La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

2 de diciembre de 2011

Todo es Frágil

El tiempo libre siempre deja a mi cabeza dar dos vueltas más de las que da diariamente. Mucho más de lo recomendado. Y resultaba muy aventurado de mi parte esperar que estas vacaciones fueran la excepción. Claramente no lo fueron y acá estoy pensando mientras busco de forma desesperada el botón de off.
Hay lugares en las cuales uno no quiere estar. Yo no quiero estar. Pero nuestra presencia, la mía, resulta tristemente inevitable. Es más, ni siquiera pasa por estar en un lugar físico determinado. Diría que es un estado poco deseable. Es eso. Un estado en el cual no me abundan las ganas, o las fuerzas, o la valentía, para estar.
Y cuando digo que ‘no quiero estar’ no es porque sea un momento tan malo que nos llena de vacío. No. Casi que al contrario. El momento no es tan terrible y si bien lo que queda después es bastante feo y doloroso, a su vez resulta paradójicamente demasiado útil e impostergable. Tan útil que me asusta no tener la inteligencia para poder hacer algo con ello. No quiero dejarlo pasar pero a su vez no creo que pueda aprovecharlo. Al menos no como debería.
Hace un rato escuché una entrevista que le hicieron en Radio Mitre a Héctor Larrea. Él decía que se siente una persona frágil. Pero que sin embargo esta condición no le impidió hacer cosas en su vida. Logró trabajar de lo que gusta, ama a su trabajo, su mujer, sus hijas, sus nietos. Hizo lo que seguramente mucha gente no pudo o no se animó a hacer. Pero así y todo se considera frágil. Y explicaba que esa fragilidad hizo que sienta a flor de piel los problemas que todos tenemos en la vida. No se privó de intentar nada pero los momentos malos se le hicieron mucho más terribles y dolorosos.
Al escuchar esto me di cuenta, o confirme mis sospechas, que también soy una persona frágil. Como una copa de cristal pero más barato. Las veces que lo pensaba mecánicamente me miraba y decía que no. Que los frágiles no hacen cosas y que yo hice un montón en estos 32 años. Pero luego de escuchar esta definición de ‘un tipo frágil’ logré amigarme con la palabra y con el sentimiento de este estado. Soy una persona frágil porque los momentos malos me parecen terribles y superarlos me cuesta mucho más que la media. No lo veo como una descripción negativa en mí. Soy frágil pero eso no me impide buscar, intentar, hacer…
Y estos días, en algunos ratos, la fragilidad juega conmigo. Me cachetea. Me hacer saber que está presente. Incluso que grita que siempre lo va a estar. Pero entre líneas me hace entender que su aparición crónica no es solo para arruinarme los días muertos y las vacaciones sino para que de una vez por todas aprenda a controlarla un poco mejor. Me dice que siempre me va a doler. Siempre. Siempre la fragilidad de mi ser va a encontrar un tipo que sufre como una fatalidad algo que no debería serlo tanto. Y que a pesar de ello esa fragilidad me dará fuerzas para seguir intentando y tatuando en mi ser el “esto no puede ser todo…” y seguir.
Y sigo. Afortunadamente soy de los que siguen. Entonces seguí escuchando a Larrea y como pregunta final le consultaron cual fue el beso más significativo que recordaba. Y ahí me puse a pensar. A mi juego me llamaron. Me senté en el lugar de entrevistado y mi cabeza se puso a contestar sin mover los labios. Recordé que los más significativos fueron los besos del final. Los de las despedidas. No recuerdos besos puntuales de mi abuela, de mi mamá, de papá, de mi hermano, pero sí me acuerdo de uno casi robado. Según dicen son unos de los más lindos.
Fue al atardecer. O un rato antes, quizás como la película. De pronto me vi acompañando a alguien hasta la puerta de un edificio. Al llegar solo atinamos a darnos un beso en la mejilla y decirnos la promesa de “hablamos mañana”. Di media vuelta y me fui caminando a casa. Al llegar a la esquina respiré hondo y regresé sobre mis pasos. Te busqué y estabas en el mismo lugar donde te había dejado 20 metros atrás. Me viste. Me acerqué con pasos apurados, arrebatado, sin mucha movilidad de mi cuerpo, agarré tu cara con mis manos y di el beso más lindo que recuerdo. Creo que te dije que te quería aunque si no lo dije no importa. Te quería. Y me fui con el gusto de tu boca. Con el sabor de beso correspondido. Con la esperanza de “no todo está perdido, me quiere”. Y con muchas más cosquillas en el cuerpo que las que tenía antes. Creo que no sabía la marca que ese momento me iba a dejar pero sí sentí que había sido algo muy importante. Un momento del cual seguramente años después iba a recordar y escribir. Mi mala percepción me decía que era el comienzo de algo definitivo cuando en realidad fue uno de los capítulos finales de un libro escrito en algo más de 400 días. Quizás aun creía en el ‘para siempre’. Quizás aún no aprendí y lo sigo haciendo.
Y en esta tarde lluviosa de Mar del Plata un tipo al cual yo recordaba por el “plin plin plin” me llevo a sentir hasta físicamente el recuerdo de aquella tarde de diciembre. Me hizo sentir casi dos años después las mismas cosquillas de aquella vez. Le dio un motivo más, como si el gris de la ventana y este dolor de pie no fueran suficiente, a mi fragilidad.
Estas vacaciones van a traer cola. Espero que de las buenas. Como la de los barriletes que hacía de chico y remontaba en el campito frente a la casa de mi abuela en Punta Alta. Me refiero a que agarraba un pedazo de trapo sucio, de eso que ya estaban para tirar, y los ataba de las cañas del barrilete casero que hacíamos con mi vecino. Y de golpe, con la ayuda del viento, ese pedazo de trapo inservible, un trapo que ya había dado todo lo que tenia para dar, se convertía en una cola de barrilete imprescindible para que éste pueda volar. Era una buena cola. Muy buena. Y eso es lo que tengo hoy, la posibilidad, una vez más, de refundarme como aquel pedazo de trapo inservible. De refundarme las veces que sean necesarias. Con estas ganas y este deseo mi fragilidad pierde toda esperanza de subsistir y vive quizás sus últimos días. Esta nueva posibilidad, este nuevo “hacer” es la consecuencia de ese buscar, de ese intentar, que en estos últimos años me identifica más que el nuevo DNI que aun no fui a tramitar.

“Todo es frágil: Tu costumbre de amarme; mi fe; el silencio; y la vida que duerme en un vagón de tren. Tu contrato fugaz; la memoria; este hilo de voz; las quimeras que surcan estrechos; y este corazón que persigue tu rastro en la alfombra de la habitación. (…)

Yo soy frágil como un cristal: Si falta usted a esta cita mi amor; Si el canto de llena de olvido; Si el recuerdo se va y ya no ríe conmigo. Quizás no seamos héroes pero aun seguimos vivos. (…)

No se quedará inmóvil al borde del camino. Y hará futuro su fuerte fragilidad.”

Ismael Serrano.

4 de noviembre de 2011

Un días más...

En esta noche de domingo me veo nuevamente en una plaza. Siento que le hago un guiño burlón a mi ex psicóloga de Mar del Plata. Ella siempre me decía “tu libro se tiene que llamar ´Plazas y Terminales´ porque todo te pasa o lo sentís en esos lugares. Son tuyos”. Así que acá estoy. Esta vez en Yerbal y Rojas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires aunque creo, sin estar seguro, que estoy estrenando banco. Apostaría que nunca me senté en este lugar.
Hace un rato decidí salir de casa. Dejar el departamento para despejarme. Buscar “no pensar” aunque eso no me pasa casi nunca. Me mentí. Tendría que haber sospechado cuando antes de salir agarré mi cuaderno de notas y este marcador negro que mancha o decora sus hojas. Quizás el salir de esos metros cuadrados era la excusa para saciar mis ganas de escribir. Éste es uno de los pocos ítems en los cuales me puedo satisfacer y debería estar permitido darme estos pequeños gustos. Algo así como seguir buscando un tonto alivio. Intentar dejar de mirar mi teléfono. Entender que por mas que lo ojee no va a sonar. O que si lo hace el mirarlo no será justamente la causa que lo provoque.
Me vine a este lugar con mis Jeans gastados. Sweater a rayas que obviamente eligieron por mí. Zapatillas no deportivas por consejo de Laura (AMIGA y ex compañera de laburo). Y mientras escribo frente a un tacho de basura y un viejo árbol, que vaya a saber uno que fruto extraño tiene, me doy cuenta que en dos hojas de este cuadernito puse dos veces la palabra “ex”. Símbolo innegable de pasado. De algo que estuvo y no está. Y mientras un señor pasa con la camisa colgando desprolijamente fuera del pantalón, maldigo mi maldita costumbre de mirar hacia atrás y pertenecer a un estúpido, y errado, club de todo tiempo pasado fue mejor.
Quizás algún día vea que todo tiempo pasado fue pasado. Incluso hasta aceptaría un quejoso “pisoteado”. En fin, que “fue” y hay que dejarlo ir. Sin embargo en noches como estas reflota lo peor de mí. Algo así como esa frase de canción que dice “el tipo que detesto no se va”. Sigo conviviendo y penando con mis pesadas noches de viernes, Sábados, Domingos y Feriados a la noche.
Entonces decidí salir de casa. Salí del edificio. Levante la vista por primera vez en estas 24hs. Veo el mismo estacionamiento de siempre. Viejos balcones donde habitan dos perros en el primero y un bebe en el segundo. Una cochera, algo así como una terminal, de la línea 136; al lado un edificio que según me contaron no ama precisamente su cotidiano movimiento diurno y nocturno. Sin embargo a esta hora de la noche, casi Lunes, Caballito parece intentar dormir en paz. Me lo imagino como un señor con barba blanca. Camiseta, obviamente, color verde. Viejos posters de Gribuol y el Beto Mársico pegados en el pasillo que va desde el baño a la habitación. Gorrito con pompón haciendo juego con el resto de la vestimenta. Pantuflas forradas con la tela mas suave del mundo. Cama de una plaza. Dos Almohadas. Tos de pucho de 20 y pico de años de fumador. Y su Radio AM, bien fuerte, apoyada en la mesa de luz. Así, como todo un personaje, buscando dormir y enterrar un domingo movido. Es que hoy no fue un día mas por estos lados. La calle se nos llenó de Policías, Ambulancias, Humo y dos Autobombas del cuartel de Caballito. Parece que por un tiempito ya no podremos pedir comida en “Pollo Trak” de calle Parral. Parece que el presente sumó un nuevo sabor al paladar de los recuerdos. El presente escribió con tinta china una nueva hoja en el pasado y los recuerdos. A “falta” de nostalgia ahora me toca añorar el sabor del pollo a la parrilla; También supongo que en la estación Primera Junta del subte A alguien dijo “basta para mí” y llenó la vereda de coches de criminalística y peritos de la federal; Y también parece que en mi casa, la de prestado, no debería haber 3 cajas de Cindor vacías en la basura. Y mucho menos que las haya vaciado yo.
Todas estas son imágenes del después. Del pasado también. De lo que ya no cambia. No se puede. No vale. No. Es como la tierra que cae sobre un cajón de madera que baja dos metros; como la fiambrera en un accidente de tránsito; como la fría morgue de un hospital. Todas señales del después. Ya no hay nada que arreglar. Es el punto final de los finales. Aun que siempre está pendiente la opción de los dos puntos suspensivos siguientes.
“La experiencia es un peine que te da la vida cuando te quedas pelado” decía un viejo boxeador que nunca pudo llegar a viejo. Sabes? Tengo un peine hermoso Ringo. Casi tan lindo como mi prominente pelada. O como mi pelo que se va y se va. Lo mas real, lo mas presente, que tengo es este cuaderno anillado y este marcador que escribe mi pasado. Pone en papel mi nostalgia. Es testigo de mis análisis del estilo “quizás me apuré” o “con el diario del lunes” cambiaria tal o cual cosa. Quizás hasta aprendería a callarme y esperar. O tal vez podría tapar el silencio con palabras justas y necesarias. Puede que un día me sorprenda y aprenda a no ser tan valiente para algunas cosas y tan cobarde, o auto protector, para otras.
Se apaga un burlón domingo de barrio. Frente a mi veo el tacho de basura y un viejo árbol de la Plazoleta Crisobulo Larralde de Caballito. Me levanto, miro un charco de agua bajo la luz de neón y en el reflejo veo a un tipo que ante la falta de teléfono que suena; de timbre de portero que suene; de mesa libre en algún bar porteño; se sienta en este banco de madera de Yerbal y Rojas a buscar al menos el tonto alivio que le dé un guiñó a la semana que empieza en horas. Uno a favor, sin tanta nostalgia de pasado, y menos tiempo para pensar… aun que sea imposible dejar de hacerlo. Aun que al caminar en sentido contrario por las mismas veredas que me trajeron acá me encuentre a mi mismo esperándome en casa. Dicen que “Para regresar y para casi todo es tarde. Pero quién diablos quiere regresar si lo que cuenta es aprender que no está perdido aquello que no fue”. Al menos eso dicen…

PD. Iba a borrar la parte del accidente en el Subte A. Hoy es viernes y todo lo relatado fue hace cinco días. Luego me enteré que fue en otra estación y no precisamente un accidente. No suelo hacer esto pero… Si alguien sabe algo, es tan chico este mundo que quizás alguien lee, sería bueno que puedan acercarse a colaborar. No voy a detallar lo que pasó por acá, solo copiar y pegar esta parte que me parece importe. Gracias.
“Para esclarecer el hecho, la fiscal Ana Cristina Yacobucci solicitó a través de un comunicado se presenten testigos a declarar a la fiscalía ubicada en el décimo piso del edificio ubicado en la calle Tucumán 966 en el horario de 7:30 a 13:30.”

25 de octubre de 2011

Mi casa

Hace un tiempo escuchaba un programa de radio y alguien, creo que el ex Ministro de Economía Lousteau, dijo una frase que me quedó presente. Le preguntaban en que invertir el dinero y luego de los consejos financieros agregó que la plata que uno gasta en arreglar o ampliar su casa nunca es una perdida. Que quizás es algo que no se recupera en lo material pero si en lo espiritual. Dijo “Nunca se olviden que tu casa es el lugar donde querés volver cuando tu día fue una mierda”. Así que toda la plata del mundo es poco para darnos ese gusto de comodidad.
El finde me di cuenta que siento a Mar del Plata como mi casa. Mi ciudad. Mi lugar. Camino por sus calles y la siento mía. Tomo un taxi al llegar a su terminal e interrogo al taxista como queriendo que me ponga al tanto de lo que pasó todo este tiempo que no estuve. Viví ahí casi cinco años y en ese tiempo creo que, salvo recibirme, logré todo lo que antes no había podido hacer. Fue el lugar de varias de mis primeras veces. Fue testigo de los pasos más importantes y fundamentales de mi vida.
Pude tomarme revancha del fracaso laboral de Buenos Aires; logré amigos que siento que mas allá de la distancia van a estar cerca toda la vida; aprendí o intenté por primera vez lo que era pensar de a dos, y hasta llegué a pensar en una vida de a cuatro. Pude soñar, con más miedos que errores, en armar una familia. Tener, al fin, esa casa que no tuve en mi infancia.
Por todo esto es muy difícil sentirme parte de esta ciudad de la costa atlántica que me enseñó a caminar desde el 2006. Nací en Punta Alta. Estoy orgulloso de eso. Pero me siento mucho más cerca, me motiva mucho mas, armar el bolso para volver a “la feliz”. Me hace sacar fuerzas para ir a pesar de las odiosas terminales que me cuesta tanto enfrentar. A los viajes de a uno y sin despedidor. Me da fuerzas para enfrentar la nostalgia de estos lugares de bienvenidas y despidas. Me hace sentir que vale la pena.
En otras oportunidades he contado mis ganas de vivir en Buenos Aires. Aquella primera visita en pleno Mundial 86. Aquel llanto por no quedarme. Y el estar hoy acá es una muestra tangible de que hay cosas que puedo planear, proyectar, y concretar. Pero a pesar de esto, de esta elección de vida, no me siento de acá. Seguramente continuaré y terminaré mi vida acá pero no lo siento como mi lugar. Me ha dado mucho pero hoy, más grandes que aquellos 21 años del 2000, puedo afirmar sin temor a equivocarme que no es mi lugar. Y al decir esto no me refiero que quiera irme.
Quizas el motivo mas real que explique este sentimiento es que Mar del Plata tiene mi pasado: Bueno y Malo. Y tiene gente que me quiere y quiero. Sin embargo hace casi dos años estaba mas que dispuesto a mudarme a un pueblito de no más de 10 mil habitantes. Y esas ganas tiraron por el piso mi teoría de ser un bicho de ciudad. No me importaba cuando asfalto había, cuantos kioskos abiertos las 24 horas, me importaba algo mas. Lo mas importante, estar con la gente que quería, con quienes con medio mimo me hacían sentir el hombre mas importante y completo del continente. Entonces, teniendo en cuenta esto es que pienso que en realidad no somos de ningún lugar y a la vez somos de todos los lugares. Pienso que una partida de nacimiento, un cambio de domicilio en el DNI, o un pasaporte, no nos dice cual es nuestro lugar. Lo que lo hace nuestro es la gente que lo habita y que respira el mismo aire. Los que queremos que estén siempre. A los que queremos que nos vean bien. A esos que cuando ya no tenemos más fuerzas para hacer algo por nosotros lo intentamos al menos por ellos. Por todo el aguante en las malas. Porque sabemos que eso, en algún punto, les va a iluminar la cara y les va a dar cierto orgullo de que formemos parte de sus vidas.
Algo así pasó en mi viaje anterior. Eran buenos días, se estaba nublando pero básicamente eran buenos. Casi que muy buenos. Y entonces muchos días antes pensé el viaje, el itinerario, contaba las horas para que llegue. Me sentía bien y tenía muchas ganas de compartir esos días, y de que la gente que siempre estuvo en las no tan buenas me vea bien. Completo. Lleno. Acompañado.
Este sábado a la mañana me dijeron lo que quizás no tenía ganas de escuchar. Fue algo bueno pero en parte fue como hacerle un guiño a la melancolía y decirle “vení”. Me contaron que desde aquella visita en Agosto fui en varios encuentros motivo de conversación. Frases del estilo “que bien se lo ve a Ramiro, esta como siempre quisimos que esté”. No pude mantener mucho aquella imagen pero si la tengo en el recuerdo como un lugar, un estado, al que aspiro a llegar nuevamente.
Y ese estado lo logré cuando decidí arriesgar e irme a ese pueblo, y me pasa actualmente con Mar del Plata. Más allá de la partida de nacimiento o este viejo DNI que empieza con 27 millones.
Entendí que me sobran muchos dedos de una mano para encontrar acá lo que tengo allá. En dos días compartí barras, mesas de café o de pizzería en la cuales me di cuenta que no había mucha gente que me haga sentir así.
Me sentí en casa. El sábado volví, y mas allá de la nostalgia, las veredas o las barras otrora compartidas, fue muy bueno sentir que el aire sabe a sal.

27 de septiembre de 2011

Mas años que promesas

Ahora que cumplimos mas años que promesas, paso a "papel" mi lista 2011. En doce meses, o en varios años veremos cuanto de cierto tiene el gordo en esta frase.

1.- Volver a las terminales donde encontré, y perdí, parte de mi vida. Caminar de nuevo, buscando un mejor final, por lugares que me han visto sonreír y llorar en cada paso: Punta Alta, Liniers, San Justo, Gonzales Chaves, Tres Arroyos, Mar del Plata…

2.- Aceptar, el 100% del tiempo, y al 100% de mi capacidad, que tengo una enfermedad crónica y que depende absolutamente de mi hacer algo con eso.

3.- Enamorarme de mí como lo hice de otras personas. Y apostar por mi vida como lo hice por ellas.

4.- Ver a Ismael Serrano en el Rex pero como local, viviendo en Buenos Aires. Como hace años lo hice con Sporting en Mar del Plata.

5.- Ver a Iván Noble en el Opera. Romperme la garganta con cada canción de Rock y romperme el corazón con cada canción de desamor. Inundarme de pieles de pollo y llanto del lindo. De ese que cuando se va me deja mas liviano, en paz, y con una base de esperanza de que otro mundo es posible.

6.- Ocupar una de mis noches porteñas riendo, cantando, con Dolina y su “La Venganza Sera Terrible”.

7.- Buscar mi segundo departamento en Buenos Aires. Llenarlo de muebles, vida y compañía como intenté alguna vez hacerlo en Mar del Plata.

8.- Sentir el placer de tener la llave en mano. Guardarme el secreto hasta lograrlo y entrar a mirarlo, vacio, pensando escenario de cuantas cosas lindas será.

9.- Arreglar con Pitu el envío de mis porquerías desde Mar del Plata. Sentir que está todo acá, que es un buen punto de partida, que ahora que estamos “juntos” solo queda sumar para echar esa soledad.

10.- Pedirme en el trabajo mis dos días de mudanza.

11.- Aprender a vivir conmigo y dejar, al menos por un rato, de sobrevivir.

12.- Ir a San Juan a ver a Facu. Si lo puedo hacer acompañado mejor, pero si no se puede al menos tener la fortaleza suficiente para bancarme ese rato de soledad que va desde despedirme hasta llegar al hotel donde pare para poder dormir. Que la espalda no me quede chica.

13.- Verlo jugar en las inferiores de San Martín y llenarme la garganta con un grito de gol y el pecho de orgullo. Como pensé en algún momento hacerlo con Julián hace un año atrás.

14.- Filtrar mis txt del blog y corregirlos para poder hacer un poco mas legibles. Un poco mas “profesionales” y masivos.

15.- Publicar la primera edición en papel de El Tonto Alivio de Escribir.

16.- Disfrutar, años después de aquel Noviembre del 2005 en Punta Alta, la presentación. Sentir nuevamente esa linda adrenalina y la sensación de ser protagonista de la noche.

17.- Dormir con la cabeza pensando en una panza y sus protagonistas

18.- Tener la misma cara que tenía Lotito del 22 de Agosto cuando lo vi en esa habitación.

19.- Que mis ojos se inunden de picazón, sin querer que termine, al ver una imagen similar a la que brindaba Laura esa misma tarde. Saludar a los visitantes y al hacerlo pensar “no puedo creer que me toca estar a mí de este lado”.

20.- Tener ganas, y valor para volver a Punta Alta, y que no duela. Al menos no duela mas de lo necesario.

21.- Volver afónico a casa luego de vivir una tarde inolvidable con Sporting haciendo historia en el Argentino B o la Copa Argentina.

22.- Preparar un desayuno tan rico como el que hice a fines de Julio. Y que el día siguiente no traiga sorpresas desagradables. Sacarle la palabra “fin” a la frase “el principio del fin”

23.- Festejar mi cumpleaños con una gran fiesta. Sin miedos y sin ganas de evitar a los que quiero y me quieren. Solo yo, con mi saco blanco, y ellos con caras de “que bueno”.

24.- Encontrarme con Franck, Iris, y Louis, en Francia

25.- Caminar despacio bajo la lluvia en las calles de Paris.

26.- Ir a San Nicolás a cumplir mi promesa un 25/9

27.- Correr a las 2 am para saciar algún antojo… ajeno.

28.- Recuperar, en realidad encontrar por primera vez, mi resistencia física.

29.- Dejar el cigarrillo.

30.- Planear por primera vez unas vacaciones. De esas programadas, de a dos…

31.- Repirar aire limpio, disfrutar el sol, y mirar hacia arriba mientras achico los ojos diciendo gracias.

32.- Conocer Madrid

Gracias por los saludos, que ya llegaron, los que seguramente llegarán, y los que esperaré eternamente a pesar de su inevitable e irreconciliable ausencia.

17 de septiembre de 2011

En estos días...

Desde hace unos días la muerte convive conmigo. No sé bien cuando pasó pero está acá y no puedo disimular y mirar para otro lado. Ella me mira, comparte mi mesa, me respira en el oído, su aroma me inunda, su aliento me humedece el cuello, se acuesta conmigo en mi cama, me despierta a la mañana, me ayuda a pedirle “un ratito mas” al despertador, me acompaña a trabajar, y hasta incluso se sienta frente a mi mientras escribo estas líneas y saboreo mi café en la casa del señor King.
Anoche miramos TV juntos. Y se ocupó de pincharme con su aguja de tejer ante cada escena tonta, de una novela aun mas tonta, buscando la presencia de mis lágrimas. Sin embargo aun no puede con la fortaleza de mis mejillas ni con la barrera que mis cejas le ponen a estos ojos húmedos cada vez mas difíciles de controlar.
La muerta está acá. Al lado mío. No la veo, no sé como se viste. Es invisible a mis ojos pero está acá y ante cada paso, y contrapaso, me dice que nada ni nadie es irremplazable. Ni siquiera yo. Me repite una y otra vez que solo ella lo es.
Y ante semejante evidencia hay veces en las cuales uno debe aceptar las cosas como son. Y lo hago. Quizás por eso no me asusta. La acepto con resignación y con un plus de ganas que me hacen seguir a pesar de saber que es la única batalla que ya tengo perdida de antemano. O quizás no me asusta porque en algunos ratos, quizás en este, siento que no existe algo, tangible o no, que quisiera seguir teniendo con todo mí ser. No está aquello que no quisiera perder por nada del mundo.
Seguramente es eso lo que hace todo un poco mas soportable. Esta eterna nube negra que no se mueve, que no deja entrar ni un puto rayo de sol. Esta sensación de vivir bajo un opaco eclipse de sol sin fecha de vencimiento donde los problemas dejaron de serlo, al menos tan fatídicos, porque ya nada importa tanto como para llorar y emocionarse de la boca, o de los ojos, para afuera.
La muerte vive en mi casa y siempre que giro los ojos hacia ella veo, ya sin miedo, que me mira y me sonríe. Que me llama por mi apodo. Que somos casi dos viejos conocidos. Que nos entendemos con una simple, tímida y fría mirada. Y mientras lo hacemos me pongo mi viejo sombrero de capitán de barco y miro la larga huella que voy dejando a mi paso. Un franja verde de luz que surge al remover el fondo del mar. Un fondo no siempre bueno, ni tampoco tan malo.
Como miedo no le tengo supongo que todo podría estar mejor. Supongo que conozco el peor de los lugares y entonces es lo mas parecido a haber tocado fondo. Me refiero a eso de que “queda todo por lograr”, ya no hay “nada que perder”. Pero lo peor de estar en el fondo no es el lugar, lo peor es tener miedo de no poder subir mas. Lo peor es toparse con un espejo y ver que ante cada triunfo ajeno lo sentimos como una derrota propia. Por envidia, egoísmo, pobreza espiritual, no importa q palabra defina ese sentimiento. Importa que está y se siente tal cual lo escribo. Y solo me sale gritar “cuídense de mí”. O quizás “ayúdenme a cuidarme de mi”. De la forma que puedan. De la forma que les salga. No habrá reproche si lo hacen. Hay cosas que no suman. Mi presencia en días como este no suman. Mis silencios le ponen palabras a ese no sumar. Y si hoy me cruzan les puedo hacer tanto mal que luego de hacerlo me sentiría aun mas bajo. Sería como descubrir que no estaba en el fondo, que había un subsuelo mas. En estos días, con la muerte gastando mi mismo aire, siempre lo hay.

PD. Este texto es del 2010. No recuerdo bien la fecha. No me confiaría de lo que dice el archivo de Word, pero es del año pasado. Por algo no lo subí en ese momento y supongo que por algo lo subo hoy. Tenía que estar. Tarde o temprano, tenía que estar.

12 de septiembre de 2011

Ahora

Soy, por fin, experto en amores imposibles.
Y conozco los verbos que riman con fracaso.
Apendrí con los años que el odio dura un beso
y el futuro está escrito en lo que nunca hicimos.

Sé que el pecado fue no comer la manzana.
Y que nada es eterno, salvo que tú me ames.
Que los únicos dioses tienen carne de hombre
y la única conquista es la de tu mirada.

Ahora, en esta noche, mientras hago recuento
de una vida que ha sido un puñado de polvo,
sé que tu amor ha sido mi más bella victoria.

Por eso ahora te escribo, al filo de los días,
cuando ya estás lejana. Cuando sé que no eres
más que esa palabra que no supe decirte.

Rodolfo Serrano

5 de septiembre de 2011

Del Montón



Eran los ojos más tremendos del barrio pero el trabajo sucio lo hacían sus labios. "Mordelos si te gustan", me dijo por torearme y yo salí corriendo por el puente colgante de sus besos, cargados de pecado, sabiendo que plantaba frutillas en un campo minado...
Yo soy del montón pero juego en primera, enterate muñeca que yo soy del montón si vas a enredarme hacelo con clase, corazón...
Antes de conocerla yo era un viejo soldado con las botas bien puestas y el orgullo blindado. Ahora, si de noche no me abrazan sus piernas, soy un perro perdido en medio de una tormenta desastrosa. Y vos, de madrugada, jugando como loca al Ta-Te-Ti entre el adiós y la nada...
Yo soy del montón pero juego en primera, enterate muñeca yo soy del montón pero si vas a dejarme hacelo elegante, corazón...
Yo me quedo con las ganas de quedarme en tus mañanas. Le dimos tiempo al tiempo y eso es muy peligroso. Compañera: el tiempo es un limado que atrasa los relojes de arena y se lava las manos...
Yo soy del montón pero juego en primera, con cuidado muñeca que yo soy del montón si vas a olvidarme hacelo con guantes, corazón...

Iván Noble
Del montón
La Parte de los Ángeles (2011)

20 de agosto de 2011

Bienvenida a este Lío

La tarde de Buenos Aires no deja nacer el sábado. Este sábado víspera de feriado, de lunes libre, de tres días tan largos e interminables como cortos y efímeros.
Sentado sólo en esta mesa para cuatro, Caballito me muestra una imagen similar a la que seguramente se ve en los otros 99 barrios porteños. Ni las nubes negras con ganas de lluvia, ni el pronóstico de frio polar, puede evitar ese ida y vuelta constante de grandes y chicos en busca de regalos para el día del niño.
Seguramente lo están esperando pero no voy a hacer un repaso memorioso sobre mis recuerdos de esta época del año. No es solamente por falta de ganas de bucear en la nostalgia propia sino porque el tiempo pasa y la memoria ya no es la misma. Tengo una mezcla de recuerdos y no podría identificar si tal o cual momento paso en Navidad, Reyes o en un día como mañana. Ni siquiera sé si los regalos recibidos fueron por estos motivos o simplemente llegaron en forma de mimo para el nene caprichoso y malcriado que siempre fui.
Sin embargo, por algún motivo que aun me cuesta identificar, estos días tienen algo especial. Es como si algo o alguien este ocupado y preocupado para que no lo sienta como un momento más. Como si quisieran que reflote esa sensación de inocencia tan lejana y tan necesaria. Sensación que recuerdo haber guardado junto a mi ex juguetes en una vieja y húmeda caja de cartón en el galpón de la casa de mi abuela materna. Esa misma casa que me duele mucho recordar y a la cual evito pisar desde que ella ya no está.
Y de golpe, mientras tomo un McCafe de Capuccino Mocco a dos cuadras de Parque Rivadavia, se me viene a la cabeza que mañana nace Milena. Y con ese recuerdo se me hace imposible disimula la sonrisa y empiezo a entender un poco más el motivo de esta sensación de no ser una momento más en mi vida. La gente me mira sonreír sólo en una mesa de cuatro y trato de evitar llamar la atención pero ni siquiera mi bufanda, ya inundada de perfume francés, puede evitar que se me note. Es una sonrisa con cara completa, y se ve desde la frente arrugada hasta el punto donde termina la pera.
Y de golpe me acuerdo que ayer alguien escuchaba “No Basta” de Franco de Vita y mientras lo hacía me contaba que se lo hicieron escuchar en el curso de parto y que desde entonces no podía evitar ponerlo una y otra vez. Y ese comentario tan simple me hizo darme cuenta que mil veces la escuché pero siempre desde el lado de hijo mirando de reojo al padre y nunca desde el otro lado. Nunca cruzando la vereda.
Sigo en esta mesa sin compartir y por la ventana veo como el semáforo pasa del verde al rojo, y mientras lo hace el paso cebra se llena de gente que aparece de la nada e inunda la calle como si fuera la escena de “The Truman Show” donde el protagonista se quiere escapar y aparece gente que le interrumpe el paso para que se quede.
Entre esa gente me vi yo con mis 5 o 6 años entrando de la mano de mamá y papá por primera vez en el Cabildo, o caminando por Plaza de Mayo, en Junio 1986. Me vi igual que aquel año en pleno Mundial de México donde recorría por primera vez las calles desbordadas de cemento de esta ciudad.
Siempre me acuerdo del fin de ese viaje. De Retiro. De mi viejo sobornando en la aduana del Puerto a dos policías para que no nos demoren y lleguemos a tiempo al colectivo. De mi inocencia, quizás perdida o quizás oculta, de no entender por qué había que darles Australes a esos “señores”. De la imagen de las luces de Buenos Aires que veía por la ventana cuando volvíamos a Punta Alta en colectivo. De no poder parar de llorar por mi viejo y por la ciudad que dejaba. Hoy, 25 años después, estoy acá con el McCafe ya vacio. Jugando con los sobres de edulcorantes y escribiendo en una libretita robada mientras trato de disimular nuevamente con la bufanda esta picazón de nariz.
Hoy Buenos Aires me sigue pareciendo inmenso. Y ya sin papá ni mamá cerca; lejos de las coimas del puerto; de la terminal de retiro; y de aquella noche con luces de ciudad; la sensación es la misma. Ciudad inmensa donde de a ratos quiero y no quiero estar.
Y mientras hago repaso y trato de buscar calmantes para el dolor de ojos de tanto mirar para atrás, me acuerdo nuevamente que mañana nace Milena y no lo puedo creer. Y si no lo creo que yo, que casi toco de oído, no puedo imaginar lo que sentirán los padres. Pienso en la cantidad de días del niño que han vividos ellos en el papel de hijos, nietos, tíos. Y de golpe… a esta pendeja se le ocurre nacer justo el 21 de Agosto de 2011.

¡Mile! cuando te vea voy a pensar “No sé qué decirte…” y tampoco sabré que decirle a tus viejos. Con vos empezaría con un “Tú mamá es una genia a la que vi demasiadas pocas veces para mi gusto pero que siempre la sentí cerca. Tanto que si me dicen q está acá al lado revolviéndome el café, lo creo. A tu viejo lo vi una sola vez en mi vida pero ante cada “A” que escucho sobre él lo siento como uno de los míos. De mi lado. Como alguien que lejos o cerca está parado en la misma orilla que yo y mirando hacia el mismo lado”.
Sabés? Desde que volví de Mar del Plata, hace casi una semana, tengo en la cabeza esa canción de Serrat que dice “De vez en cuando la vida te besa en la boca…” y a pesar de esas sensaciones de eternos e inevitables tropiezos que a veces sentimos creo que realmente es así. Me pasó hace una semana. Me llenaron de mimos. El viaje, la compañía, los abrazos de reencuentro, y hasta la terminal y las despedidas.
Los momentos mas lindos son cuando ella, la vida, me sorprende y “toma conmigo café. Y está tan bonita que da gusto verla. Se suelta el pelo y me invita a salir con ella a escena”. Es lo que te espera en este lugar. Aunque mas no sea en un McCafe de Caballito, a dos cuadras de Parque Rivadavia, en una ciudad que a pesar de estar invadida de chicos y juguetes, no deja a esta tarde convertirse en sábado.
Bienvenida a este lio princesa, Bienvenida.


25 de julio de 2011

Contramano

Como hincha de Sporting estoy cansado de perder finales. Desde los desempates de la década del 80 contra Olimpo, hasta la del domingo ante Liniers por el campeonato local de la Liga del Sur. Estoy cansado. Quizás debería quedarme con el vaso medio lleno y pensar que el esfuerzo y el premio fue llegar hasta ese partido pero sin embargo lo que me sale es un: “Estoy arto de perder finales”. Me jode. Me jode mucho.
Me acuerdo una final que perdimos de visitante con Huracán de Tres Arroyos. Era noviembre de 1998 y en la última fecha de la zona teníamos que ganar para seguir con vida en aquel Argentino B. Perdimos 4-1.
Ese día me fui a Tresa por las mías. Me había “ofendido” porque la Pocha Moyano no me había reservado el pasaje que le encargue para ir a Mar del Plata unas semanas antes entonces averigüe que colectivo me llevaba, me dibujaron un mapita de cómo llegar desde la terminal al estadio, y me fui por las mías. El partido era a las 21.30 y yo paseaba por la plaza de ese maldito pueblo desde las dos de la tarde.
Di mil vueltas hasta que se hizo la hora del partido y me fui a la cancha. Después de un primer tiempo parejo, en el segundo nos mataron. Hasta los primeros 40 minutos los aguantamos pero luego ya no.
Pasadas las once de la noche ya estaba en la terminal esperando el colectivo de regreso. Hoy puedo decir que en aquel lugar tuve mi primer gran encuentro con el desencuentro. Como no había nada directo que me llevara entonces debía esperar que algún micro que llegaba de Buenos Aires tenga algún asiento libre. Los primeros diez no lo tenían, y a partir del once ya me dio fiaca ir a preguntar. Ese once, ese “El Rápido” que las veces anteriores tenían choferes que me respondían “no, voy a Mar del Plata” era el que tendría que haber tomado pero claro: No Pregunté!. Lo vi llegar. Estacionó ocho plataformas más lejos de mi lugar. Y lo vi partir. Al hacerlo escuché el altavoz que decía “Acaba de partir la unidad 235 con destino a la Ciudad de Punta Alta”…
Así empezó una larga seria de desencuentros. Una larga lista de viajes a contramano. De esos que cuando vamos, vienen…. De esos que cuando vienen, vamos…
La noche tresarroyense siguió y a eso de las cinco de la mañana me subí en “El Centenario” que unía Retiro con el Chocón. Me dejó en Bahía y al bajar tomé la 319, creo que en esa época aún era “La Acción”, hasta Punta Alta. Cerca de las 10 de la mañana del lunes se había terminado aquella travesía que comenzó un domingo a dos de la tarde.
Ese fue el fin de un día demasiado largo, pero el comienzo de un montón de idas y vueltas lleno de derrotas futboleras y de viajes a contramano. Mis inexpertos 19 años creo que fueron demasiado poco como para darse cuenta lo que estaba pariendo. Nunca imaginé, hasta hace unos minutos, que ese sería un largo camino que aun hoy, con casi 31 primaveras y casi 32 inviernos, aun debería recorrer.
Desde aquel Noviembre del 98 odio las terminales. Desde entonces vivo a contramano de los lugares donde quiero ir. De las personas con las que quiero estar. Discuto en silencio con los choferes que no me dejan asientos libres. Tengo esa extraña relación con los colectivos que me llevan a donde no quiero ir; y con los que me dejan parado a mitad de la banquina cuando lo que más quería era viajar aunque mas no sea trepado del estribo.
De eso estoy hecho. De terminales, despedidas, plazas y viajes a contramano. Quizás por eso, por esas bases, logre formar en mi una especia de callo plantal. Esa piel dura en el medio del talón con el cual no sentimos nada al pisar descalzos. Ni siquiera me duelen esas piedritas de playa. O quizás sí, quizás soy como un galán que le duele todo pero como hay gente no quiere dar el brazo a torcer. Quizás esos caracolitos con forma de cuchara se clavan en mi talón y me duelen. Quizás tengo hasta sangre pero prefiero no mirar y seguir caminando. Quizás llegue al mar y el agua con sal haga lo suyo y cure lo que tenga que curar. Y hasta quizás descubra lo lindo de las duchas en casa, sin arena que queme, sin piedritas que molesten, y sin sol que ciegue.
Estoy cansado de perder… finales y todo lo demás. Aun que con el fútbol se me va la infancia y ese sentimiento de hincha, pero con “todo lo demás” se me va la vida. Eran mucho más amables esos choferes que me decían que no había lugar. Prefiero a esos con cara de otarios que disfrutan con cada “no” a estos que me dejan parado en la ruta y en sus asientos llevan parte de ese corazón que cada tanto, muy cada tanto, dejo de propina en alguna que otra mesa de luz ajena.

23 de julio de 2011

El chico de los mandados



Es de noche y en la ruta hay mil camiones; venís dormida, pésima copiloto. Yo clavo los ojos en la niebla, me pongo a pensar que va a ser de nosotros: Si seguimos soñando con freno de mano, si subimos andamios con los cordones desatados.
Vos decís "a todo a nada". Te juro que desde arriba, solo se empiezan pozos. La paciencia es un bosque helado a donde acampan los corazones rotos. ¿No te duelen los ojos de tanto mirar para atrás?. No convides tormentas, si voy a surfear desencantos.
Voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo
para ser tu chico de los mandados. Voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo para ser tu chico de los mandados.
Y el pasado se para de manos, los porvenires huelen a trapo viejo. Yo no gasto a cuenta de palabras pero decime de que estuvieron hechos los "te quiero" temblados al borde del río. Yo vengo muy abollado para comer vidrio de tus labios.
Voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo
para ser tu chico de los mandados. Voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo para ser tu chico de los mandados.
Y me voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo para ser tu chico de los mandados.

Iván Noble
El chico de los mandados
La parte de los Ángeles (2011)

16 de junio de 2011

Lara



Lara está creciendo a pesar suyo descubriendo que crecer es ir perdiendo las ventajas que nos daba la niñez. Lara está creciendo a pesar nuestro sorprendiendo por lo rápido que pasa el tiempo y en el horizonte la vejez.
Lara atravesando el túnel de la confusión, Lara que no sabe lo que es bueno y lo que no. Lara pretendiendo ser más rápida que el viento y escogiendo sólo aquello que la vida nos regala con placer.
Lara que se siente triste que se siente rara, Lara hace equilibrios en el puente que separa el pasado del mañana.
Lara discutiendo lo sencillo y lo complejo, ignorando los consejos, inventando por sí misma el devenir. Lara decidiendo qué hay que hacer con este incendio y se quema con el fuego de la vida y el impulso de vivir.
Lara atravesando el túnel de la confusión, Lara que no sabe lo que es bueno y lo que no. Lara está creciendo y se observa en un espejo que confunde su reflejo pero busca porque quiere ser feliz.
Lara que se siente triste, Lara que se siente rara, Lara hace equilibrios en el puente que separa el pasado del mañana.

Pedro Guerra
Lara

PD. Ayer fue el cumple de un Reina y me acordé de esta canción. Hacia mucho que no la escuchaba. Descubrí, nuevamente, que esta canción es hermosa. Casi casi como la cumpleañera, pero no tanto...

9 de junio de 2011

Hay que vivir



Habrá que hacernos a la idea que sube la marea y esto no da mas de sí. Habrá que darnos por vencidos y echarnos al camino que no hay nortes por aquí.
Al sueño americano se le han ido las manos y ya no tiene nada que ofrecer; sólo esperar y ver si cede la gran bola de nieve que se levanta por doquier.
¡Hay que vivir, amigo mío! Antes que nada hay que vivir, y ya va haciendo frío, hay que burlar ese futuro que empieza a hacerse muro en ti.
Habrá que componer de nuevo el pozo y el granero y aprender de nuevo a andar. Hacer del sol nuestro aliado, pintar el horno ajado y volver a respirar.
Quitarle centinelas al parque y a la escuela, columpios y sonrisas volarán. Sentirse libre y suficiente al cierzo y al relente, mientras se va dorando el pan.
Habrá que demoler barreras, crear nuevas maneras y alzar otra verdad. Desempolvar viejas creencias que hablaban en esencia sobre la simplicidad.
Darles a nuestros hijos el credo y el hechizo del alba y el rescoldo en el hogar. Y si aún nos queda algo de tiempo, poner la cara al viento y aventurarnos a soñar.
¡Hay que vivir, amigo mío! Antes que nada hay que vivir, y ya va haciendo frío, hay que burlar ese futuro que empieza a hacerse muro en ti.

Ismael Serrano

6 de junio de 2011

Tan sólo tu...



Tú me das, las cosas que yo quiero cuando menos me lo espero. Tú me das, el aire que respiro. Tú serás, lo que tanto buscaba y yo creía que no existía. Tu vendrás, robándome la vida pa’ fundirla con la tuya. Y que será de mi cuando en tus brazos yo descubra que tú serás el cielo que jamás podré tocar. Es imposible ya lo sé, abrázame...
Tú me das un golpe de energía cuando estoy sin batería. Tú me das, la vida en un instante. Tu serás, la historia más bonita la que nunca se te olvida. Tú vendrás, entregando tu vida para hacerte con la mía. Y que será de mi cuando en tus besos yo entendía que tú serás el cielo que jamás podré tocar. Es imposible ya lo sé, que tan solo tú me das la vida que yo siempre quise para mí. Pero es imposible ya lo sé, perdóname.
Por pensar solo en mí. Por no darte más de lo que te doy. Por amarte simplemente. Lo que no puedo hacer. Si tú quieres, si puedes, olvídame tú...
Tú serás el cielo que jamás podre tocar. Es imposible ya lo se que tan solo tú me das la vida que yo siempre quise para mí. Pero es imposible ya lo se
que tan solo tú serás.
Pero es imposible ya lo sé, perdóname.
Uh Oh, Perdoname.

Franco De Vita - Alejandra Guzmán

18 de abril de 2011

Por fín te encontré



Por fin te encontré como un candil brillando entre la nada. Yo era Robinson y descubrí tus huellas en la playa. Tanto, tanto, te esperé. Yo Adán expulsado del paraíso, tu Eva maldiciendo la manzana. A donde tu viajas va mi Edén. Por fin te encontré.
Te encontré por fin vagando por las lunas del pasado y sacié mi sed, bebí del breve hueco de tus manos. Tanto, tanto, te esperé. La mirada de un niño tu me diste, la luz de un verano que había olvidado, el temblor que trae la primera vez. Por fin te encontré.
Ven aquí. no digas nada, no hace falta que la noche ya aprendió de tus silencios y a descifrar nuestros cuerpos. Derrumbemos las cautelas compañera estoy perdido y ya para tener miedo es tarde. Bendito azar es encontrarte.
Yo no te busqué y te encontré al abrirse una ventana por un vendaval que trajo perfume a tierra mojada. Tanto, tanto, te esperé. Yo Adán expulsado del paraíso, tu Eva maldiciendo la manzana. Allá donde ella viaja está mi Edén. Por fin te encontré.
Ahora has de saber que me hundo en tu mirada inabarcable, que esta aurora trae certezas para ahuyentar soledades. Tanto, tanto, te esperé y puede que el planeta se derrumbe, que la lumbre del mundo un día se apague, que el tiempo ya no arrugue el alma y nuestra piel, pero por fin te encontré.
Ven aquí, no digas nada, no hace falta que la noche ya aprendió de tus silencios y a descifrar nuestros cuerpos. Derrumbemos las cautelas compañera estoy perdido y ya para tener miedo es tarde. Bendito azar es encontrarte.
Por fin te encontré como un candil brillando entre la nada. Yo era Robinson y descubrí tus huellas en la playa.

Ismael Serrano
Por fin te encontré
Inédito 2011

30 de marzo de 2011

Ni flaco, ni tan convidado

Mis ratos, los íntimos, se reducen a los tres o cuatro escalones del hall de entrada del edificio. Mis momentos, como aquel en el cual me olvidaba del mundo usando la compu mientras vos espiabas mis libros dejándome hacer, se reducen a ese pequeño espacio que va desde mi culo en el escalón hasta mis pies en la vereda.
Y desde ese lugar, a la hora de la luna, me hago amigo de este lugar que aun no siento mío ni en su porcentaje mas chico. Desde ahí intento encontrar respuesta a este “¿Qué hago acá?” o, en el mejor de los casos, busco distraerme y olvidar de preguntarlo a cada rato.
El paisaje que tengo antes mis ojos no es el mejor. Aunque, quizás mas por preferir sentirme cómodo conmigo mismo que con las cosas, nunca le dí a los lugares físicos la importancia que seguramente se merecen. De todas formas no puedo negar que la vuelta al perro de Mar del Plata era mucho mas interesante que el empapelado que me muestra día a día estas calles pero es todo muy relativo. No lo extraño.
A la una de la mañana, cuando enciendo mi tercer cigarrillo de la jornada, mis ojos se pierden buscando detalles idiotas en los autos que están estacionados; en los resto de basura que los recolectores de residuo dejan al cumplir con su 80% de eficacia nocturna; me sorprendo con el silencio que hay a pesar de estas a cien metros de lo que dicen es la avenida mas larga del mundo; y me distraigo mirando de reojo cual es el tema que sigue en mi gastado mp3 que compré cuando aun no sabía que te ibas a ir. En realidad cuando aun no sabía aun que tenía planes de que te quedes.
Levanto la vista, suspiro, trato de buscar el cielo y los arboles me juegan una mala pasada. Es imposible ver el cielo limpio y entre tantas ramas, aun con hojas a pesar de la reciente llegada del otoño, confundo luces de mercurio con destellos de Luna. Una luna solitaria, triste, apagada, totalmente dependiente de la luz que el sol logra reflejar en ella. Y mientras enciendo el cuarto cigarrillo la realidad del quinto auto que pasa en menos de dos minutos trae mi vista nuevamente a la tierra. Ni siquiera un martes a la una de la madrugada puedo encontrar aquel silencio que hace unos minutos parecía eterno y necesario. Ni siquiera una noche como hoy puedo librarme del sonido que hace el tren al pasar.
De golpe pasa un chico corriendo por la vereda de enfrente. Siento muy fuerte el golpe de sus zapatillas al dar cada sanco y no puedo evitar mirarlo con cierta cara de preocupación. No puedo evitar pensar si pasó algo, si alguien lo sigue. Recuerdo las palabras de Aníbal Fernández y trato de darle un sentido no tan político al “hay una sensación de inseguridad” y creo que por primera vez le creo o al menos lo entiendo.
La palabra “sensación” me hace pensar en vos. Me hace reconocer, una vez mas, que te extraño; que me resulta muy difícil no cruzarme con tu imagen en alguno de los 1440 minutos que tiene el día; que hay millones de charlas y palabras dando vueltas; que son cosas que espero olvidar rápido o al menos espero que dejen de doler. Me doy cuenta que lejos de esa “sensación” tu ausencia es una realidad inmodificable. Reconozco las ganas que tengo de hablarte, de contarte donde estoy, que estoy haciendo, que vine a buscar, decirte una vez mas mis miedos, buscar ese abrazo silencioso que no dice nada y dice todo, ganas de saber de vos y que ese saber me guste.
Y no me refiero a que haya quedado algo pendiente que decir o hacer. Por primera sentí que lo hecho en ese momento fue lo necesario, fue todo lo posible a esa hora y a ese lugar. Lo que surja después es absolutamente relativo e innecesario. Las decisiones las tomamos en el momento, con lo que fuimos y somos hasta ahí, y si bien no me arrepiento no puedo dejar de comparar tu presencia, o tu ausencia, como ese pedacito de nuez que se queda atrapado entre las muelas después de comer una ensalada Waldorf. Quizás lo que tengo es esa necesidad de preguntar “¿Qué ha sido de ti?”, “¿Qué fue de nosotros?”, “¿Qué ha sido de mí?” y que la respuesta me guste.
Son casi las dos de la mañana y sigo acá. Suena feo que lo diga pero el escalón es duro y ya me está doliendo el c…. Además mis pies tienen la necesidad dejar medias y zapatillas al menos por las próximas ocho horas. Mañana será martes y necesito que sea uno bueno. De buenas noticias, de llamados que aun no llegan a pesar de mirar el teléfono cada minuto y veinticinco segundos. Un martes sin vos, en todo el amplio sentido de la palabra.
No porque lo quiera borrar definitivamente pero las cosas fueron escritas así. Y con eso no me refiero al destino. Quiero decir que aun mantengo ese pensamiento de que “la excusa mas cobarde es culpar al destino”. Las hojas están escritas por nosotros. No hablo de una incertidumbre, hablo de algo real escrito por en el pasado y esto es un libro complicado que no permite volver las hojas atrás. Entonces me ilumino por un rato, por la luz de mi mente o por el cartel de “libre” del taxi que acaba de parar en el cordón, y me doy cuenta que el 50% no es suficiente para seguir. Lo bueno y lo malo de la vida se tiene que seguir viviendo de a dos. Y me doy cuenta que en casa tengo un cajón lleno de medias y ya no necesito mas. Prefiero intentar, una vez mas, llegar al lleno completo o al menos a vaciar del todo este gastado vaso que de a ratos no sabe como seguir en la mesa. Por suerte es solo de a ratos, por suerte los dos sabemos que soy de los que siguen. Quizás con una mochila mas pesada, pero soy de los que siguen…

Ndr: Al cierre de este texto, en este martes que se termina, no apareció el llamado telefónico esperado. Será seguramente mañana, o el jueves, o el viernes. Va a llegar. Pero sí apareció un mail que no esperaba y como me dijeron hoy... "sorpresas te da la vida". Está vez no lo quiero dejar pasar, quiero demostrar y demostrarme que ya dejé de andar a contramano. Buenas noches, que tengan un lindo miércoles.

27 de marzo de 2011

Primer Beso

Ayer a la tarde fui testigo de lo que creo fue un primer beso. Voy a contarlo bien y al final ustedes me darán sus conclusiones. De todas formas más allá de lo que me digan les aviso que prefiero seguir pensando en que fui testigo de uno de los momentos más mágicos que tenemos los humanos. Momentos para los cuales no es necesario tener plata o salud. Esos chispazos gratuitos de felicidad. Bueno, de esos que no se compran con plata porque gratis no hay nada, ni los besos. Antes, o después, lo terminamos pagando pero supongo se pagan con muchas más ganas que el alquiler o las expensas.
Ayer a la tarde tenía que ir Palermo. Más o menos, más menos que más, sabía como llegar asique salí con tiempo de sobra a la parada del 141. Llegué y la espera se demoró mas de lo pensado. Supongo que es algo de esta ciudad a lo cual me deberé acostumbrar. En realidad no lo supongo, lo tengo que hacer.
El asunto es que me apoyé cómodamente en el palo que sostenía el cartel azul que indicaba la parada y allí me quedé. Mientras pasaban los minutos y mi reconocida poca paciencia se diluía recordé que tenía que comprar un abre latas. Justo frente a la parada había un negocio que vendía esa clase de porquerías. Asi que me quede observando a ver si desde mi posición lo podía ubicar. No pude. Cuando la espera del 141 había pasado ampliamente los 30 minutos decidí entrar pero justo en ese mismo instante venía el micro y… me subí.
Pagué $1,25 y como no había asiento me quedé parado. Observé que al lado mío había una pareja hablando. En realidad eran dos personas hablando. Él, unos 26 años, pelo corto, barba de dos días, jeans, y campera deportiva. Creo que tenía una chomba o una remera, no recuerdo bien. Ella, unos 22, jeans de los que en mi época se llamaban elastisados, campera deportiva, estilo rompe viento, larga. Sus manos se entrelazaban en su espalda pero la primera señal que percibí fue en sus ojos. Los tenía bien abiertos, como queriendo no perder nada de lo que veía, brillosos, y una inconfundible cara de timidez mientras lo escuchaba. Claro que él tampoco se preocupaba en disimular su cara de estar pensando “animate, animate”. Hablaban pavadas, contaban historias, se reían mas por las señas de sus caras o las onomatopeyas que por las palabras en sí.
El viaje desde Caballito a Palermo no es tan popular un día sábado a la tarde pero el colectivo, quizás mas por la demora en pasar que por lo concurrido de ese recorrido, se comenzó a llenar. Entonces a medida que subía gente el espacio que había entre ellos se fue achicando. Imagen a dos personas de frente, hablando. El lugar físico se empieza a llenar y ese lugar vacío del medio no puede seguir así. Entonces ella tomó la iniciativa y se comenzó a acercar lentamente. Las charlas y las caras “graciosas” ya no estaban y en ese preciso momento llegó el silencio. Que estado tan ciclotímico es el silencio, su presencia es tan maravillosa en muchos momentos, y es tan cruel y dolorosa en otros. Este era de los buenos, fue la calma previa a la tormenta. Una tormenta con final feliz.
Él se acercó, con su mano derecha acarició la mejilla de ella y con mucha lentitud le dio un beso que sonó a lindo. Suave, lento, rico. Sin dudas tenía las características de ser el primero. Lo digo porque inmediatamente después los dos se quedaron mirándo, siempre en silencio, y ya sin poder hacer las caras para reír. La respuesta de ella fue acercarse en búsqueda de la continuación de aquello que acababa de comenzar.
Luego “la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”. Para mi sorpresa el colectivo no se detuvo. Los pasajeros no se pararon emocionados a aplaudir. Las campanas de las iglesias no sonaron. Seguramente unos cuantos metros debajo nuestro el subte seguía su metódico recorrido de domingo. Los semáforos siguieron pasando del rojo al verde con una muy breve interrupción en amarillo. La vida siguió. La del chofer, la mía, la del resto del pasaje, y siguió la de ellos. Dos paradas después se bajaron y los miré como esperando mas. Me quedé observando como seguía la historia después de eso. Y me di cuenta que sigue normal. Se fueron por la calle, no recuerdo cual, charlando de la misma forma que lo hacían cuando los conocí unas paradas más atrás, con las mismas caras, las mismas sonrisas. Pero ese primer beso de una relación, esa sensación que tenemos cuando lo damos y encontramos, al menos ahí, al menos en ese chiquito momento, una aceptación que parece eterna y nunca lo es, es algo impagable.
Obviamente no pude apartar mi cabeza de mis primeros besos. Esa descripción de sensaciones es mas mía que de ellos. Pero me vi reflejado en esa cara con dos días de barba, en esos nervios, en esa risa idiota, en ese momento tan cursi como un 14 de Febrero para alguien que no está enamorado o tiene el corazón roto. Fueron mas mis momentos que los de ellos. Y es imposible despegarse de los primeros besos que luego trajeron momentos que no hubiésemos querido pasar. Es imposible empezar por recordar esos besos y no quedarme con el sentimiento a flor de piel de aquel, o este, sufrimiento.
La tarde en Palermo terminó de noche. Y cuando llegué a casa quise comer atún pero me di cuenta que no había comprado el abre latas. Me acordé que estuve media hora mirando el negocio y que cuando me decidí a entrar ya era tarde: Venía el colectivo. Y con el recuerdo de mi tarde en Palermo, de esa historia de primer beso, y del abre latas que no compré, me fui a dormir pensando en las veces que dejé pasar cosas por no decidirme a entrar a tiempo. Pensando en los largos caminos a contramano que he recorrido. Pensando en que aun lo sigo haciendo. Y Pensando que me moría de hambre y ese atún hubiese estado buenísimo…

26 de marzo de 2011

Veo, Veo...

- Veo, Veo.
- ¿Qué ves?

En un lapso de una hora pasaron delante de mí más de mil personas. Todas acompañadas y todas solas. Todas alegres y todas tristes. Todas diferentes y todas iguales.
Y ante tanta variedad, y tanta igualdad, no pude evitar encontrarme identificado. Aunque muchas veces la sensación es ser siempre esa pata impar que hace bailar la mesa. Esa que ni con un viejo cartón o papel de diario prolijamente cortado podemos lograr que quede firme. Esa pata impar única e irrepetible. La del molde roto. La que no tiene otra igual. Esa del “no habrá ninguna igual, no habrá ninguna”.
Una tarde más, de un domingo más de enero, en la rambla frente al Hotel Provincial. Me senté, dejé mis pies colgando y golpeé mis talones en el improvisado asiento. Los chocaba y rebotaban una y otra vez. Como algo que se nos acerca mucho a nosotros y rebota al querer entrar, como algo que por alguna escondida y rebuscada razón no queremos dejar pasar. Aunque las ganas, la proyección y el deseo nos diga que debemos dejarlo hacer, la respuesta es siempre no. No dejamos que el final de la historia termine en un simple, tradicional, y cursi: “y comieron perdices”.

- Veo, Veo
- ¿Qué ves?
- Una cosa
- ¿Qué cosa?
- Maravillosa
- ¿Maravillosa?

14 de marzo de 2011

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza lunar las cuales se formaron a medida que el interior de la misma se fue enfriando y encogiendo en los últimos mil millones de años. Debido a esto los científicos lograron identificar un encogimiento en el tamaño de la Luna: en total se estima que su diámetro se achicó 100 metros. Sin embargo, debido a su tamaño original, este cambió no puede ser advertido a simple vista.
Mientras espío en los canales de noticias el bombardeo de información que llega desde Japón, y las distintas costas del Pacífico, me comencé a preguntar por que no será la tierra la que tenga esta facultad de achicarse. Porque, en esta parte del universo, las consecuencias de tanto movimiento de tierra solo dejan registrado un movimiento de 10 tristes centímetros en el eje de la tierra. Sería muy bueno tener las facultades de la Luna. Ni siquiera pido que sea un núcleo de frío la causa. A mi escaso conocimiento científico le bastaría con saber que la tierra es cada día una pelota mas chica. Estos 100 metros cada mil millones de años me dejarían mes a mes, década a década, algunos pasos mas cerca de vos. Ya no existirían esos doscientos y pico de kilómetros de antes o los 500 de ahora. Simplemente el correr del tiempo se encargaría de poner cada cosa en su lugar, de achicar esa ínfima distancia. La vida, el destino, o quien carajo sea el que juega a ser Dios, o los que hacen de mamá y papá en este idiota juego, se encargaría de arrancar las hojas del calendario y a hacer cada vez mas corto los 12756 km de diámetro que aun tiene este bendito planeta.
Claro! luego TN fue a la pausa, me di cuenta que lo que estaba mirando era un canal de noticias y que mis deseos solo se cumplen en las películas. El baño de realidad me trajo a la mente que podríamos vivir a dos casas de distancia y sin embargo la línea que nos separaría sería enorme, mucho mas grande que la física que nos separó cuando las cosas se parecían a esos finales de películas que seguramente alguna vez soñaste. Dije finales de películas y me acorde de las sillas abrazadas, del “todo muy lindo pero mañana sigue la vida real” que escuchamos como sentenciados a muerte una triste mañana de domingo. Mañana que empezó con la elección de lo que parecía ser una buena película de amor. De amor, dije? Creo que era mas una peli de perder posibilidades, de llegar tarde, a destiempo, en fin, de ir a contramano como nos solía pasar cuando aun creíamos en que un mundo mejor era posible. Cuando creíamos que tan difícil no podía ser, en que las cosas pasan por algo y lo que se gestaba costaba y dolía pero lo hacia porque era para quedarse. Para decir “llegamos”…
Hoy lo sigo creyendo, o quizás muero de ganas por creer, solo que sé, aunque me niegue a aceptarlo, que será con otros protagonistas. Tu historia ya parece tener todo el reparto de actores con nombre y apellido incluidos. La mía aun ni siquiera sabe cual será el escenario natural donde se filmará asi que para afinar el libreto y hacer el casting tengo tiempo aún… Mientras tanto sigo recordando historias mientras miro la luna, ahora en su versión mas chica, desde la ventana de esta improvisada casa, que no es la tuya, ni la mía, ni la nuestra, que me espera cada noche cuando mi día parece haber llegado a su fin.

16 de febrero de 2011

Si te he visto no me acuerdo



Me ahogo en un vaso, perdido entre llamas de acero oxidado. No encuentro mi casa y me canso de hallarte en cada palabra que se derrama...
Viajo por tu arena, me cuelgo del viento, sospecho la pena de subir al cielo y después caer al suelo por que tu me elevas, igual que me ciegas...
No encuentro salida y nadie me guía, no hallo manera de verte vestida. Si te he visto no me acuerdo. Si te desvisto no te olvidaré en la vida.
Yazgo sumergido en un mundo de plata. En medio de nada respiro el vacío y a menudo quiero dormir bajo el agua.
A un paso del ruido está la ciudad del fin del olvido, pero temo estar desnudo y despierto ante tanta verdad que se me escapa...
No encuentro salida y nadie me guía, no hallo manera de verte vestida. Si te he visto no me acuerdo. Si te desvisto no te olvidaré en la vida.
Llegado a este punto el último trago es el más profundo. Ya muero en el vaso que tanto he llenado y vaciado al unísono de cada ritmo que te he dedicado.
No encuentro salida y nadie me guía, no hallo manera de verte vestida. Si te he visto no me acuerdo. Si te desvisto no te olvidaré... no te olvidaré...
No encuentro salida y nadie me guía, no hallo manera de verte vestida. Si te he visto no me acuerdo. Si te desvisto no te olvidaré en la vida.

Fran Fernadez & Ismael Serrano
Si te he visto no me acuerdo

16 de enero de 2011

Dame un Motivo



Nacida bajo el signo de escorpión diría que eso dice más que nada. Mejor hablan sus piernas, y doy fe, cuando las descruza a mansalva.
Mi suerte me hizo luces esta vez y trajo una sirena a mi playa. Yo que nunca tiro la primera piedra fui por la segunda a su cama.
Dame un motivo, un gran motivo, para no tomar al pie de la letra estas caricias tremendas, chifladas. Y vamos así, barcos piratas de madrugada.
Dame un motivo, solo un motivo, para no llenarte el cuello de besos fantasmas. Importa muy poco si tu corazón vive en un piso 40 sin ascensor.
Supongo que no te pienso mentir más que lo que estafan los espejos. Ya despilfarré sangre y sudor allá tiempo y hace lejos.
Donde pongo el ojo pierdo el pelo: Viejo zorro, pólvora mojada. Pero pasaría muchas sobremesas en aquel tatuaje en tu espalda.
Dame un motivo, un gran motivo, para no tomar al pie de la letra estas caricias tremendas, chifladas. Y vamos así, barcos piratas de madrugada.
Dame un motivo, solo un motivo, para no llenarte el cuello de besos fantasmas. Importa muy poco si tu corazón vive en un piso 40 sin ascensor
Dame un motivo, Solo un motivo.
Dame un motivo, Un motivo, Solo un motivo.

Ivan Noble
Dame un Motivo
Dicho y Hecho (2009)