La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

25 de julio de 2011

Contramano

Como hincha de Sporting estoy cansado de perder finales. Desde los desempates de la década del 80 contra Olimpo, hasta la del domingo ante Liniers por el campeonato local de la Liga del Sur. Estoy cansado. Quizás debería quedarme con el vaso medio lleno y pensar que el esfuerzo y el premio fue llegar hasta ese partido pero sin embargo lo que me sale es un: “Estoy arto de perder finales”. Me jode. Me jode mucho.
Me acuerdo una final que perdimos de visitante con Huracán de Tres Arroyos. Era noviembre de 1998 y en la última fecha de la zona teníamos que ganar para seguir con vida en aquel Argentino B. Perdimos 4-1.
Ese día me fui a Tresa por las mías. Me había “ofendido” porque la Pocha Moyano no me había reservado el pasaje que le encargue para ir a Mar del Plata unas semanas antes entonces averigüe que colectivo me llevaba, me dibujaron un mapita de cómo llegar desde la terminal al estadio, y me fui por las mías. El partido era a las 21.30 y yo paseaba por la plaza de ese maldito pueblo desde las dos de la tarde.
Di mil vueltas hasta que se hizo la hora del partido y me fui a la cancha. Después de un primer tiempo parejo, en el segundo nos mataron. Hasta los primeros 40 minutos los aguantamos pero luego ya no.
Pasadas las once de la noche ya estaba en la terminal esperando el colectivo de regreso. Hoy puedo decir que en aquel lugar tuve mi primer gran encuentro con el desencuentro. Como no había nada directo que me llevara entonces debía esperar que algún micro que llegaba de Buenos Aires tenga algún asiento libre. Los primeros diez no lo tenían, y a partir del once ya me dio fiaca ir a preguntar. Ese once, ese “El Rápido” que las veces anteriores tenían choferes que me respondían “no, voy a Mar del Plata” era el que tendría que haber tomado pero claro: No Pregunté!. Lo vi llegar. Estacionó ocho plataformas más lejos de mi lugar. Y lo vi partir. Al hacerlo escuché el altavoz que decía “Acaba de partir la unidad 235 con destino a la Ciudad de Punta Alta”…
Así empezó una larga seria de desencuentros. Una larga lista de viajes a contramano. De esos que cuando vamos, vienen…. De esos que cuando vienen, vamos…
La noche tresarroyense siguió y a eso de las cinco de la mañana me subí en “El Centenario” que unía Retiro con el Chocón. Me dejó en Bahía y al bajar tomé la 319, creo que en esa época aún era “La Acción”, hasta Punta Alta. Cerca de las 10 de la mañana del lunes se había terminado aquella travesía que comenzó un domingo a dos de la tarde.
Ese fue el fin de un día demasiado largo, pero el comienzo de un montón de idas y vueltas lleno de derrotas futboleras y de viajes a contramano. Mis inexpertos 19 años creo que fueron demasiado poco como para darse cuenta lo que estaba pariendo. Nunca imaginé, hasta hace unos minutos, que ese sería un largo camino que aun hoy, con casi 31 primaveras y casi 32 inviernos, aun debería recorrer.
Desde aquel Noviembre del 98 odio las terminales. Desde entonces vivo a contramano de los lugares donde quiero ir. De las personas con las que quiero estar. Discuto en silencio con los choferes que no me dejan asientos libres. Tengo esa extraña relación con los colectivos que me llevan a donde no quiero ir; y con los que me dejan parado a mitad de la banquina cuando lo que más quería era viajar aunque mas no sea trepado del estribo.
De eso estoy hecho. De terminales, despedidas, plazas y viajes a contramano. Quizás por eso, por esas bases, logre formar en mi una especia de callo plantal. Esa piel dura en el medio del talón con el cual no sentimos nada al pisar descalzos. Ni siquiera me duelen esas piedritas de playa. O quizás sí, quizás soy como un galán que le duele todo pero como hay gente no quiere dar el brazo a torcer. Quizás esos caracolitos con forma de cuchara se clavan en mi talón y me duelen. Quizás tengo hasta sangre pero prefiero no mirar y seguir caminando. Quizás llegue al mar y el agua con sal haga lo suyo y cure lo que tenga que curar. Y hasta quizás descubra lo lindo de las duchas en casa, sin arena que queme, sin piedritas que molesten, y sin sol que ciegue.
Estoy cansado de perder… finales y todo lo demás. Aun que con el fútbol se me va la infancia y ese sentimiento de hincha, pero con “todo lo demás” se me va la vida. Eran mucho más amables esos choferes que me decían que no había lugar. Prefiero a esos con cara de otarios que disfrutan con cada “no” a estos que me dejan parado en la ruta y en sus asientos llevan parte de ese corazón que cada tanto, muy cada tanto, dejo de propina en alguna que otra mesa de luz ajena.

23 de julio de 2011

El chico de los mandados



Es de noche y en la ruta hay mil camiones; venís dormida, pésima copiloto. Yo clavo los ojos en la niebla, me pongo a pensar que va a ser de nosotros: Si seguimos soñando con freno de mano, si subimos andamios con los cordones desatados.
Vos decís "a todo a nada". Te juro que desde arriba, solo se empiezan pozos. La paciencia es un bosque helado a donde acampan los corazones rotos. ¿No te duelen los ojos de tanto mirar para atrás?. No convides tormentas, si voy a surfear desencantos.
Voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo
para ser tu chico de los mandados. Voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo para ser tu chico de los mandados.
Y el pasado se para de manos, los porvenires huelen a trapo viejo. Yo no gasto a cuenta de palabras pero decime de que estuvieron hechos los "te quiero" temblados al borde del río. Yo vengo muy abollado para comer vidrio de tus labios.
Voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo
para ser tu chico de los mandados. Voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo para ser tu chico de los mandados.
Y me voy a juntar los trapos antes que vos nos quites lo bailado. Sabés, estoy algo viejo para ser tu chico de los mandados.

Iván Noble
El chico de los mandados
La parte de los Ángeles (2011)