27 de marzo de 2011

Primer Beso

Ayer a la tarde fui testigo de lo que creo fue un primer beso. Voy a contarlo bien y al final ustedes me darán sus conclusiones. De todas formas más allá de lo que me digan les aviso que prefiero seguir pensando en que fui testigo de uno de los momentos más mágicos que tenemos los humanos. Momentos para los cuales no es necesario tener plata o salud. Esos chispazos gratuitos de felicidad. Bueno, de esos que no se compran con plata porque gratis no hay nada, ni los besos. Antes, o después, lo terminamos pagando pero supongo se pagan con muchas más ganas que el alquiler o las expensas.
Ayer a la tarde tenía que ir Palermo. Más o menos, más menos que más, sabía como llegar asique salí con tiempo de sobra a la parada del 141. Llegué y la espera se demoró mas de lo pensado. Supongo que es algo de esta ciudad a lo cual me deberé acostumbrar. En realidad no lo supongo, lo tengo que hacer.
El asunto es que me apoyé cómodamente en el palo que sostenía el cartel azul que indicaba la parada y allí me quedé. Mientras pasaban los minutos y mi reconocida poca paciencia se diluía recordé que tenía que comprar un abre latas. Justo frente a la parada había un negocio que vendía esa clase de porquerías. Asi que me quede observando a ver si desde mi posición lo podía ubicar. No pude. Cuando la espera del 141 había pasado ampliamente los 30 minutos decidí entrar pero justo en ese mismo instante venía el micro y… me subí.
Pagué $1,25 y como no había asiento me quedé parado. Observé que al lado mío había una pareja hablando. En realidad eran dos personas hablando. Él, unos 26 años, pelo corto, barba de dos días, jeans, y campera deportiva. Creo que tenía una chomba o una remera, no recuerdo bien. Ella, unos 22, jeans de los que en mi época se llamaban elastisados, campera deportiva, estilo rompe viento, larga. Sus manos se entrelazaban en su espalda pero la primera señal que percibí fue en sus ojos. Los tenía bien abiertos, como queriendo no perder nada de lo que veía, brillosos, y una inconfundible cara de timidez mientras lo escuchaba. Claro que él tampoco se preocupaba en disimular su cara de estar pensando “animate, animate”. Hablaban pavadas, contaban historias, se reían mas por las señas de sus caras o las onomatopeyas que por las palabras en sí.
El viaje desde Caballito a Palermo no es tan popular un día sábado a la tarde pero el colectivo, quizás mas por la demora en pasar que por lo concurrido de ese recorrido, se comenzó a llenar. Entonces a medida que subía gente el espacio que había entre ellos se fue achicando. Imagen a dos personas de frente, hablando. El lugar físico se empieza a llenar y ese lugar vacío del medio no puede seguir así. Entonces ella tomó la iniciativa y se comenzó a acercar lentamente. Las charlas y las caras “graciosas” ya no estaban y en ese preciso momento llegó el silencio. Que estado tan ciclotímico es el silencio, su presencia es tan maravillosa en muchos momentos, y es tan cruel y dolorosa en otros. Este era de los buenos, fue la calma previa a la tormenta. Una tormenta con final feliz.
Él se acercó, con su mano derecha acarició la mejilla de ella y con mucha lentitud le dio un beso que sonó a lindo. Suave, lento, rico. Sin dudas tenía las características de ser el primero. Lo digo porque inmediatamente después los dos se quedaron mirándo, siempre en silencio, y ya sin poder hacer las caras para reír. La respuesta de ella fue acercarse en búsqueda de la continuación de aquello que acababa de comenzar.
Luego “la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”. Para mi sorpresa el colectivo no se detuvo. Los pasajeros no se pararon emocionados a aplaudir. Las campanas de las iglesias no sonaron. Seguramente unos cuantos metros debajo nuestro el subte seguía su metódico recorrido de domingo. Los semáforos siguieron pasando del rojo al verde con una muy breve interrupción en amarillo. La vida siguió. La del chofer, la mía, la del resto del pasaje, y siguió la de ellos. Dos paradas después se bajaron y los miré como esperando mas. Me quedé observando como seguía la historia después de eso. Y me di cuenta que sigue normal. Se fueron por la calle, no recuerdo cual, charlando de la misma forma que lo hacían cuando los conocí unas paradas más atrás, con las mismas caras, las mismas sonrisas. Pero ese primer beso de una relación, esa sensación que tenemos cuando lo damos y encontramos, al menos ahí, al menos en ese chiquito momento, una aceptación que parece eterna y nunca lo es, es algo impagable.
Obviamente no pude apartar mi cabeza de mis primeros besos. Esa descripción de sensaciones es mas mía que de ellos. Pero me vi reflejado en esa cara con dos días de barba, en esos nervios, en esa risa idiota, en ese momento tan cursi como un 14 de Febrero para alguien que no está enamorado o tiene el corazón roto. Fueron mas mis momentos que los de ellos. Y es imposible despegarse de los primeros besos que luego trajeron momentos que no hubiésemos querido pasar. Es imposible empezar por recordar esos besos y no quedarme con el sentimiento a flor de piel de aquel, o este, sufrimiento.
La tarde en Palermo terminó de noche. Y cuando llegué a casa quise comer atún pero me di cuenta que no había comprado el abre latas. Me acordé que estuve media hora mirando el negocio y que cuando me decidí a entrar ya era tarde: Venía el colectivo. Y con el recuerdo de mi tarde en Palermo, de esa historia de primer beso, y del abre latas que no compré, me fui a dormir pensando en las veces que dejé pasar cosas por no decidirme a entrar a tiempo. Pensando en los largos caminos a contramano que he recorrido. Pensando en que aun lo sigo haciendo. Y Pensando que me moría de hambre y ese atún hubiese estado buenísimo…

1 tontos q opinan:

Cinthia dijo...

Que lindo momento... Ese cosquilleo que lleva al primer beso, al no saber si será correspondido, el no conocer esa boca que deseamos, como actuar, si buscarlo, esperar que llegue... Tantas cosas, pero son lindas. Porque son el principio de algo, de un próximo/a ex, pero principio al fin.
Me encantó!

jajaja SOS LO MÁS ACOSTA!
Quiero un abrelatas!!!

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