La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

26 de marzo de 2010

Pican, pican, los mosquitos...

Pican, pican, los mosquitos. No sé cuantos años tenía pero muchas veces canté esta “canción”. Sé, alguna de las pocas certezas que tengo, que era chico. En realidad mientras escribo esto me doy cuenta que si mi única certeza es decir que algo pasó cuando era chico, ese “era chico” incluye un montón de años y se parece mas a algo incierto.
Hace unos días me pica mucho el cuerpo y juro que bañé. En realidad son solo algunas partes de mi cuerpo y si bien no sé cual es la explicación científica sí sé los motivos. Me pica desde el ombligo hasta pecho. Por dentro pero en el sector que está entre las costillas y la piel. Me pica la punta de la nariz y cuando pienso un poco más allá o trato de sacarme esa picazón esta logra irse de ese sector pero se mueve a otros. Pasa por la frente, debajo de la lengua, la barbilla, sube por los pómulos y quiere explotar en los ojos.
Pensaba que esta picazón comprueba que estoy vivo pero no estoy tan seguro de decir que es algo bueno. No me refiero a estar vivo, claramente eso algo bueno o al menos debería, sino a lo que pasa. Al motivo. A “que causa, razón, efecto o circunstancia” diría el Profesor Jirafales.
Siempre que olvido algo vuelvo sobre mis pasos. Hago el mismo recorrido, regreso al lugar donde estaba antes y confío en que esa ubicación física me hará recordar y, ahí sí, poder ir tras ello. Recorro mis últimos pasos y recién llegue a la oficina luego de ir a comer a casa. Voy recordando que antes de irme quería hacer un llamado. Que en el camino dudé en hacerlo. Que mientras subía las escaleras pensé que lo mejor era ocupar el lugar que me habían dado. Dolina dijo alguna vez “si el lugar que me dieron es de muerto, pues debo morirme bien”. Voy recordando que al bajar las escaleras habían vuelto las ganas de llamar. Que cuando caminé las primeras cuadras puse las manos en el bolsillo y sentí el teléfono. Que lo toqué, que lo saqué, que no lo quise mirar pero mi tacto recorrió cada una de sus formas. Voy recordando que cuando cruzaba la calle y apuraba el paso para esquivar un auto me dieron nuevamente ganas de llamar. Que a 80 metros del local mientras esperaba el cambio del semáforo tuve el mismo impulso de hacerlo. Y ahora sí, me acordé. Sigue funcionando mi ritual para recordar lo olvidado: Recuerdo que no lo hice. Que no llamé. Que guarde el w300 en el bolsillo izquierdo del pantalón y seguí caminando.
Pican, pican, los mosquitos, con bastante disimulo. Quizás ya no es hora de disimular. Quizás esa picazón debe terminar inevitablemente en mis ojos. Quizás es la única manera o al menos la única que puedo encontrar sin vos. Quizás ese es el único camino. Aunque quizás debería hacer las preguntas, en realidad es una sola, que me quedaron pendientes para no ponerle una nube gris a mi “me queda la tranquilidad que no dejé de hacer nada por miedo al miedo”.

24 de marzo de 2010

Lo único que quería

Lo único que quería era estar ahí cuando te enfermes. Verte con los ojos hinchados. La piel blanca. Levantando tibiamente los pies del suelo mientras se escuchaba el ruido que hacen las pantuflas al arrastrarse por el piso. Ver como te sentías querida al saber que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que mejores. Al verme pelear con los médicos, salir a la farmacia de turno a las 3 de la mañana en un Julio imposible de sobrevivir ni siquiera con el calor que sale de una olla llena de polenta en ebullición.
Lo único que quería era verte en una noche de larga de un día largo ayudándolos a terminar de pintar el mapa político que se acordaron a hacer a último momento para la clase de geografía del jueves. Y ver como a pesar de tú enojo les sonreís.
Lo único que quería era verte reír. Sentir el apretón fuerte en mis manos cuando lo ves debutar en el segundo tiempo de un clásico ante Huracán por la segunda fecha del preparación. No gritar, no aplaudir, no llorar, solo ese apretón fuerte que sin decir me dice “lo estás viendo? No lo puedo creer”.
Lo único que quería era poner cara de imbécil cuando apago la tele a las 2 de la mañana y mientras me preparo para dormir decido quedarme media hora más viendo como lo haces vos.
Lo único que quería es seguir teniendo la excusa perfecta para abrazarte luego de despertarme para ir al baño a mitad de la madrugada.
Lo único que quería es ser muy muy viejo para poder salir a caminar de la mano y sentir ese apretón fuerte fuerte como aquella vez en la cancha hace ya muchísimos años. Quería sentir la plenitud de lo que hicimos en este tiempo. De los consejos dados y recibidos.
Lo único que quería era acompañarte a la terminal para que tomes el colectivo a La Plata porque algunos de ellos van creciendo y dicen “te necesito”. Verte dispuesta a tomar los colectivos que sean necesarios, en plena madrugada, cuando nos enteremos que alguien les rompió el corazón.
Lo único que quería era ver hacia atrás y reírnos a más no poder de estos meses idiotas que nos tocaron vivir. De las cosas no dichas, de los silencios prolongados, del querer hacer pero no hacerlo para no lastimar, de los miedos que aún, después de tantos años, conviven con nosotros. Del saber que estuvieran, están y van a seguir estando pero que ya sabemos que se puede hacer algo con ellos. Que se puede saborear una victoria y ver el reflejo de ella en los ojos del otro.
Lo único que quería es que seas mi espejo de cada mañana. De que seamos lo primero que vemos antes de lavarnos la cara. Quería sentir que a esta altura ya el viento no tiene lugar entre nosotros, que nos pega y se rompe a cada lado pero que por el medio ya no puede pasar.
Lo único que quería era sentir, otra vez, el apretón de tu mano ante cada mujer, hecha y derecha, que te dice “hola profe” mientras caminamos por las góndolas del shopping. Y hasta quizás seguir haciendo el mismo chiste idiota sobre ese lugar.
Lo único que quería era no pedir por favor que me quieran. Quería que no me pidas que me rinda. Que, como me dijiste alguna vez, no me límites...

22 de marzo de 2010

Tocado



¿Cómo fue que fuiste esta catarata de caricias blandas sin dormir? ¿Dónde te enseñaron a incendiar miradas?, pesadilla dulce en mi sillón... Yo era una limosna triste, mamarracho a la deriva.
Buena puntería, hermosa, este varón dice tocado, tocado, tocado de vos...
Derrumbo mis rumbos, despeno mis penas, planto cuatro besos en tu nariz… ¿Qué clase de viento te arrastro a mis manos? ¿Qué borracha suerte me convido con vos?, yo en la fiesta de tu risa busco el talle de mis sueños.
Buena puntería, hermosa, mi corazón dice tocado, tocado, tocado de vos...
A lo mejor esta vuelta el tiempo cretino nos hace precio. A lo mejor esta vez le tiramos un caño a la soledad. A lo mejor esta vuelta el tiempo verdugo se hace el otario. A lo mejor esta vez le ponemos los puntos a la soledad.
Tocado de vos, voy tocado de vos, yo me voy tocado de vos...

Intérprete: Iván Noble
Tema: "Tocado"
Disco: "Preguntas Equivocados"
Año: 2003

10 de marzo de 2010

Podría Ser



Contando monedas para comprar cigarros, regreso a mi casa, sumando derrotas. Vuelvo sin excusas, sin paz ni trabajo, y a nuestro futuro le arrancan las horas. Y en casa me espera mi razón de vida, el calor de hogar. Llevo la vergüenza,las manos vacías, la precariedad.
Ella sonreirá, "saldremos adelante". A pesar del tiempo sigue siendo bella. La miro y recuerdo. No siempre los planes salen como sueñas, eternas promesas. Estoy cansado de tropezar siempre, del “ya le llamaremos”. Quizá mañana cambien nuestra suerte y acabe este invierno.
Podría ser jardinero en Marte, médico de flores, poeta ambulante deshollinador volando en tejados, probador de espejos, o pirata honrado. Quisiera ser hombre al fin al cabo.
Podría ser quizá delineante de columpios rojos, un gran nigromante,
un cantor de nanas, quizás buhonero, y vender palomas, pócimas y ungüentos. Pensándolo bien, me conformo con menos.
Enchufo la radio, no habla de nosotros. La luz de la aurora se vierte en la acera.
Ella me da un beso, yo me hundo en sus ojos. "Suerte" me susurra y cruzo la puerta. Fuera quizá encuentre por fin la respuesta o mi exculpación. Llueve mientras sueño, quizá cuando vuelva haya salido el sol.
Podría ser cartero de Neruda, pescador de estrellas, navegando en la luna, piloto de cometas, explorador de abismos, quizá recolector de gotas de rocío. Quisiera ser un hombre, es poco lo que pido.
Podría ser quizá delineante de columpios rojos, un gran nigromante, un cantor de nanas, quizás buhonero, y vender palomas, pócimas y ungüentos. Pensándolo bien, me conformo con menos.
Podría ser jardinero en Marte, médico de flores, poeta ambulante deshollinador volando en tejados, probador de espejos, o pirata honrado. Quisiera ser hombre al fin al cabo.

PD. Tema del disco "Acuerdate de Vivir (Memento Vivere)"

8 de marzo de 2010

The Rebound

Cinco años después se cruzan en un restaurant. Y la misma luz de sus ojos, el mismo brillo, la misma cara de sorpresa demuestran que si bien el tiempo pasó, lo sentimientos sigue intactos. Una mesa, la familia reunida, e imagino que miles de cosquillas en el pecho los muestra nuevamente juntos, quizás preguntándose si era necesario todo ese tiempo, esos 60 meses…
Y supongo que el final muestra que sí. Que eran necesarios. No por lo urgente del momento sino porque si el final es ese, si el final es “nuevamente juntos”, si la imagen de cierra son esas manos que se buscan disimuladamente bajo la mesa y se aprietan con fuerza, entonces cada uno de esos 1826 días fueron necesarios. Dicen que el fin justifica los medios pero en este caso no estoy tan seguro de lo apropiado de la frase. Me pareció un principio.
Y en el “todos envejecemos pero seguimos iguales” del final nacen esperanzas. Sé que me dijiste que la vida no es una canción, y estoy de acuerdo que mucho menos lo es una película de Hollywood, pero no voy a cansarme de decirte que esto tampoco lo es. La vida es cada uno de esos 2.629.440 segundos en los que resistieron hasta encontrarse. Las frases de canciones no te parecen reales y las del cine tampoco pero entonces te pido que me dejes leerte algo en voz alta. Dejame citar a un tipo que le pegaron un tiro en alguna calle de New York, dejame decir “que la vida es todo aquello que transcurre mientras planeamos el futuro”. Dejame recordarte que antes de rendirse fueron eternos… y que en realidad nunca se rindieron, solo dejaron pasar 157.766.400 segundos.
Sinopsis. Cuando una atractiva ama de casa que sobrepasa los cuarenta (Catherine Zeta-Jones) descubre que su marido le engaña, decide escapar a Nueva York y empezar en la gran manzana una nueva vida. Allí conoce a Aram (Justin Bartha), un joven de 25 años con el que comienza un inesperado romance.
Calificación: 4 alivios