La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Nada mal por 5 pesos

“Acosta, me gané el Loto!! No lo puedo creer, gané el Loto!”

30 de julio de 2010

Por quien merece amor



¿Te molesta mi amor? mi amor de juventud, y mi amor es un arte en virtud. ¿Te molesta mi amor? mi amor sin antifaz, y mi amor es un arte de paz.
Mi amor, es mi prenda encantada, es mi extensa morada, es mi espacio sin fin. Mi amor, no precisa frontera, como la primavera no prefiere jardin. Mi amor, no es amor de mercado porque un amor sangrado no es amor de lucrar. Mi amor es todo cuanto tengo si lo niego o lo vendo para que respirar...
¿Te molesta mi amor? mi amor de humanidad, y mi amor es un arte en su edad. ¿Te molesta mi amor? mi amor de surtidor, y mi amor es un arte mayor.
Mi amor, no es amor de uno solo sino alma de todo lo que urge sanar. Mi amor, es un amor de abajo que el de venir me trajo para hacerlo empinar.
Mi amor, el mas enamorado, este mas olvidado en su antiguo dolor. Mi amor, abre pecho a la muerte y despeina su suerte con un tiempo mejor.
Mi amor, este amor de abedrio es un sol encendido por quien merece amor...

Silvio Rodriguez

23 de julio de 2010

Todo pasó un 23 de Julio

Todo pasó un 23 de Julio. Era un día como hoy pero hace varios años atrás. Digo que era como hoy porque así lo marca el calendario, y hasta incluso quizás el clima, el viento que tiene algo de aquel. Incluso quizás haya sido a esta misma hora aunque eso no podría asegurarlo. En realidad tampoco podría asegurar que todo haya sido en un día como hoy. Me refiero a que quizás no era 23, era 5; o quizás no era Julio, sino Febrero. No lo sé. No importa. Pero todo pasó en un día como hoy.
¿Alguna vez hicieron una lista de las cosas que querían lograr? Me refiero a una lista similar a la de compras de un supermercado pero con pretensiones mucho mas ambiciosas que ellas. Y seguramente mucho mas difícil de conseguir. Me refiero a que no se venden en ningún lado, son como productos artesanales que solo cumplen el requisito de ser lo que añoramos si lo construimos nosotros.
¿Alguna vez hicieron una lista de las cosas que ya no quieren hacer? Una especie de lista negra que al igual que la anterior nos cuesta tachar. En la anterior, la de los pro, nos cuesta usar la lapicera de forma horizontal porque eso significaría haber logrado algo, y si bien en el camino muchas veces logramos ese algo no nos animamos a tacharlas porque es muy probable que vuelva a suceder. Porque todo vuelve: “lo bueno y lo malo” decía mi abuela.
¿Alguna vez intentaron estar en la cabeza de alguien? ¿Pudieron realmente sentir como siente el otro, pensar una situación "x" pero con las mismas cargas que siente la otra persona? Si me dicen que sí no les creo. Si me dicen que lo intentaron, les empiezo a creer un poco mas. Hay veces en las cuales el otro hace cosas que uno no entiende. Y repite, incluso hasta en voz alta como si eso significara algo, un enérgico “mirá que lo pienso y me pongo en su lugar y no puedo entender por qué “x” y por qué “y”? Yo también muchas veces tomé ese lugar y muchas veces, por error, hoy me doy cuenta que por error, juzgué y con ese resultado me acerqué o alejé de alguien. Por error.
Me refiero a que me puedo acercar mucho al estado de una persona y el por qué de sus decisiones y de sus actos. Me puedo incluso parar en las mismas huellas. Puedo pesar lo mismo en kilos y hasta puedo tener su altura y gastar el mismo aire al respirar, pero eso solo me deja a poca distancia de ella. No me deja en el mismo lugar. Hay factores, de los mas chiquitos y tontos, al menos para nosotros, que no me ponen en el punto justo. Por suerte hasta los mas parecidos siguen siendo lo mas distintos. Por suerte está siempre ese 0,01% del genoma humano que es único e irrepetible y nos hace ser lo que somos y no otros.
Por suerte solo existen recetas de cocina o pasos que nos explican cómo subir una escalera, pero no hay receta que nos lleve al mismo lugar, que nos haga hacer siempre lo correcto, incluso siendo el mismo cocinero. Está ese “principio de incertidumbre” que planteó alguna vez un matemático y que escuché nombrar por primera vez en la boca de Ismael Serrano que nos modifica todo. Que hace ilógico a lo más lógico, que crea incertidumbre hasta en la ciencia mas exacta.
Entonces si no siempre 2+2=4 ¿Por qué deberíamos quejarnos y tomar como frustración el que nuestros mismos actos nos lleven siempre a lugares distintos? ¿Por qué no aceptar que si un camino fue bueno lo fue para esa vez, para esa oportunidad, en ese tiempo, en ese espacio, con ese peso y esa altura; y no para el resto de las cosas? ¿Por qué no tomar como un hecho que la única forma que existe es autodescubrirnos a cada paso y refundarnos cuando sentimos que no damos mas?
También pensaba en por qué esperar a ese “no damos más”. ¿Por qué no nos sirven las marcas anteriores? ¿Por qué ir a comprar un pantalón nuevo cuando se nos rompió el que teníamos y no hacerlo cuando se empezó a gastar o se manchó con gotitas de lavandina? ¿Por qué, y no sirve “porque no tengo plata” como respuesta, esperemos hasta ese último momento en el cual sentimos que estamos en el fondo para tratar de subir? Hace muchos cuando aprendía a nadar en una pileta de mi ciudad me alejé mucho del borde y no me di cuenta que había pasado la mitad de la pileta, me cansé y paré. Claro! No hacía pie y me hundía, y en ese momento de desesperación nunca se me pasó por la cabeza esperar bajar para tocar el piso y subir. No me parecía lógico y no me lo parece hoy. Empecé a tirar manotazos y logré llegar al borde la pileta y sostenerme. Si hubiese bajado el fondo me hubiese quedado muy al costado y lejos del borde. ¿Por qué en el resto de las cosas siempre tomamos bien el “toqué fondo”? ¿Por qué no nos damos cuenta que si sentimos que en el camino estamos bajando entonces ese, y no otro, es el momento para tratar de subir y dejar de perder cosas?
Muchas veces dije que Felicidad empieza con Fe, con Fe de Erratas porque no existe. Incluso durante un tiempo pensé que la Fe era de Fernanda. Hoy sigo dudando o buscando palabras en el diccionario que empiecen con Fe para que adornen a mi frase quizás mas original pero sé que con Fe no empieza. No tengo idea como empieza.
Lo que sé es la Fe empieza en uno o quizás es lo que hace que uno empieze, se mantenga, y sobre todas las cosas siga. Y cuando no puedo encontrar la Fe, la esperanza, las ganas, los sueños mas o menos tangibles en mí, me doy cuenta que no sé que dos primeras letras de una gran palabra empiezan con Fe pero sí sé que sin ella no puedo hacer mucho. Y a cada paso voy descubriendo que la Fe necesaria para empezar, para empezarnos o empezarme, viene de la amistad. Viene de las personas que nos quieren. Vienen de esos extraños, pero sin embargo tan parecidos a nosotros, seres en los cuales, de alguna que desconocemos, sembramos algo que hace que estemos presentes en sus vidas como si fuéramos parte de ellos. Lo somos. Nos ganamos ese lugar aunque a veces no sabemos cómo o en otras nos cuesta muchísimo creer que así fue.
Si bien no tengo hijos supongo que el orgullo de verlo crecer, verlo caminar, verlo hacer, verlo disfrutar sus logros, es un bien que nos queda para siempre. Supongo que esa forma que tienen de hacer algo es una caricia a sus padres sin saber que la dan. Esa es la escuela, ahí nace el dar sin saber que lo estamos haciendo. Y quizás esta sensación de no entender, y muchas veces no aceptar, que tenemos algo que provoca sentimientos buenos en los demás nace ahí. Esos son los primeros pasos de algo que, mal que nos pese, vamos a seguir haciendo por el resto de nuestras vidas.
Alguna vez será cuestión de devolver un poco de ese sentimiento de forma consciente. Alguna vez será el momento de hacernos bien pero que ellos lo sientan. Hacernos bien de forma consiente para que nuestra “felicidad”, cualquiera sean sus dos primeras letras, irradien en ellos un breve, simple y tranquilo: “siempre confié en vos, este momento tuyo no me sorprende. Me llena, pero no me sorprende. No sabía ni el cómo ni el cuándo pero sabía todo lo demás”.
Quizás estos son los momentos del “Alguna vez”, quizás llegó la hora de romper el chanchito y empezar a pagar nuestras propias deudas para compartir los beneficios con los demás. Con los que están, con los quedaron, con los que se fueron de golpe, y con los que terminamos echando a patadas por no ver lo que había que ver pero que su ida no sigue ayudando hoy a ser un poco mejor que ayer.

5 de julio de 2010

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Vi a Mar del Plata como hace 4 años atrás. Incluso hoy sigue así. Banderas en los balcones, en el hall de entrada de los edificios e incluso en la puerta de los comercios. Hasta una guardería que está a la vuelta de casa tenía unas cintitas celestes y blancas.
El sábado vi un Supermercado Chino con sus “dueños” atendiendo mientras el carnicero y el verdulero, bien criollos, trataban de acomodar la antena para ver a color el partido con Alemania.
Parece como una continuación del 25 de mayo. Un paso inevitable luego de la “fiesta” del bicentenario pero sin dudas es un año mundial y cada 4 años pasa lo mismo. Recuerdo que en el 2006 pasó algo parecido. Y se fue tan rápido, tan rápido… Lo fuimos descartando con el correr de los días post eliminación y me cuesta creer que ahora no pasará lo mismo. Claramente no es un exceso de patriotismo. Es algo futbolero pero que no veo mal.
Siento que es algo que es un comportamiento que se repite siempre y con diferentes situaciones. Recuerdo que cuando vivía en Buenos Aires hubo en un “boom” en Punta Alta de decorar las casas con luces para navidad. Llegué y todas, o el 99% de las casas, tenían al menos un par de luces que bordeaban la ventana y le daban a la noche una cara distinta. Al año siguiente algunas aún lo mantenían pero 365 días más tarde todo se terminó. Cuestión de moda, el paso del tiempo que se ve reflejado con cada cambio. Es como cuando espiamos fotos viejas y nos vemos con ropas, peinados, autos y hasta costumbres que marcan cierta época y ya no están. Eso es lo que me molesta. Como estas cosas, o las ausencias de ellas, me muestran el paso del tiempo.
El sábado vi el partido de Argentina en la casa de un amigo. Cuando terminó me di cuenta que era el sexto mundial que veía y que en cada uno de ellos el final fue parecido. Esa sensación de tristeza, de impotencia, de “no puede ser”:
En el 90 empezó la locura y la final, como el resto de los partidos, los vi en el comedor de la casa de mi abuela. Luego salí en moto con mi vieja a dar vueltas al centro mientras sostenía una bandera Argentina sentado en el asiento de atrás.
En el 94 me acuerdo que habíamos comprado un minicomponente con CD. Lo llevé a casa, lo instale, escuche por primera vez un CD y cuando quise sintonizar radios puse LU2 y escuché a Víctor Hugo hablar sobre el doping de Maradona… no me olvido mas.
En el 98 vi los partidos nuevamente en el mismo comedor. Cuando Holanda hizo el gol me fui a casa, que queda enfrente, a ver los últimos minutos. Sabía que todo estaba terminado pero me acuerdo pidiendo por favor que entrara un cabezazo de un defensor que no recuerdo quien era.
En el 2002 recién había regresado de Buenos Aires y lo incomodo del horario me llevó a ver los partidos en la cama junto a mi perrita Diana. Los últimos minutos frente a Suecia, incluso el gol de Crespo, lo vi al lado de mi vieja en el comedor. No lo podía creer. No lo entendía. No lo entiendo.
El 2006 fue el primer mundial en Mar del Plata y fue realmente extraño vivir la eliminación sentado al lado de un tipo más alto que yo, con rasta, y la bandera de Alemania en el hombro. No le podía ni pegar, ni descargarme.
La diferencia que noto hoy es que lo tomé con más madurez. Al menos al principio pensé que era eso. Mi amigo estaba derrumbado en el sillón y yo no podía parar de pensar, creo incluso que se lo dije, que “es fútbol, hay cosas más importantes”. Y esa maldita frase, real o no, me hizo pensar luego en lo distinto que estoy. En la diferencia con los cinco finales tristes de mundiales pasados. En la falta de pasión, en el vació, en tener realmente claro que hay cosas más importantes y que no sufrir este mundial como antes fue por el solo hecho de que no tengo esas cosas. Pensé en que si las tuviera seguramente sentiría ese correr de sangre que pica. En cambio me encontré con un resultado deportivo que me cacheteó para decirme “no tenés esas cosas más importantes”. Me sentí apagado. Vacio, en off.
Hoy lunes terminé de rasquetear el fondo. Me compré una imaginaria espátula gigante y saqué los restos de pintura seca que quedaban y me vacié por completo. Esos restos de pinturas incluían, entre otras cosas, restos de Richard. Te juro, y ojalá me creas, que no intento repetir patrones. No sé trata de eso. Lo hablamos un millón de veces y sé que crees en eso pero mi pensar en Richard tiene que ver con que no puedo dejar de compararme. No quiero hacer su camino, no sé cuantas similitudes, además del apellido, tengo. Pero no quiero ese camino. Pero si lo tengo presente y me comparo. Y pierdo… siento que pierdo.
Hoy Ayita me dijo que el próximo mundial damos la vuelta con Maradona en Brasil y pensaba que para el próximo voy a tener 35 años. Y sabes qué? Mi viejo nació en el 44 y en el 79 cuando nací yo tenía 35 años, casi los que voy a tener yo en el 2014. Y no pude dejar de compararme. No pude.
Mientras volvía en el colectivo pensaba en esta frase del vacío. Del terminar de sacar la pintura. Pensaba en que realmente estoy vacio y el recipiente se muere de ganas de volver a llenarse. Pero también pensaba que, como esta Mar del Plata que cada 4 años se viste de celeste y blanco, o aquella Punta Alta iluminado por navidad, las cosas duran poco y caemos nuevamente y al tiempo estamos otra vez poniendo luces o colgando el banderín como si fuera algo nuevo. Y sabes qué? No lo es. No lo es para nada. Es un lugar que ya teníamos ganado, lo perdimos, retrocedimos, y ahora lo encontramos nuevamente pero con la certeza de que se perderá de nuevo. Es un círculo que en fútbol dura 4 años.
En mi vida no sé cuánto dura pero tengo miedo de estar en un circulo. Tengo miedo que este vacío, listo para llenarse, sea igual a otros. Sea idéntico a otros que nunca terminaron de llenarse. De que este amague sea solo comenzar una vez más la ronda.
Y a Richard lo extraño… Y tampoco sé bien que hacer con eso.
No sé si “para nonainoninonero, no sé pa´ que pero” me quiero querer. Es más, incluso me quiero, y es algo con lo cual tampoco sé bien que hacer.

PD. Hacía mucho que no escribía y no esperen una coherencia. Ni siquiera lo hice para que lo lean, solamente necesitaba sacarme esto de adentro.