La linea del Ecuador

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Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

10 de septiembre de 2012

Mudanza...


Se me hace muy difícil no sentir en momentos como este. Los pongo en situación. Estoy en mi nuevo departamento. El primero propio en esta nueva etapa en Buenos Aires.  Tengo la panza hinchada. Acidez. Me salió una llaga en las encías. La glucosa va y viene como la cabeza de un espectador del US Open.  Me duele la espalda. La postura es horrible. La columna me pide “por favor, basta”.
Recién llegaron mis cosas de Mar del Plata. Incluso escribo esto desde la notebook que esta apoyada a un escritorio que tiene meses y meses de tierra acumulada. Tengo el culo sobre una caja que hace de improvisada silla. Escucho a Silvio Rodríguez en un recital en vivo que dio hace unos años en República Dominicana. Siento que con esta mudanza dejé definitivamente Mar del Plata. Que ciudad, loco! Que ciudad. Cuanto me ha dado. Cuando le di. Cuanto quedo en ese lugar. La mudanza esta acá pero cuantos sentimientos me mueve ese lugar. Marplatense por elección, sin dudas. Marplatense. Por mis recuerdos, por sus calles, por la gente que desde ese lugar se le sigue dibujando una sonrisa cada vez que se enteran que me toca una buena nueva… Cómo no sentirme de allá? Y cómo, en este cierre definitivo de capitulo, no sentir cosquillas y sentimientos tan fuertes que me hacen temblar mientras escribo estas líneas? Como evitar que pase todo eso? Cómo no sufrirlo? Cómo no disfrutarlo? Cómo no tener miedo a este reloj que tiene agujas voladoras y a este almanaque no deja de pasar y tirar hojas?
 La cosa es que estoy sentado acá. Que muchas veces me imagine este momento. Y que las sensaciones son mas o menos parecidas a lo que creía que iba a pasar. Miedo, orgullo, emoción, ganas, y nuevamente orgullo, y nuevamente miedo. Esa sensación escondida en algún lugar oculto del corazón que me dice “las cosas pasan, Ramiro, pasan… aunque te pongas en puto orgulloso, aunque digas ´yo ya no quiero apostar a esto´, o el miedo te parezca tan fuerte que el ocultarte en un rincón oscuro te haga pensar q es el único camino, las cosan pasan… O seguís o te quedas, y, afortunadamente, vos sos de los que siguen. Hay cosas a las cuales no le podes escapar y esta es una de ellas. Quizás la mas importante. Quizás la mas valiosa que tenés. La única que vas a poder llevarte a la tumba. Tú esencia. Esa llena de cosas feas y oscuras, pero también inundadas de esto… de seguir. Y hacerlo justo en el momento cuando sentís que no se puede mas.”
Tengo en casa 11 cajas llenas de recuerdos. Cajas cerradas hace 567 días con fantasmas que al abrirse se van a encontrar conmigo. No con aquel que las cerró, sino conmigo. Me servirá para saber si aun se me hace pesado el ayer. Para saber que cosas duelen y cuales ya no. Para decidir con cuales me quedo, cuales dejo a un lado. Para ver cuales prefiero seguir esperando y llevándome a la cama para dormir abrazados. Como cuando era chico y me llevaba el juguete nuevo a la cama, y lo abrazaba, y lo miraba, y lo buscaba al otro día a la mañana porque mis ojos solo querían ver eso al otro día. Quería gastar mi mirada en eso. Solo en eso.
Fin de las cajas. Fue todo un acontecimiento. En resumen, no hay 48hs de mudanza que alcancen para acomodar una casa nueva. Tampoco hay tiempo que ayude a olvidar ciertas cosas. Me quedo con poquito, muy poquito, entre ellas vos y esas ganas de mis ojos de que seas lo primero que tengan para ver en las mañanas…