La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Nada mal por 5 pesos

“Acosta, me gané el Loto!! No lo puedo creer, gané el Loto!”

29 de abril de 2010

“Invítame a pasar 10 minutos o toda la vida”

¿Qué se puede hacer en 10 minutos? La respuesta más fácil es que se pueden tomar dos té/s. En 10 minutos se puede tomar la decisión más importante y mas acertada de nuestras vidas. En 10 minutos podemos pensar y pensar sin tomar ninguna decisión y alimentar los instantes más tristes. El de indecisión. Se puede decir nada. Hacer poco. Decir y hacer silencio, y que nos salga perfecto.
Puedo pasar 10 minutos esperando un colectivo que quizás no llegue nunca. O puedo quedarme en el andén otro tanto tiempo mirando como se va un micro y en ese ir se lleva un poco de nosotros.
En 10 minutos puedo escuchar la explicación de Fernando cuando le pregunto “y cómo se hace para dejar todo y terminar viviendo en pueblo?, como hiciste vos?”. Lo puedo hacer mientras le arreglo la compu y tomo unos mates. Los tomo, claro, sin mirarlo a la cara mientras los ceba (*). Puedo pensar y analizar 100 días su respuesta pero en 10 minutos, 10 mugrosos minutos, mientras camino una tarde de domingo por una plaza de La Plata, me puedo dar cuenta que tiene razón. Puedo sentir y con ese sentimiento empezar a entender todo lo que no podía explicarme con palabras.
En 10 minutos me puedo preguntar un millón de veces “qué hago acá?”. Puedo sentir, y sin decirlo, repetir hasta quedarme afónico un inexplicable “qué haces tan lejos?”.
Hoy decidí refundarme pero lo hago con un error. Decidí empezar sabiendo que lo que voy a hacer está mal. Y si bien tengo pocas ganas de hacerlo ya sé que es inevitable. Es algo que ya estoy haciendo. Pero a diferencia de otros momentos esto no es algo que se impone. Es algo que decidí hacer. Aunque sea un error. Quizás decidí empezar con un error que resulta un acierto. Me refiero a que si la decisión es mía, la decisión del error es mía, entonces ese poder tomar la decisión es un acierto. De alguna forma lo es.
Reconozco que en este tiempo me supe rodear de mujeres con pasado pero lo que aún no encuentro es el hombre con futuro. Aún no lo siento Chavela, aún no lo soy y quizás eso explica muchas cosas, muchos tropiezos, muchos fracasos... Solo veo un buen hombre, y eso, como única virtud, no alcanza.
En 10 minutos pensé en escribir este nuevo txt para el blog. Quizás en 10 minutos se me pasa y queda solo como un montón de palabras de un tipo rebuscado. O quizás en lugar de 10 minutos estas ganas me duran toda la vida.
Pensándolo bien, todo dura 10 minutos. Todo es efímero. Depende el momento en el que empezamos a contar. Y yo decidí empezar a contar ahora, así que…. el que no se escondió, se embroma.

PD. No te escondas.

(*) Aclaro esto porque ayer mi amigo Pablo me mando algunas cosas que escribió sobre mí y sobre mí casa, y como virtud, bueno como una mala virtud, estaba justamente esa. La de no mirar. Sabes que pasa Pablo? No es falta de interés, no es falta de costumbre ni cuestión de educación, es miedo a que sea vea. A que me veas. A estos ojos, que brillosos y todo, se ponen más botones que nunca. Es eso amigo. Parece un chiste, tanto esfuerzo para que no me veas, tanto esfuerzo para que me creas el “todo bien” y no me dí cuenta que el que habla es mi lugar. Mi departamento. Gracias por la lección.

27 de abril de 2010

Avestruz

¿Quien alguna vez no se hizo el boludo? ¿Quien no lo sigue haciendo? ¿Quien no ocultó la cabeza al menos un ratito en la situación que menos debía hacerlo? ¿Quien no escapó?.
Quizás es hora de dejar de emprender huidas. Quizás es hora de mirarnos un poco más, de no conformarnos con el triste y conformista “es así, q se le puede hacer?”. Lo paradójico es que en el momento que decido hacer eso. Cuando quiero dejar las huidas de lado y repasar cada una de mis renuncias inevitablemente ellas aparecen.
Esta versión que pone la cara cuando sabe que tiene chances de perder tiene sus fallas. Esta versión de espaldas anchas las tiene solo para él. Solo para mí. Me cuesta mucho estar cuando el dolor es del otro. Me cuesta mucho el dolor ajeno de la gente que quiero que esté bien. Y aquí cometo una nueva, y gravísima, contradicción. Querer tanto a alguien que en el momento menos indicado salgo corriendo.
Me banco mis fracasos. Mis llantos. Mis pérdidas. Mis frustraciones. Mis tropiezos. Me hago cargo de mis miedos. De mis errores y horrores. Del tiempo que no vuelve, que nunca vuelve. Porque al fin y al cabo soy la causa de todo eso. Soy el punto en común. Soy el culpable o al menos uno de los responsables.
Pero cuando toda esa larga lista le pasa a alguien mas no sé cómo estar. No sé cómo evitar salir corriendo. Cómo no esconderme. No sé, ni sabo, cómo ponerme esa pilcha que en ocasiones siento que me queda muy bien. No sé cómo no defraudar con cada uno de mis pasos. Cómo dejar de hacer exactamente lo que no tengo que hacer.
Para ser más claro. Si no fuera yo el que escribe, si no me conociera, si esta forma de manejarme fuera de otra persona y no mía, diría que estamos antes la presencia de un tipo que cuando está mal busca ayuda pero cuando está bien desaparece. Cuando el otro lo necesita, cuando sufre, este tipo se borra. Da la impresión de que se borra.
Y ya nuevamente dentro de mí puedo decir que es eso. Da la impresión de que se borra, de que no le importa. Es una impresión y no la verdad. En realidad es como sentirse débil. Sentir la ausencia de cierta fortaleza interna imprescindible para seguir con más pilas que el conejito de Duracel. Y ésta falta de fortaleza, o al menos ésta creencia de tener semejante carencia, hace que cuando veo el dolor o el sufrimiento de alguien muy querido me alejo. No porque no me importe. No porque disfrute que está mal. No porque quiera que lo esté. Lo hago simplemente porque ese estado rebota como un espejo provocando en mí un dolor aún mayor. Me protejo. Huyo para otra guerra, pero para una guerra que voy a emprender yo. No puedo estar. Me escondo. Me escapo. Abandono. Los abandono.
Me resulta algo muy Ramiro. Pero me pasó que al compartir esta sensación lo encontré como algo muy humano o al menos muy de humanos que conozco y quiero. No vi ninguna expresión de rechazo al hablarlo. Muy por el contrario encontré caras cómplices diciendo a mi también me pasa. Yo también me he escapado.
No sé cómo arreglarlo. Realmente me gustaría hacerlo. Me gustaría crecer en este sentido ya que en otros se me está haciendo un poco dificil hacerlo.
Esos otros sentidos se parecen a los finales de canciones último disco de Ismael. Canciones que siempre tienen un final con esperanza. Pero una esperanza rara porque por ahí la esperanza debería ser que hay un mañana. Que hay momentos que se pueden, y deben, dejar ir y seguir. Que se sigue.
Pero este tipo NO!! Este tipo te lleva a la reincidencia, al esperar, al aguantar, al mantener la luz de vela aún cuando ya no queda mas vela y solo nos queda el cordoncito negro. Te hace tomar como una opción la posiblidad de que aún no terminó. Ye hace sentir "bueno, si espero, capaz que esta vez si funciona"...

12 de abril de 2010

Caja de Pandora

El domingo fue un día de orden y limpieza. Mi departamento no tiene mas que 50mts cuadrados, 75 si lo miro con mucho optimismo, y sin embargo cuesta mantenerlo en condiciones. Me cuesta.
Hace unas semanas ayudé a unos amigos, grandes amigos, muy grandes cada uno a su manera, ha hacer una mudanza. Me desesperó la cantidad de cosas que tienen. No por el peso y lo “tedioso” de la mudanza sino porque recordé que seguramente desde aquella mudanza que hizo mi vieja en Diciembre del 2007 mientras yo trabajaba en Necochea se agregaron varias cosas a mí vida. Una mudanza en estos momentos podría llegar a ser terrible. Y yo soy uno, y ellos, aunque parecen uno, son dos…
Lo primero que hice el domingo fue organizarme. Empecé por el ambiente común, ordené todo lo que podía y fui separando las cosas que iban en otro lugar. Hice la cama, barrí, saqué de las bolsas del lavarap la ropa y puse cada una en su lugar. Una vez que quedó mas o menos presentable hice lo mismo en la cocina y, por último, en el baño.
Ya sentía la satisfacción del deber cumplido. De un domingo que me sumaba una linda sensación de “orgullo”. Salí del baño, guardé el balde y el secador, puse a secar el trapo de piso, cambie la toalla y hasta el rollito de papel higiénico.
Cuando volví al ambiente común me di cuenta de un olvido. La cama estaba llena de insulina, medias, ropa para lavar… Guardé cada cosa en su lugar y luego vi el placard. Vi el contenido del placard. Lo vi desordenado y aproveché el impulso para seguir ordenando. Encontré la caja de speedy, del CPU, los parlantes, el ventilador. Encontré una caja roja donde duermen los recuerdos de una vieja relación. Me acordé de las palabras de mi amigo Pablo y su “cuando te decidas me avisas, y ya tenemos con qué hacer el fuego para el asado”. Me acordé que no lo hice. Me acordé de las palabras de mi amiga Vero y su “esas cosas no se tiran, si fue una persona importante no sé tira ni se devuelven”, y ahí siguen. Decidí nuevamente no tocarlo pero no pude evitar mirarlas con cierto aire de triunfo al darme cuenta que 2 años después no me provocan ni las mínimas cosquillas, solo una sonrisa, un “que gil”…
Fin del domingo a la tarde. Ahora sí! todo en orden pero mi curiosidad pudo más y vi otra caja. Una chiquita, azul, bastante entera a pesar de los años y con un cierre casi térmico. Ni siquiera sospechaba lo que era. No lo tenía presente. Hasta hubiese podido jurar que no era mía, que quedó de alguna antigua mudanza. La miré, la tomé en mis manos, la sentí y la reconocí. Me di cuenta que en esa caja guardo casi toda mi vida. Que hay mucho de estos 30 y pico de años. Que es una caja que nunca quiero abrir, que muchas veces temblé en el momento de hacerlo.
Me di cuenta que la limpieza del domingo no fue algo ajeno. Fue algo necesario. Tenía un motivo y ese era encontrar la cajita azul. Mirarla, tomarla, sentirla y, finalmente, muerto de miedo o cansado, abrirla. Y lo hice. Recordé que es mi caja de Pandora, y como tal, adentro había guardado la esperanza, la mía, y por qué no, la nuestra.
Y a diferencia de aquella mujer creada por Zeus no me apresuré en cerrar la caja. Senti la presencia de la esperanza y la dejé salir. Me llené el cuerpo de picazón, como el “pican pican los mosquitos”, y me fui a dormir con la esperanza de que otro mundo posible, que todo puede pasar y puede pasarme a mí y a nosotros. Regué de esperanza los 50 o 75 metros cuadrados del dpto. de calle Bolivar.
Hoy? Hoy fue un buen Lunes. Sí Pato, lo fue. Un Lunes con muchos “Ja!” y sin “Je!”. Voy por mas.

9 de abril de 2010

Para nonainoninonero



Por buscar atajos a mis sueños, por acelerar, tropecé pero no me arrepiento. Y ahora estoy convencido de algo que no puedo explicar. Siento que debo estar a tu lado.
Para ponerle una canción a tu silencio. Para que te eches a reír. Para nonaino nino nero. Yo no se pa qué, pero te quiero.
Por que te amé pero me aterra equivocarme supongo que inventé tropecientas maneras de estresarte. Pero basta ya de andar justos de alegría. Invítame a pasar diez minutos o toda la vida.
Para ponerle una canción a tu silencio. Para que te eches a reír. Para nonaino nino nero. Yo no se pa qué, pero te quiero.
Intentaré no darte más sorpresas. Le taparé al lobo las orejas. Para ponerle una canción a tu silencio. Para que te eches a reír. Para nonaino nino nero. Yo no se pa qué, pero te quiero.

Rafa Pons
Para nonainoninonero

Pd. Gracías :-)