fui yo quien lo ganó, no elegí ningún número, no me corresponde una parte del premio, pero ese tono de voz de euforia comenzó a cambiarme un Lunes que pintaba difícil. Que tenía antecedentes domingueros complicados.
Ese llamado, esa voz, esa euforia, ese modo de contarlo, de vivirlo, de transmitirlo, y hasta de hacerme olvidar de aquella esquina del ACA, me cambió definitivamente el Lunes. Y ahí, como un gol temprano en un partido clásico, cambió la historia que se estaba por escribir.
Quizás estoy exagerando. Quizás este Lunes no hubiese sido tan malo. Quizás soy yo el que le encontré la vuelta y lo pude modificar en sus primeras horas, sin darle tiempo a que haga de las suyas como tantas veces lo ha hecho. Como tantas veces lo he dejado hacer.
Lo concreto es que las horas del día volaron y cuando miré el reloj eran las 17hs. Faltan una hora para volver a casa, había sido una jornada laboral tranquila, había podido amigarme con el estudio, había mirado desafiantemente, con mi testarudo bien, a los apuntes que me estaban haciendo sufrir, y sentí una calma que había comenzado un rato antes de las nueve con aquel llamado.
Es como que en ese momento de la mañana se abrió un camino para un Lunes paralelo. El que pensé que iba a ser se fue por un lado y yo, casi sin pensarlo, me fui para el otro. El otro fue bueno. Fue distinto e inesperado.
Poco importó el domingo, poco importó el sentimiento de frustración, poco importaron los tropiezos de la noche anterior, de los recuerdos, hasta poco importó aquella esquina y el recuerdo de aquel beso que sin ser el último lo guardo en mi memoria como tal.
Y por supuesto poco, muy poco, para la persona que me llamó y para mí Lunes, importó que el premio de aquel “Acosta, me gané el Loto” sean $ 5 por tres números acertados.
Lo más importante de esto es que fueron los mejores $ 5 que jamás allá ganado porque luego de 24hs puedo decir que atrás quedó la frustración del domingo, atrás quedó la silla compartida de aquella foto, y atrás quedó el Lunes denso y largo que me esperaba.
No está nada mal por $ 5.

Mensaje en el Contestador



Hola. Soy yo. Sólo llamaba porque estos lunes siempre me matan. Ha amanecido tarde este día; mi almohada llena de tus cenizas.
Pasé, ¿recuerdas?, por nuestros bares donde arañábamos a la nostalgia su sucio esmalte.
Cogí al futuro por la cintura. Donde hubo vuelo sólo ha quedado escombro de plumas.
Qué cosas pasan, días bulliciosos, tan cerca estamos pero tan solos.
Sólo era eso. Bueno, pues, nada, si tienes frío y tiempo me llamas.

Ismael Serrano
Acuerdate de Vivir (2010)

1 de septiembre de 2010

Te extraño

Es por un rato, se me va a pasar enseguida. Pero te extraño y hay veces, solo algunas, muy poquitas, en las que duele. Escuchaba una canción que dice "el mundo duele menos si te miro" y quizás es eso, que duele porque hace tiempo que no te miro o que lo hago pero por fotos y en ellas hay alguien más compartiendo la silla...

PD. Buenas Noches a todos los que pasan por acá. Que tengan un lindo Jueves...

12 de agosto de 2010

(...) son la mayoría.

Los días cambian. Las mañanas, las tardes y las noches son distintas.
Últimamente mis mañanas me traen esas ganas de lo que viene. Traen esas sorpresas dignas de una ciudad como Buenos Aires donde alguien dijo que en cada esquina nos espera un desafío. No son todas las mañanas pero son la mayoría.
Las tardes son tranquilas. Son tardes de pueblo pero sin siesta. Son horas calmas que en algunos momentos me hacen planear con optimismo lo que viene. Me hacen reír, me hacen hablar de Punta Alta, me hacen armar semanas que poco a poco se van llenando de tareas que antes no había, me hacen hacer chistes de doble sentido. Y este tiempo ocupado provocada una sensación muy diferente a la de vacio acostumbrada. Sensación que por momentos llegué a pensar que serían tan crónica como mi diabetes. No son todas las tardes pero son la mayoría.
Las noches me sorprenden con frio pero solo por la altura del año. Por esta ola polar que aparece y desaparece, por los vientos de Mar del Plata, por el abrir y cerrar de la puerta de atrás del colectivo que me lleva diariamente a casa. Me sorprenden ocupado y fuera de casa. Con una agenda un poco mas cargada que antes que me llena de una forma similar a cuando llenamos los pulmones para meternos debajo del agua. No son todas las noches pero son la mayoría.
Son días en los cuales aún no noto grandes diferencias interiores pero el afuera se mueve, lo hago mover. Me permito pensar un poco más allá y hacerlo con cierto grado de optimismo. Con cierta proyección. Con planes. Con sueños. Con objetivos que poco a poco van tomando una forma real y sorprendente. No son todos los días pero son la mayoría.
Quizás lo mas similar a mi pasado siguen siendo las madrugadas. Horas oscuras, de sueño discontinuo, de pesadillas que me hacen despertar asustado o angustiado. Sueños que traen recuerdos, lágrimas y miedos. Sensaciones que se estiran un poco mas allá de la madrugada y en gran parte amenazan con empañar mis mañanas. Y ahí el circuito se repite: baño, ascensor, caminar dos cuadras, colectivo, pasar siempre por aquella misma esquina q muchas veces me hacen desangrar y me llena la cara de picazón, música, radio, persiana que se levanta, y ahí sí… nuevamente esas buenas mañanas que no son todas pero son la mayoría.
No voy a decir que todo va bien pero en el fondo lo sospecho.

5 de agosto de 2010

Perros de la Calle

Como un perro callejero, que camina por distintos lugares pero siempre sin techo en su cabeza. Que ve mil caras y ninguna le resulta familiar aunque se muere de ganas de que eso pase. Que se acerca a mil personas aunque con todas se siente rechazado, incluso sin serlo. Que persigue, las cuadras que sean necesarias, a quien le hace un mínimo gesto de afecto pero que 200mts después lo ignora o le dice “basta! No me sigas más!”. Que ya cansado del rechazo se cruza gente nueva y esta vez no se acerca, los mira de reojo, con cara de pobrecito, queriendo inspirar lástima primero y amor después. Que hecho un bollito los mira, mueve la cola, y sueña. Que los ve irse. Que se ve quedarse de nuevo en el mismo rincón, hecho un bollito, unos cuanta hojas de calendario después…

30 de julio de 2010

Por quien merece amor



¿Te molesta mi amor? mi amor de juventud, y mi amor es un arte en virtud. ¿Te molesta mi amor? mi amor sin antifaz, y mi amor es un arte de paz.
Mi amor, es mi prenda encantada, es mi extensa morada, es mi espacio sin fin. Mi amor, no precisa frontera, como la primavera no prefiere jardin. Mi amor, no es amor de mercado porque un amor sangrado no es amor de lucrar. Mi amor es todo cuanto tengo si lo niego o lo vendo para que respirar...
¿Te molesta mi amor? mi amor de humanidad, y mi amor es un arte en su edad. ¿Te molesta mi amor? mi amor de surtidor, y mi amor es un arte mayor.
Mi amor, no es amor de uno solo sino alma de todo lo que urge sanar. Mi amor, es un amor de abajo que el de venir me trajo para hacerlo empinar.
Mi amor, el mas enamorado, este mas olvidado en su antiguo dolor. Mi amor, abre pecho a la muerte y despeina su suerte con un tiempo mejor.
Mi amor, este amor de abedrio es un sol encendido por quien merece amor...

Silvio Rodriguez

23 de julio de 2010

Todo pasó un 23 de Julio

Todo pasó un 23 de Julio. Era un día como hoy pero hace varios años atrás. Digo que era como hoy porque así lo marca el calendario, y hasta incluso quizás el clima, el viento que tiene algo de aquel. Incluso quizás haya sido a esta misma hora aunque eso no podría asegurarlo. En realidad tampoco podría asegurar que todo haya sido en un día como hoy. Me refiero a que quizás no era 23, era 5; o quizás no era Julio, sino Febrero. No lo sé. No importa. Pero todo pasó en un día como hoy.
¿Alguna vez hicieron una lista de las cosas que querían lograr? Me refiero a una lista similar a la de compras de un supermercado pero con pretensiones mucho mas ambiciosas que ellas. Y seguramente mucho mas difícil de conseguir. Me refiero a que no se venden en ningún lado, son como productos artesanales que solo cumplen el requisito de ser lo que añoramos si lo construimos nosotros.
¿Alguna vez hicieron una lista de las cosas que ya no quieren hacer? Una especie de lista negra que al igual que la anterior nos cuesta tachar. En la anterior, la de los pro, nos cuesta usar la lapicera de forma horizontal porque eso significaría haber logrado algo, y si bien en el camino muchas veces logramos ese algo no nos animamos a tacharlas porque es muy probable que vuelva a suceder. Porque todo vuelve: “lo bueno y lo malo” decía mi abuela.
¿Alguna vez intentaron estar en la cabeza de alguien? ¿Pudieron realmente sentir como siente el otro, pensar una situación "x" pero con las mismas cargas que siente la otra persona? Si me dicen que sí no les creo. Si me dicen que lo intentaron, les empiezo a creer un poco mas. Hay veces en las cuales el otro hace cosas que uno no entiende. Y repite, incluso hasta en voz alta como si eso significara algo, un enérgico “mirá que lo pienso y me pongo en su lugar y no puedo entender por qué “x” y por qué “y”? Yo también muchas veces tomé ese lugar y muchas veces, por error, hoy me doy cuenta que por error, juzgué y con ese resultado me acerqué o alejé de alguien. Por error.
Me refiero a que me puedo acercar mucho al estado de una persona y el por qué de sus decisiones y de sus actos. Me puedo incluso parar en las mismas huellas. Puedo pesar lo mismo en kilos y hasta puedo tener su altura y gastar el mismo aire al respirar, pero eso solo me deja a poca distancia de ella. No me deja en el mismo lugar. Hay factores, de los mas chiquitos y tontos, al menos para nosotros, que no me ponen en el punto justo. Por suerte hasta los mas parecidos siguen siendo lo mas distintos. Por suerte está siempre ese 0,01% del genoma humano que es único e irrepetible y nos hace ser lo que somos y no otros.
Por suerte solo existen recetas de cocina o pasos que nos explican cómo subir una escalera, pero no hay receta que nos lleve al mismo lugar, que nos haga hacer siempre lo correcto, incluso siendo el mismo cocinero. Está ese “principio de incertidumbre” que planteó alguna vez un matemático y que escuché nombrar por primera vez en la boca de Ismael Serrano que nos modifica todo. Que hace ilógico a lo más lógico, que crea incertidumbre hasta en la ciencia mas exacta.
Entonces si no siempre 2+2=4 ¿Por qué deberíamos quejarnos y tomar como frustración el que nuestros mismos actos nos lleven siempre a lugares distintos? ¿Por qué no aceptar que si un camino fue bueno lo fue para esa vez, para esa oportunidad, en ese tiempo, en ese espacio, con ese peso y esa altura; y no para el resto de las cosas? ¿Por qué no tomar como un hecho que la única forma que existe es autodescubrirnos a cada paso y refundarnos cuando sentimos que no damos mas?
También pensaba en por qué esperar a ese “no damos más”. ¿Por qué no nos sirven las marcas anteriores? ¿Por qué ir a comprar un pantalón nuevo cuando se nos rompió el que teníamos y no hacerlo cuando se empezó a gastar o se manchó con gotitas de lavandina? ¿Por qué, y no sirve “porque no tengo plata” como respuesta, esperemos hasta ese último momento en el cual sentimos que estamos en el fondo para tratar de subir? Hace muchos cuando aprendía a nadar en una pileta de mi ciudad me alejé mucho del borde y no me di cuenta que había pasado la mitad de la pileta, me cansé y paré. Claro! No hacía pie y me hundía, y en ese momento de desesperación nunca se me pasó por la cabeza esperar bajar para tocar el piso y subir. No me parecía lógico y no me lo parece hoy. Empecé a tirar manotazos y logré llegar al borde la pileta y sostenerme. Si hubiese bajado el fondo me hubiese quedado muy al costado y lejos del borde. ¿Por qué en el resto de las cosas siempre tomamos bien el “toqué fondo”? ¿Por qué no nos damos cuenta que si sentimos que en el camino estamos bajando entonces ese, y no otro, es el momento para tratar de subir y dejar de perder cosas?
Muchas veces dije que Felicidad empieza con Fe, con Fe de Erratas porque no existe. Incluso durante un tiempo pensé que la Fe era de Fernanda. Hoy sigo dudando o buscando palabras en el diccionario que empiecen con Fe para que adornen a mi frase quizás mas original pero sé que con Fe no empieza. No tengo idea como empieza.
Lo que sé es la Fe empieza en uno o quizás es lo que hace que uno empieze, se mantenga, y sobre todas las cosas siga. Y cuando no puedo encontrar la Fe, la esperanza, las ganas, los sueños mas o menos tangibles en mí, me doy cuenta que no sé que dos primeras letras de una gran palabra empiezan con Fe pero sí sé que sin ella no puedo hacer mucho. Y a cada paso voy descubriendo que la Fe necesaria para empezar, para empezarnos o empezarme, viene de la amistad. Viene de las personas que nos quieren. Vienen de esos extraños, pero sin embargo tan parecidos a nosotros, seres en los cuales, de alguna que desconocemos, sembramos algo que hace que estemos presentes en sus vidas como si fuéramos parte de ellos. Lo somos. Nos ganamos ese lugar aunque a veces no sabemos cómo o en otras nos cuesta muchísimo creer que así fue.
Si bien no tengo hijos supongo que el orgullo de verlo crecer, verlo caminar, verlo hacer, verlo disfrutar sus logros, es un bien que nos queda para siempre. Supongo que esa forma que tienen de hacer algo es una caricia a sus padres sin saber que la dan. Esa es la escuela, ahí nace el dar sin saber que lo estamos haciendo. Y quizás esta sensación de no entender, y muchas veces no aceptar, que tenemos algo que provoca sentimientos buenos en los demás nace ahí. Esos son los primeros pasos de algo que, mal que nos pese, vamos a seguir haciendo por el resto de nuestras vidas.
Alguna vez será cuestión de devolver un poco de ese sentimiento de forma consciente. Alguna vez será el momento de hacernos bien pero que ellos lo sientan. Hacernos bien de forma consiente para que nuestra “felicidad”, cualquiera sean sus dos primeras letras, irradien en ellos un breve, simple y tranquilo: “siempre confié en vos, este momento tuyo no me sorprende. Me llena, pero no me sorprende. No sabía ni el cómo ni el cuándo pero sabía todo lo demás”.
Quizás estos son los momentos del “Alguna vez”, quizás llegó la hora de romper el chanchito y empezar a pagar nuestras propias deudas para compartir los beneficios con los demás. Con los que están, con los quedaron, con los que se fueron de golpe, y con los que terminamos echando a patadas por no ver lo que había que ver pero que su ida no sigue ayudando hoy a ser un poco mejor que ayer.

5 de julio de 2010

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Vi a Mar del Plata como hace 4 años atrás. Incluso hoy sigue así. Banderas en los balcones, en el hall de entrada de los edificios e incluso en la puerta de los comercios. Hasta una guardería que está a la vuelta de casa tenía unas cintitas celestes y blancas.
El sábado vi un Supermercado Chino con sus “dueños” atendiendo mientras el carnicero y el verdulero, bien criollos, trataban de acomodar la antena para ver a color el partido con Alemania.
Parece como una continuación del 25 de mayo. Un paso inevitable luego de la “fiesta” del bicentenario pero sin dudas es un año mundial y cada 4 años pasa lo mismo. Recuerdo que en el 2006 pasó algo parecido. Y se fue tan rápido, tan rápido… Lo fuimos descartando con el correr de los días post eliminación y me cuesta creer que ahora no pasará lo mismo. Claramente no es un exceso de patriotismo. Es algo futbolero pero que no veo mal.
Siento que es algo que es un comportamiento que se repite siempre y con diferentes situaciones. Recuerdo que cuando vivía en Buenos Aires hubo en un “boom” en Punta Alta de decorar las casas con luces para navidad. Llegué y todas, o el 99% de las casas, tenían al menos un par de luces que bordeaban la ventana y le daban a la noche una cara distinta. Al año siguiente algunas aún lo mantenían pero 365 días más tarde todo se terminó. Cuestión de moda, el paso del tiempo que se ve reflejado con cada cambio. Es como cuando espiamos fotos viejas y nos vemos con ropas, peinados, autos y hasta costumbres que marcan cierta época y ya no están. Eso es lo que me molesta. Como estas cosas, o las ausencias de ellas, me muestran el paso del tiempo.
El sábado vi el partido de Argentina en la casa de un amigo. Cuando terminó me di cuenta que era el sexto mundial que veía y que en cada uno de ellos el final fue parecido. Esa sensación de tristeza, de impotencia, de “no puede ser”:
En el 90 empezó la locura y la final, como el resto de los partidos, los vi en el comedor de la casa de mi abuela. Luego salí en moto con mi vieja a dar vueltas al centro mientras sostenía una bandera Argentina sentado en el asiento de atrás.
En el 94 me acuerdo que habíamos comprado un minicomponente con CD. Lo llevé a casa, lo instale, escuche por primera vez un CD y cuando quise sintonizar radios puse LU2 y escuché a Víctor Hugo hablar sobre el doping de Maradona… no me olvido mas.
En el 98 vi los partidos nuevamente en el mismo comedor. Cuando Holanda hizo el gol me fui a casa, que queda enfrente, a ver los últimos minutos. Sabía que todo estaba terminado pero me acuerdo pidiendo por favor que entrara un cabezazo de un defensor que no recuerdo quien era.
En el 2002 recién había regresado de Buenos Aires y lo incomodo del horario me llevó a ver los partidos en la cama junto a mi perrita Diana. Los últimos minutos frente a Suecia, incluso el gol de Crespo, lo vi al lado de mi vieja en el comedor. No lo podía creer. No lo entendía. No lo entiendo.
El 2006 fue el primer mundial en Mar del Plata y fue realmente extraño vivir la eliminación sentado al lado de un tipo más alto que yo, con rasta, y la bandera de Alemania en el hombro. No le podía ni pegar, ni descargarme.
La diferencia que noto hoy es que lo tomé con más madurez. Al menos al principio pensé que era eso. Mi amigo estaba derrumbado en el sillón y yo no podía parar de pensar, creo incluso que se lo dije, que “es fútbol, hay cosas más importantes”. Y esa maldita frase, real o no, me hizo pensar luego en lo distinto que estoy. En la diferencia con los cinco finales tristes de mundiales pasados. En la falta de pasión, en el vació, en tener realmente claro que hay cosas más importantes y que no sufrir este mundial como antes fue por el solo hecho de que no tengo esas cosas. Pensé en que si las tuviera seguramente sentiría ese correr de sangre que pica. En cambio me encontré con un resultado deportivo que me cacheteó para decirme “no tenés esas cosas más importantes”. Me sentí apagado. Vacio, en off.
Hoy lunes terminé de rasquetear el fondo. Me compré una imaginaria espátula gigante y saqué los restos de pintura seca que quedaban y me vacié por completo. Esos restos de pinturas incluían, entre otras cosas, restos de Richard. Te juro, y ojalá me creas, que no intento repetir patrones. No sé trata de eso. Lo hablamos un millón de veces y sé que crees en eso pero mi pensar en Richard tiene que ver con que no puedo dejar de compararme. No quiero hacer su camino, no sé cuantas similitudes, además del apellido, tengo. Pero no quiero ese camino. Pero si lo tengo presente y me comparo. Y pierdo… siento que pierdo.
Hoy Ayita me dijo que el próximo mundial damos la vuelta con Maradona en Brasil y pensaba que para el próximo voy a tener 35 años. Y sabes qué? Mi viejo nació en el 44 y en el 79 cuando nací yo tenía 35 años, casi los que voy a tener yo en el 2014. Y no pude dejar de compararme. No pude.
Mientras volvía en el colectivo pensaba en esta frase del vacío. Del terminar de sacar la pintura. Pensaba en que realmente estoy vacio y el recipiente se muere de ganas de volver a llenarse. Pero también pensaba que, como esta Mar del Plata que cada 4 años se viste de celeste y blanco, o aquella Punta Alta iluminado por navidad, las cosas duran poco y caemos nuevamente y al tiempo estamos otra vez poniendo luces o colgando el banderín como si fuera algo nuevo. Y sabes qué? No lo es. No lo es para nada. Es un lugar que ya teníamos ganado, lo perdimos, retrocedimos, y ahora lo encontramos nuevamente pero con la certeza de que se perderá de nuevo. Es un círculo que en fútbol dura 4 años.
En mi vida no sé cuánto dura pero tengo miedo de estar en un circulo. Tengo miedo que este vacío, listo para llenarse, sea igual a otros. Sea idéntico a otros que nunca terminaron de llenarse. De que este amague sea solo comenzar una vez más la ronda.
Y a Richard lo extraño… Y tampoco sé bien que hacer con eso.
No sé si “para nonainoninonero, no sé pa´ que pero” me quiero querer. Es más, incluso me quiero, y es algo con lo cual tampoco sé bien que hacer.

PD. Hacía mucho que no escribía y no esperen una coherencia. Ni siquiera lo hice para que lo lean, solamente necesitaba sacarme esto de adentro.

15 de mayo de 2010

"Como una daga en el Corazón"

Se viene un nuevo mundial de fútbol y no puedo dejarlo pasar. Hace muchos años comencé a sentir que mi vida se media cada 4 años. Que las cosas pasan antes o después de tal o cual mundial de fútbol. Preguntas como ¿Eso fue antes o después de que dejemos afuera a Brasil en Italia 90? ¿Fue antes o después del doping de Maradona? y recordar casi con precisión donde estaba en cada uno de esos momentos es algo que no puedo evitar.
Y de golpe, en la previa a un nuevo mundial de fútbol me acordé del 0-5 con Colombia en 1993. Recuerdo que vi ese partido en la pieza del fondo de la casa de mi abuela. La misma pieza que durante mucho tiempo de mi infancia usó mi Papá y luego usará mi tío. Mi vieja, mi hermano y mi abuela estaban en la casa mirando el partido desde la habitación pero yo me quedé en esa pieza. Sólo. Como ahora. Como hoy.
Pero en realidad hoy no pensaba puntualmente en la parte futbolística de aquel cotejo sino en lo que vino después. No hace mucho tiempo vi una nota en Fox Sports que le hacían a Sergio Goycochea. Mi historia con el Goyco es muy particular. Por él me hice hincha de Racing. Pasé casi toda mi escuela primeria hablando de Sporting porque ese era mi club y eso era el fútbol mí. No entendía como alguien podía ser de Boca o River si nunca en su vida había vista la cancha, si ni siquiera había pisado sus tribunas vacías un día de semana. Pero en la escuela todos eran de River y Boca y supongo que sentí la necesidad de tener un club de Buenos Aires al club seguir. Ni Boca (toda mi familia materna es hincha de ese club) ni Vélez (los Acosta, los pocos que quedan, lo siguen) eran parte de mí. Y con mis 11 años el primer mundial que vi entero, que seguí, que disfruté y sufrí, fue el de Italia 90. Y el Goyco la rompió. Con sus penales se ganó la idolatría de muchos, incluyendo la mía. Así que terminó el mundial y el Goyco se fue a Racing. Y con eso nació mi “nuevo” club. Me hice hincha Racing. Estuvo creo que seis meses o un año y se fue pero yo ya era de Racing. Ya había adoptado como mía esa camiseta similar a la Argentina que además incluía la publicidad de SALICREM.
En esta nota que les cuento Sergio Goycochea decía que cuando los Colombianos tocaban y tocaban y ellos no la podían agarrar, cada “ole, ole, ole” de la gente, de los hinchas argentinos, lo sentía como una daga en el corazón. Se lo clavaban hasta el fondo, se la sacaban, y con el próximo “ole” se la volvían a clavar.
Y me acordé de eso. De la daga en el corazón que decía el Goyco, del acostumbrarse a vivir con un cuchillo oxidado clavado en la espalda que dice Dolina, del flechazo oxidado que me mencionó hace unos días Lucrecia.
Será que lo estoy sintiendo. Será que la coraza de hace dos años y pico aflojó, dejó pasar cosas, y ahora con la armadura lastimada, rota, la daga en el corazón entra y sale más fácil. Será el mundial que activa mi punto de comparación con el estado en que estaba los mundiales anteriores. Serán los 4 años de marplatense que cumplo mañana. Será que tengo que dejar de espiarte para intentar seguir. O será que necesito seguir haciéndolo y ver cómo a pesar de este corazón de sangre coagulada sigue funcionando hasta hacerla liquida una vez más. Será que por ahora no puedo. Que lo intento y con cada intento subo dos escalones pero que el Vacio (sin papas) está. Aparece. Y, principalmente, hace que las ganas de estar de las personas que revolotean cerca se apaguen como si fuera un mecanismo de autodefensa que lamentablemente aún no puedo usar. No aprendí a usar.
Es una daga en el corazón Goyco, pero dos meses después eliminamos a Australia y clasificamos al mundial. Señal de que se puede. Y si existe una mínima chanche, ya no de evitar ese dolor, ya no de recuperar nada, sino de seguir por mas, de darme cuenta que los mundiales se siguen jugando cada 4 años, entonces será el comienza de una batalla en la cual me di cuenta que puedo ganar. Y me di cuenta de que si pierdo, tengo revancha. En otro lado, en otro lugar, incluso con otro Ramiro, pero la tengo.
Gracias Goyco. Por los penales, por Racing, y por mostrarme que a pesar de las dagas que entran y salen, se puede seguir. Y yo soy de los que siguen, incluso estando sólo o conviviendo con estos días, con estos tristes, tristes días.

9 de mayo de 2010

Filatélico, numismático



Mi problema no es que sea diferente, lo que ocurre es que me aburro fácilmente y me entretengo componiendo canciones mientras voy en metro. Ahora que ha pasado el tiempo, y me llaman licenciado sigo con una guitarra, Que me quiten lo bailado, pero llega ya el momento de apostar sólo a una carta. Siempre luchan el instinto y la pereza cuando vomito mi orgullo escribiendo algún poema, ya dijo mi amigo Pepe que el artista es un cobarde que tal vez valga la pena. Tengo la suerte que elijo, gente a la que necesito y no quemaré mis naves. A no ser que llegue el frío y tenga que calentarme.

Filatélico, numismático
Filatélico, numismático
Quiero monedas, busco un sello discográfico
Filatélico, numismático
Quiero monedas, busco un sello discográfico

No te preocupes yo no cambio de chaqueta. Lo que ocurre es que he perdido la maleta que arrastraba mis temores, dejando algunas ilusiones. Tengo móvil, salgo menos de noche, domicilio mis pagos, llevo mi propio coche. Amo a una niña que da su alma cuando me acoge. Y es que el destino es una marioneta que sólo maneja a ratos quien controla su bragueta. Ya cantaba mi viejo “Tu sé un hombre primero, y después sé poeta”. Tengo un buen curro y mejores amigos. Excusas varias para seguir vivo, menos miedo volar si ella vuela conmigo.

Filatélico, numismático
Filatélico, numismático
Quiero monedas, busco un sello discográfico
Filatélico, numismático
Quiero monedas, busco un sello discográfico

Mientras quede un plato de lentejas pa´la cena, gente buena y ganas de reír, puede que valga la pena luchar pa´ sobrevivir. Yo no sé a que me dedico ni me importa sólo espero que al final no sea muy corta. Estoy hablando de la vida, no te pongas idiota.

Filatélico, numismático
Quiero monedas, busco un sello discográfico
Filatélico, numismático
Quiero monedas, busco un sello discográfico
Filatélico, numismático
Quiero monedas, busco un sello discográfico

Filatélico, numismático
Quiero monedas, busco un sello discográfico
Filatélico, numismático
No confundir con sifilítico ni asmático

Filatélico, numismático
Tanto tiempo pa´poder sacar un disco
Y hoy resulta que se venden mas los libros

Rafa Pons

29 de abril de 2010

“Invítame a pasar 10 minutos o toda la vida”

¿Qué se puede hacer en 10 minutos? La respuesta más fácil es que se pueden tomar dos té/s. En 10 minutos se puede tomar la decisión más importante y mas acertada de nuestras vidas. En 10 minutos podemos pensar y pensar sin tomar ninguna decisión y alimentar los instantes más tristes. El de indecisión. Se puede decir nada. Hacer poco. Decir y hacer silencio, y que nos salga perfecto.
Puedo pasar 10 minutos esperando un colectivo que quizás no llegue nunca. O puedo quedarme en el andén otro tanto tiempo mirando como se va un micro y en ese ir se lleva un poco de nosotros.
En 10 minutos puedo escuchar la explicación de Fernando cuando le pregunto “y cómo se hace para dejar todo y terminar viviendo en pueblo?, como hiciste vos?”. Lo puedo hacer mientras le arreglo la compu y tomo unos mates. Los tomo, claro, sin mirarlo a la cara mientras los ceba (*). Puedo pensar y analizar 100 días su respuesta pero en 10 minutos, 10 mugrosos minutos, mientras camino una tarde de domingo por una plaza de La Plata, me puedo dar cuenta que tiene razón. Puedo sentir y con ese sentimiento empezar a entender todo lo que no podía explicarme con palabras.
En 10 minutos me puedo preguntar un millón de veces “qué hago acá?”. Puedo sentir, y sin decirlo, repetir hasta quedarme afónico un inexplicable “qué haces tan lejos?”.
Hoy decidí refundarme pero lo hago con un error. Decidí empezar sabiendo que lo que voy a hacer está mal. Y si bien tengo pocas ganas de hacerlo ya sé que es inevitable. Es algo que ya estoy haciendo. Pero a diferencia de otros momentos esto no es algo que se impone. Es algo que decidí hacer. Aunque sea un error. Quizás decidí empezar con un error que resulta un acierto. Me refiero a que si la decisión es mía, la decisión del error es mía, entonces ese poder tomar la decisión es un acierto. De alguna forma lo es.
Reconozco que en este tiempo me supe rodear de mujeres con pasado pero lo que aún no encuentro es el hombre con futuro. Aún no lo siento Chavela, aún no lo soy y quizás eso explica muchas cosas, muchos tropiezos, muchos fracasos... Solo veo un buen hombre, y eso, como única virtud, no alcanza.
En 10 minutos pensé en escribir este nuevo txt para el blog. Quizás en 10 minutos se me pasa y queda solo como un montón de palabras de un tipo rebuscado. O quizás en lugar de 10 minutos estas ganas me duran toda la vida.
Pensándolo bien, todo dura 10 minutos. Todo es efímero. Depende el momento en el que empezamos a contar. Y yo decidí empezar a contar ahora, así que…. el que no se escondió, se embroma.

PD. No te escondas.

(*) Aclaro esto porque ayer mi amigo Pablo me mando algunas cosas que escribió sobre mí y sobre mí casa, y como virtud, bueno como una mala virtud, estaba justamente esa. La de no mirar. Sabes que pasa Pablo? No es falta de interés, no es falta de costumbre ni cuestión de educación, es miedo a que sea vea. A que me veas. A estos ojos, que brillosos y todo, se ponen más botones que nunca. Es eso amigo. Parece un chiste, tanto esfuerzo para que no me veas, tanto esfuerzo para que me creas el “todo bien” y no me dí cuenta que el que habla es mi lugar. Mi departamento. Gracias por la lección.

27 de abril de 2010

Avestruz

¿Quien alguna vez no se hizo el boludo? ¿Quien no lo sigue haciendo? ¿Quien no ocultó la cabeza al menos un ratito en la situación que menos debía hacerlo? ¿Quien no escapó?.
Quizás es hora de dejar de emprender huidas. Quizás es hora de mirarnos un poco más, de no conformarnos con el triste y conformista “es así, q se le puede hacer?”. Lo paradójico es que en el momento que decido hacer eso. Cuando quiero dejar las huidas de lado y repasar cada una de mis renuncias inevitablemente ellas aparecen.
Esta versión que pone la cara cuando sabe que tiene chances de perder tiene sus fallas. Esta versión de espaldas anchas las tiene solo para él. Solo para mí. Me cuesta mucho estar cuando el dolor es del otro. Me cuesta mucho el dolor ajeno de la gente que quiero que esté bien. Y aquí cometo una nueva, y gravísima, contradicción. Querer tanto a alguien que en el momento menos indicado salgo corriendo.
Me banco mis fracasos. Mis llantos. Mis pérdidas. Mis frustraciones. Mis tropiezos. Me hago cargo de mis miedos. De mis errores y horrores. Del tiempo que no vuelve, que nunca vuelve. Porque al fin y al cabo soy la causa de todo eso. Soy el punto en común. Soy el culpable o al menos uno de los responsables.
Pero cuando toda esa larga lista le pasa a alguien mas no sé cómo estar. No sé cómo evitar salir corriendo. Cómo no esconderme. No sé, ni sabo, cómo ponerme esa pilcha que en ocasiones siento que me queda muy bien. No sé cómo no defraudar con cada uno de mis pasos. Cómo dejar de hacer exactamente lo que no tengo que hacer.
Para ser más claro. Si no fuera yo el que escribe, si no me conociera, si esta forma de manejarme fuera de otra persona y no mía, diría que estamos antes la presencia de un tipo que cuando está mal busca ayuda pero cuando está bien desaparece. Cuando el otro lo necesita, cuando sufre, este tipo se borra. Da la impresión de que se borra.
Y ya nuevamente dentro de mí puedo decir que es eso. Da la impresión de que se borra, de que no le importa. Es una impresión y no la verdad. En realidad es como sentirse débil. Sentir la ausencia de cierta fortaleza interna imprescindible para seguir con más pilas que el conejito de Duracel. Y ésta falta de fortaleza, o al menos ésta creencia de tener semejante carencia, hace que cuando veo el dolor o el sufrimiento de alguien muy querido me alejo. No porque no me importe. No porque disfrute que está mal. No porque quiera que lo esté. Lo hago simplemente porque ese estado rebota como un espejo provocando en mí un dolor aún mayor. Me protejo. Huyo para otra guerra, pero para una guerra que voy a emprender yo. No puedo estar. Me escondo. Me escapo. Abandono. Los abandono.
Me resulta algo muy Ramiro. Pero me pasó que al compartir esta sensación lo encontré como algo muy humano o al menos muy de humanos que conozco y quiero. No vi ninguna expresión de rechazo al hablarlo. Muy por el contrario encontré caras cómplices diciendo a mi también me pasa. Yo también me he escapado.
No sé cómo arreglarlo. Realmente me gustaría hacerlo. Me gustaría crecer en este sentido ya que en otros se me está haciendo un poco dificil hacerlo.
Esos otros sentidos se parecen a los finales de canciones último disco de Ismael. Canciones que siempre tienen un final con esperanza. Pero una esperanza rara porque por ahí la esperanza debería ser que hay un mañana. Que hay momentos que se pueden, y deben, dejar ir y seguir. Que se sigue.
Pero este tipo NO!! Este tipo te lleva a la reincidencia, al esperar, al aguantar, al mantener la luz de vela aún cuando ya no queda mas vela y solo nos queda el cordoncito negro. Te hace tomar como una opción la posiblidad de que aún no terminó. Ye hace sentir "bueno, si espero, capaz que esta vez si funciona"...

12 de abril de 2010

Caja de Pandora

El domingo fue un día de orden y limpieza. Mi departamento no tiene mas que 50mts cuadrados, 75 si lo miro con mucho optimismo, y sin embargo cuesta mantenerlo en condiciones. Me cuesta.
Hace unas semanas ayudé a unos amigos, grandes amigos, muy grandes cada uno a su manera, ha hacer una mudanza. Me desesperó la cantidad de cosas que tienen. No por el peso y lo “tedioso” de la mudanza sino porque recordé que seguramente desde aquella mudanza que hizo mi vieja en Diciembre del 2007 mientras yo trabajaba en Necochea se agregaron varias cosas a mí vida. Una mudanza en estos momentos podría llegar a ser terrible. Y yo soy uno, y ellos, aunque parecen uno, son dos…
Lo primero que hice el domingo fue organizarme. Empecé por el ambiente común, ordené todo lo que podía y fui separando las cosas que iban en otro lugar. Hice la cama, barrí, saqué de las bolsas del lavarap la ropa y puse cada una en su lugar. Una vez que quedó mas o menos presentable hice lo mismo en la cocina y, por último, en el baño.
Ya sentía la satisfacción del deber cumplido. De un domingo que me sumaba una linda sensación de “orgullo”. Salí del baño, guardé el balde y el secador, puse a secar el trapo de piso, cambie la toalla y hasta el rollito de papel higiénico.
Cuando volví al ambiente común me di cuenta de un olvido. La cama estaba llena de insulina, medias, ropa para lavar… Guardé cada cosa en su lugar y luego vi el placard. Vi el contenido del placard. Lo vi desordenado y aproveché el impulso para seguir ordenando. Encontré la caja de speedy, del CPU, los parlantes, el ventilador. Encontré una caja roja donde duermen los recuerdos de una vieja relación. Me acordé de las palabras de mi amigo Pablo y su “cuando te decidas me avisas, y ya tenemos con qué hacer el fuego para el asado”. Me acordé que no lo hice. Me acordé de las palabras de mi amiga Vero y su “esas cosas no se tiran, si fue una persona importante no sé tira ni se devuelven”, y ahí siguen. Decidí nuevamente no tocarlo pero no pude evitar mirarlas con cierto aire de triunfo al darme cuenta que 2 años después no me provocan ni las mínimas cosquillas, solo una sonrisa, un “que gil”…
Fin del domingo a la tarde. Ahora sí! todo en orden pero mi curiosidad pudo más y vi otra caja. Una chiquita, azul, bastante entera a pesar de los años y con un cierre casi térmico. Ni siquiera sospechaba lo que era. No lo tenía presente. Hasta hubiese podido jurar que no era mía, que quedó de alguna antigua mudanza. La miré, la tomé en mis manos, la sentí y la reconocí. Me di cuenta que en esa caja guardo casi toda mi vida. Que hay mucho de estos 30 y pico de años. Que es una caja que nunca quiero abrir, que muchas veces temblé en el momento de hacerlo.
Me di cuenta que la limpieza del domingo no fue algo ajeno. Fue algo necesario. Tenía un motivo y ese era encontrar la cajita azul. Mirarla, tomarla, sentirla y, finalmente, muerto de miedo o cansado, abrirla. Y lo hice. Recordé que es mi caja de Pandora, y como tal, adentro había guardado la esperanza, la mía, y por qué no, la nuestra.
Y a diferencia de aquella mujer creada por Zeus no me apresuré en cerrar la caja. Senti la presencia de la esperanza y la dejé salir. Me llené el cuerpo de picazón, como el “pican pican los mosquitos”, y me fui a dormir con la esperanza de que otro mundo posible, que todo puede pasar y puede pasarme a mí y a nosotros. Regué de esperanza los 50 o 75 metros cuadrados del dpto. de calle Bolivar.
Hoy? Hoy fue un buen Lunes. Sí Pato, lo fue. Un Lunes con muchos “Ja!” y sin “Je!”. Voy por mas.

9 de abril de 2010

Para nonainoninonero



Por buscar atajos a mis sueños, por acelerar, tropecé pero no me arrepiento. Y ahora estoy convencido de algo que no puedo explicar. Siento que debo estar a tu lado.
Para ponerle una canción a tu silencio. Para que te eches a reír. Para nonaino nino nero. Yo no se pa qué, pero te quiero.
Por que te amé pero me aterra equivocarme supongo que inventé tropecientas maneras de estresarte. Pero basta ya de andar justos de alegría. Invítame a pasar diez minutos o toda la vida.
Para ponerle una canción a tu silencio. Para que te eches a reír. Para nonaino nino nero. Yo no se pa qué, pero te quiero.
Intentaré no darte más sorpresas. Le taparé al lobo las orejas. Para ponerle una canción a tu silencio. Para que te eches a reír. Para nonaino nino nero. Yo no se pa qué, pero te quiero.

Rafa Pons
Para nonainoninonero

Pd. Gracías :-)

26 de marzo de 2010

Pican, pican, los mosquitos...

Pican, pican, los mosquitos. No sé cuantos años tenía pero muchas veces canté esta “canción”. Sé, alguna de las pocas certezas que tengo, que era chico. En realidad mientras escribo esto me doy cuenta que si mi única certeza es decir que algo pasó cuando era chico, ese “era chico” incluye un montón de años y se parece mas a algo incierto.
Hace unos días me pica mucho el cuerpo y juro que bañé. En realidad son solo algunas partes de mi cuerpo y si bien no sé cual es la explicación científica sí sé los motivos. Me pica desde el ombligo hasta pecho. Por dentro pero en el sector que está entre las costillas y la piel. Me pica la punta de la nariz y cuando pienso un poco más allá o trato de sacarme esa picazón esta logra irse de ese sector pero se mueve a otros. Pasa por la frente, debajo de la lengua, la barbilla, sube por los pómulos y quiere explotar en los ojos.
Pensaba que esta picazón comprueba que estoy vivo pero no estoy tan seguro de decir que es algo bueno. No me refiero a estar vivo, claramente eso algo bueno o al menos debería, sino a lo que pasa. Al motivo. A “que causa, razón, efecto o circunstancia” diría el Profesor Jirafales.
Siempre que olvido algo vuelvo sobre mis pasos. Hago el mismo recorrido, regreso al lugar donde estaba antes y confío en que esa ubicación física me hará recordar y, ahí sí, poder ir tras ello. Recorro mis últimos pasos y recién llegue a la oficina luego de ir a comer a casa. Voy recordando que antes de irme quería hacer un llamado. Que en el camino dudé en hacerlo. Que mientras subía las escaleras pensé que lo mejor era ocupar el lugar que me habían dado. Dolina dijo alguna vez “si el lugar que me dieron es de muerto, pues debo morirme bien”. Voy recordando que al bajar las escaleras habían vuelto las ganas de llamar. Que cuando caminé las primeras cuadras puse las manos en el bolsillo y sentí el teléfono. Que lo toqué, que lo saqué, que no lo quise mirar pero mi tacto recorrió cada una de sus formas. Voy recordando que cuando cruzaba la calle y apuraba el paso para esquivar un auto me dieron nuevamente ganas de llamar. Que a 80 metros del local mientras esperaba el cambio del semáforo tuve el mismo impulso de hacerlo. Y ahora sí, me acordé. Sigue funcionando mi ritual para recordar lo olvidado: Recuerdo que no lo hice. Que no llamé. Que guarde el w300 en el bolsillo izquierdo del pantalón y seguí caminando.
Pican, pican, los mosquitos, con bastante disimulo. Quizás ya no es hora de disimular. Quizás esa picazón debe terminar inevitablemente en mis ojos. Quizás es la única manera o al menos la única que puedo encontrar sin vos. Quizás ese es el único camino. Aunque quizás debería hacer las preguntas, en realidad es una sola, que me quedaron pendientes para no ponerle una nube gris a mi “me queda la tranquilidad que no dejé de hacer nada por miedo al miedo”.

24 de marzo de 2010

Lo único que quería

Lo único que quería era estar ahí cuando te enfermes. Verte con los ojos hinchados. La piel blanca. Levantando tibiamente los pies del suelo mientras se escuchaba el ruido que hacen las pantuflas al arrastrarse por el piso. Ver como te sentías querida al saber que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que mejores. Al verme pelear con los médicos, salir a la farmacia de turno a las 3 de la mañana en un Julio imposible de sobrevivir ni siquiera con el calor que sale de una olla llena de polenta en ebullición.
Lo único que quería era verte en una noche de larga de un día largo ayudándolos a terminar de pintar el mapa político que se acordaron a hacer a último momento para la clase de geografía del jueves. Y ver como a pesar de tú enojo les sonreís.
Lo único que quería era verte reír. Sentir el apretón fuerte en mis manos cuando lo ves debutar en el segundo tiempo de un clásico ante Huracán por la segunda fecha del preparación. No gritar, no aplaudir, no llorar, solo ese apretón fuerte que sin decir me dice “lo estás viendo? No lo puedo creer”.
Lo único que quería era poner cara de imbécil cuando apago la tele a las 2 de la mañana y mientras me preparo para dormir decido quedarme media hora más viendo como lo haces vos.
Lo único que quería es seguir teniendo la excusa perfecta para abrazarte luego de despertarme para ir al baño a mitad de la madrugada.
Lo único que quería es ser muy muy viejo para poder salir a caminar de la mano y sentir ese apretón fuerte fuerte como aquella vez en la cancha hace ya muchísimos años. Quería sentir la plenitud de lo que hicimos en este tiempo. De los consejos dados y recibidos.
Lo único que quería era acompañarte a la terminal para que tomes el colectivo a La Plata porque algunos de ellos van creciendo y dicen “te necesito”. Verte dispuesta a tomar los colectivos que sean necesarios, en plena madrugada, cuando nos enteremos que alguien les rompió el corazón.
Lo único que quería era ver hacia atrás y reírnos a más no poder de estos meses idiotas que nos tocaron vivir. De las cosas no dichas, de los silencios prolongados, del querer hacer pero no hacerlo para no lastimar, de los miedos que aún, después de tantos años, conviven con nosotros. Del saber que estuvieran, están y van a seguir estando pero que ya sabemos que se puede hacer algo con ellos. Que se puede saborear una victoria y ver el reflejo de ella en los ojos del otro.
Lo único que quería es que seas mi espejo de cada mañana. De que seamos lo primero que vemos antes de lavarnos la cara. Quería sentir que a esta altura ya el viento no tiene lugar entre nosotros, que nos pega y se rompe a cada lado pero que por el medio ya no puede pasar.
Lo único que quería era sentir, otra vez, el apretón de tu mano ante cada mujer, hecha y derecha, que te dice “hola profe” mientras caminamos por las góndolas del shopping. Y hasta quizás seguir haciendo el mismo chiste idiota sobre ese lugar.
Lo único que quería era no pedir por favor que me quieran. Quería que no me pidas que me rinda. Que, como me dijiste alguna vez, no me límites...

22 de marzo de 2010

Tocado



¿Cómo fue que fuiste esta catarata de caricias blandas sin dormir? ¿Dónde te enseñaron a incendiar miradas?, pesadilla dulce en mi sillón... Yo era una limosna triste, mamarracho a la deriva.
Buena puntería, hermosa, este varón dice tocado, tocado, tocado de vos...
Derrumbo mis rumbos, despeno mis penas, planto cuatro besos en tu nariz… ¿Qué clase de viento te arrastro a mis manos? ¿Qué borracha suerte me convido con vos?, yo en la fiesta de tu risa busco el talle de mis sueños.
Buena puntería, hermosa, mi corazón dice tocado, tocado, tocado de vos...
A lo mejor esta vuelta el tiempo cretino nos hace precio. A lo mejor esta vez le tiramos un caño a la soledad. A lo mejor esta vuelta el tiempo verdugo se hace el otario. A lo mejor esta vez le ponemos los puntos a la soledad.
Tocado de vos, voy tocado de vos, yo me voy tocado de vos...

Intérprete: Iván Noble
Tema: "Tocado"
Disco: "Preguntas Equivocados"
Año: 2003

10 de marzo de 2010

Podría Ser



Contando monedas para comprar cigarros, regreso a mi casa, sumando derrotas. Vuelvo sin excusas, sin paz ni trabajo, y a nuestro futuro le arrancan las horas. Y en casa me espera mi razón de vida, el calor de hogar. Llevo la vergüenza,las manos vacías, la precariedad.
Ella sonreirá, "saldremos adelante". A pesar del tiempo sigue siendo bella. La miro y recuerdo. No siempre los planes salen como sueñas, eternas promesas. Estoy cansado de tropezar siempre, del “ya le llamaremos”. Quizá mañana cambien nuestra suerte y acabe este invierno.
Podría ser jardinero en Marte, médico de flores, poeta ambulante deshollinador volando en tejados, probador de espejos, o pirata honrado. Quisiera ser hombre al fin al cabo.
Podría ser quizá delineante de columpios rojos, un gran nigromante,
un cantor de nanas, quizás buhonero, y vender palomas, pócimas y ungüentos. Pensándolo bien, me conformo con menos.
Enchufo la radio, no habla de nosotros. La luz de la aurora se vierte en la acera.
Ella me da un beso, yo me hundo en sus ojos. "Suerte" me susurra y cruzo la puerta. Fuera quizá encuentre por fin la respuesta o mi exculpación. Llueve mientras sueño, quizá cuando vuelva haya salido el sol.
Podría ser cartero de Neruda, pescador de estrellas, navegando en la luna, piloto de cometas, explorador de abismos, quizá recolector de gotas de rocío. Quisiera ser un hombre, es poco lo que pido.
Podría ser quizá delineante de columpios rojos, un gran nigromante, un cantor de nanas, quizás buhonero, y vender palomas, pócimas y ungüentos. Pensándolo bien, me conformo con menos.
Podría ser jardinero en Marte, médico de flores, poeta ambulante deshollinador volando en tejados, probador de espejos, o pirata honrado. Quisiera ser hombre al fin al cabo.

PD. Tema del disco "Acuerdate de Vivir (Memento Vivere)"

8 de marzo de 2010

The Rebound

Cinco años después se cruzan en un restaurant. Y la misma luz de sus ojos, el mismo brillo, la misma cara de sorpresa demuestran que si bien el tiempo pasó, lo sentimientos sigue intactos. Una mesa, la familia reunida, e imagino que miles de cosquillas en el pecho los muestra nuevamente juntos, quizás preguntándose si era necesario todo ese tiempo, esos 60 meses…
Y supongo que el final muestra que sí. Que eran necesarios. No por lo urgente del momento sino porque si el final es ese, si el final es “nuevamente juntos”, si la imagen de cierra son esas manos que se buscan disimuladamente bajo la mesa y se aprietan con fuerza, entonces cada uno de esos 1826 días fueron necesarios. Dicen que el fin justifica los medios pero en este caso no estoy tan seguro de lo apropiado de la frase. Me pareció un principio.
Y en el “todos envejecemos pero seguimos iguales” del final nacen esperanzas. Sé que me dijiste que la vida no es una canción, y estoy de acuerdo que mucho menos lo es una película de Hollywood, pero no voy a cansarme de decirte que esto tampoco lo es. La vida es cada uno de esos 2.629.440 segundos en los que resistieron hasta encontrarse. Las frases de canciones no te parecen reales y las del cine tampoco pero entonces te pido que me dejes leerte algo en voz alta. Dejame citar a un tipo que le pegaron un tiro en alguna calle de New York, dejame decir “que la vida es todo aquello que transcurre mientras planeamos el futuro”. Dejame recordarte que antes de rendirse fueron eternos… y que en realidad nunca se rindieron, solo dejaron pasar 157.766.400 segundos.
Sinopsis. Cuando una atractiva ama de casa que sobrepasa los cuarenta (Catherine Zeta-Jones) descubre que su marido le engaña, decide escapar a Nueva York y empezar en la gran manzana una nueva vida. Allí conoce a Aram (Justin Bartha), un joven de 25 años con el que comienza un inesperado romance.
Calificación: 4 alivios

28 de febrero de 2010

Reflejos Perdidos

Mañana es Lunes 1ro de Marzo. Me acorde de una canción que Javier Bergia cantó el año pasado en la gira de Ismael Serrano.
Dice “Febrero pasa por la puerta sin decir ni adiós” aunque en esta parte creo que no hablaba ni de mi Febrero ni de mi 2010. Año par que comenzó difícil como todos los últimos pero esta vez me encontró mejor parado. Lo esperaba y llegó, y desde las campanas de las 12 me dijo a la cara que iba a ser complicado como siempre. Aunque creo que lo sorprendí porque no contaba con postura de contestarle cada una de sus insinuaciones y de sus amenazas. No contaba con que me quede parado al lado tuyo. No contaba con esta pelea por estar sin estar. Al menos sin estar físicamente.
Y no solo le conteste sin darle tiempo sino que esa sorpresa que le provoqué lo dejó dudando y tambaleando. No lo dejé pensar. Como en las peleas de la escuela en la cual había que primeriar para tener mas de media victoria en el bolsillo. Enero se fue y no contaba con mis batallas ganadas. No contaba con ese pie de lucha que le di desde aquellas campanas que aun escucho sonar a lo lejos.
Y luego el mes más corto me trajo buenos vientos. Sorpresas inesperadas que no dudaron me endulzaron el paladar con un sabor a triunfo indescriptible. Mi error fue olvidar que ese sabor dulce no es recomendado para un diabético. Fue olvidar mis valores de glucosa en sangre y los resultados de la hemoglobina glicosilada que botonea mis últimos meses de abandono. Me confié, bajé la guardia. Me quedé saboreando el dulce sin darme cuenta que en la bolsa no había mas caramelos y ni en mis bolsillos plata para comprar.
Hoy se despide Febrero y el cumple 12 de Facu, el 86 de mi abuela y el 85 Sporting quedaron atrás. Y tristemente tengo que reconocerle a este año par que también se llevó ese buen sabor de boca y lo reemplazó por una amargo y despreciable.
Mañana es Lunes 1ro de Marzo. Y un rato antes de acostarme, luego de una semana que metió en mi mochila rastros de lo que puede ser una nueva derrota en mis espaldas y en mi mente muchos “en que me estoy equivocando, que es lo que estoy haciendo mal para que el resultado sea otra vez el mismo” me pongo a pensar en Javier Bergia y su canción.
Tengo fuerzas pero necesito descansar. Tengo sueños pero para disfrutar despierto mis futuras victorias necesito ir a la cama un rato antes este domingo. Necesito cerrar los ojos, sentir los masajes del colchón en mi cama, el crack crack de la columna mientras me estiro, y tratar de encontrar algún rastro de tu olor en mis almohadas. Necesito pensar que Bergia tenía razón, que si bien “Marzo vendrá lluvioso, Abril lo hará soleado y celoso…”. Tengo 31 días para esperar ese Abril y sé, aunque cueste, que no lo voy a hacer sentado esperando que me toques el timbre. Prefiero esperarte, esperarlos, en la terminal.

21 de febrero de 2010

La "Felíz"

En estos meses de verano me encontré una Mar del Plata distinta. Quizás como nunca en estos casi 4 años la comencé a vivir y sentir de otra forma. Empecé a tener un sentido de pertenencia como nunca antes. Y al caminarla vi cosas en las cuales reflejé mi pasado, mis pasos.
En plaza Colón una mujer camina rápido mientras discute con la madre. Por lo que oí se quejaba del hermano. Llevaba un paso rápido y dejaba a la señora atrás. Me quedé con la cara de angustia de la vieja y el esfuerzo físico que hacía por tratar de seguirle el paso. La hija iba con la vista hacia adelante y casi a los gritos, con cara culo, paso rápido, muy furiosa. Ladraba cada vez que abría la boca. La señora, atrás, miraba para los costados como con vergüenza, no pudiendo seguir el paso se su hija pero haciendo el máximo esfuerzo. Por suerte, está, cada tanto paraba para dejarse alcanzar y seguir gritando y quejándose. Me quedé una vez más con la cara de la vieja. Angustiada, nerviosa, cansada, viviendo una situación que seguramente no merecía pero la soportaba de forma casi inmutable. Me dio mucha vergüenza ajena. Me dieron ganas de pararlas, de llevar a la hija, pisando tranquilamente los 40 y pico de años, y decirle “sentate un rato en el banco de la plaza y mirá la escena q estás haciendo. Mira la cara de tu vieja. Tiene como 80 años y en poco tiempo no va a estar más y vos vas a seguir puteando por tu hermano, sirve? Te sirve esto?”.
Dos días después en Moreno y Córdoba un tipo insultaba a su mujer. Le echaba la culpa de no sé que problema con el banco. Creo que los cajeros no tenían plata y se quejaba por no haber salido media hora antes del departamento. No escuche en detalle la conversación pero no me extrañaría si usaba palabra como “te dije? Nunca me haces caso? Estabas pelotudeando por ahí?” o imitaciones en tono de burla e hirientes de la mujer. La mujer lo seguía callada, angustiada, con vergüenza, dolida.
En esa semana fui a cargar la tarjeta del colectivo. Al bajar del edificio me crucé a cuatro chicos no mayores de 10 años que seguían a la madre. Todos, inclusive ella, mal vestidos, mal comidos, mal cuidados. La “señora” les gritaba, pegaba, los maldecía, repetía una y otra vez frases que empezaban con “sos idiota? No te saco mas, siempre me haces lo mismo, sirven para traerme problemas nada más”…
Hace unas horas compartí un restaurant y en la mesa de al lado un flaco no paraba de hablar mal de su mujer. Eran 4 parejas y el pibe se empeñaba en marcarle a los gritos y en forma de burla todos los defectos de ella. Con comentarios cancheros, hablando del culo de la moza, diciendo chistes en voz alta mientras buscaba la mirada cómplice de los amigos que no paraban de reír. Lo mas extraño, o quizás no tanto, era que la novia estaba presente en la mesa. Se reía tímidamente, como con vergüenza, trataba de no pensar, sin saber bien que cara poner.
No sé porque me quedé con estas imágenes de la “feliz”. Quizás por ese sea el secreto de la felicidad y por eso me va como me va. Quizás esas reacciones que me resultan demasiado bajas e injustificables traen consecuencias exitosas que jamás tendré. O quizás me vi reflejado en alguien que fui y ya no, y disfruto ver la diferencia o no estar en ese lugar tan triste.
Quizás sea este momento. Quizás sean estos días en los cuales tengo la necesidad de prestarte el control remoto de la tele, de ofrecértelo sin que me lo pidas, y ver lo que tenés ganas de mirar. Quizás entendí que lo importante no es el programa de las 10 o la peli que pasan por I-SAT, lo importante es que no estoy sólo y al mover la cabeza a mi derecha te veo ahí regalándome sonrisas a pesar de tu miedo. Pidiendome que no me valla, y justificando ese pedido con cada una de tus acciones...

28 de enero de 2010

No me quiero arrepentir...

No me quiero arrepentir de momentos no vividos, de palabras no dichas, de viajes no realizados, de riesgos no tomados. No me quiero arrepentir de no haber caminado por la lluvia esa tarde de verano cuando parecía que el cielo se nos caía encima, ni de aquella mañana cuando me hice el enfermo para quedarme en casa tan solo porque estabas vos, ni de las noches oscuras, silenciosas, y peligrosas, que muchas veces nos siguen.
El peor de los arrepentimientos me parece que tiene que ver inevitablemente con lo que no hicimos, con los silencios, con las huidas, con el hacernos los distraídos, con mirar a la derecha cuando toda nuestra vida pasaba por la izquierda.
Creo que como tantos tengo una larga lista de arrepentimientos de lo no hecho. Desde los mas tontos como no animarme a bailar con una chica en mi primera fiesta de 15 hasta largos días de encierro soñando con algo mejor que nunca iba a llegar si seguía esperando. Sin embargo hoy hablaba con Matías justamente de esto. Le decía que si tengo que buscar alguna característica mía que me guste esa era justamente la de poner la cabeza. La de arriesgar. O, mejor expuesto, la de poner la cabeza donde estaba seguro que me la iban a cortar. Lo hago solo para bancármela una vez más. Solo para que peguen, lastimen, hagan doler, dejen cicatriz. Solo para demostrarme, una vez más, que puedo salir de eso. Con mil rasguños pero salgo y si en la otra esquina hay lío de nuevo, cuenten conmigo siempre y cuando me aseguren que tengo grandes chances de perder. Lo hago para arrepentirme de lo hecho y no de lo que evité por miedo a las consecuencias.
No sé por qué camino voy. Tampoco sé si la velocidad que llevo es la correcta. Lo que tengo en claro es que esta versión me gusta mas que las anteriores. Que no cambiaría nada del pasado porque una sola variación haría un presente distinto y este, a pesar de lo malo, es un bueno.
Siempre dije que me gustan las ciudades grandes. Lo dije y lo sostengo. Creo que desde aquella primera vez en Buenos Aires en 1986 hasta hoy no ha cambiado mucho la sensación de satisfacción que me provoca un lugar grande, inmenso, en el cual pasar desapercibido para tanta gente. Soy un bicho de ciudad o al menos me siento mas cómodo entre en el cemento húmedo de un hábitat grande. Tenés la posibilidad de estar cerca de los últimos estrenos de cine, las temporadas de teatros, recitales, museos, feria del libro, festivales de cines, rodeados de kioscos que permanecen abiertos las 24hs, la cancha…
Son todas cosas de las cuales no quisiera desprenderme. Sin embargo falta algo y cuando ese “algo” aparece empezás a replantearte todo. Y me di cuenta que rara vez voy al cine (me bajo las películas de taringa), al teatro, voy a uno o dos recitales por año y para hacerlo no es necesario vivir en la gran ciudad, no recuerdo cual fue el último museo que pisé, ni conocí la feria del libro desde que la hacen en el hotel provincial, a los kioscos trato de ir antes de las 11 de la noche porque después me da fiaca bajar, y me conformo con escuchar a Sporting por internet y ver a Racing por Canal 7…
Entonces en esos momentos es en los cuales me pregunto que me ata a esta gran ciudad si ni siquiera el trabajo me da ese mínimo indispensable de satisfacción como para sostener algo que no puedo explicar con palabras coherentes y creíbles. Y es en ese instante, en este, en el actual, en el cual me doy cuenta que cambió todo eso por un segundo con vos…
Me cansé de no jugar por miedo a perder. Porque al fin de cuentas pierdo igual. Y mirá si no? Mirá si gano. Mirá si ganamos…

22 de enero de 2010

Por si no te vuelvo a ver...

Por si no te vuelvo a ver quería que sepas algunas cosas que brotaron en esta calurosa tarde de verano marplatense. Es extraño hacerlo de esta manera pero también lo siento como algo necesario, al menos para mí, para este momento mío y para este blog con el cual últimamente me siento en falta...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que no me olvido de aquel “me internan, no vengas”, tú “voy igual”, y la tú aparición unas horas después...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que mi “no vengas” era un “veni”, era un “te estoy probando, veni”. Y viniste, y aprobaste...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que el que desaprobé fui yo. Como docente sabés que uno no siempre desaprueba por no estudiar. A veces lo hace porque lo traicionan los nervios. En algunas ocasiones lo hace por faltar, por no presentarse en la mesa de examen debido al miedo. Miedo a desaprobar. Por decir “para que voy a ir si no estudie nada”, pero en realidad me comí los libros...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas nunca me voy a olvidar de la lluvia de aquel domingo, ni de las caras del lunes, ni de la sonrisas de esas semanas con el Rumy de por medio. Tampoco de la terminal de San Cayetano, ni de las mil quinientas veces que me pregunté “faltará mucho?”. Siento que para hacer las cosas no me basta con querer hacerlas sino que además necesito algo más. Un excusa. Y aquella semana la excusa que necesitaba fue el fútbol...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que sin hablar me hablaste. Que la noche en que enmudeciste surgió en vos algo que puso las palabras que me faltaron decir. Que no había visto, que no leí...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que hoy no hago esto porque no estás. Que no soy el hijo de puta que llama porque no llamás. Soy el que llama porque en el medio pasó algo que lo hizo moverse unos centímetros mas allá...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que sigo siendo de los que “no joden” pero el tema es que hoy tengo la necesidad de joderte y no sé bien como se hacer. No se encontrar el límite de lo que está permitido y lo que no...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que no me muero acá. Que tengo mucho miedo de que no encuentres el camino de regreso pero que si eso pasa no me lo voy a reprochar mucho más de lo necesario. Trató de recordártelo, lo intento, me asusto, me lastimo, corro, me freno, miro, vuelvo, lo intento de nuevo...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que tu “llegaste a mi vida en un momento q yo había curado mis heridas, por eso me permití sentir y sentirte, quererte, quise cuidarte” (…) es algo que entiendo y siento hoy. Pero también siento que es tarde y… es tarde. La puta madre, es tarde...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que sos injusta. Que no me das la misma oportunidad que te diste. Que no esperaste mi turno para sentir lo que sentiste hace un año. Que ahora, otra vez muda, decís todo sin decir nada...
Por si no te vuelvo a ver quería que sepas que te quiero...