La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

31 de diciembre de 2013

Cuando puedo crezco fuerte...


... cuando no, me llevo en brazos.
Estos últimos cuatro meses me he llevado en andas. Qué diablos! A quien quiero engañar? Los primeros seis del 2013 también fueron así. Rescato julio y Agosto, casi hasta sus últimos días. Te rescato a vos aunque haya decidido, sé que nunca es de a uno pero tampoco voy a andar gambeteando responsabilidad, hundirnos.
Quizás el reproche mas grande es, en medio del naufragio forzado, seguir abrazado a esta tabla que encontré flotando y que me llena de situaciones perdidas que ya no volverán.
Como dije, me vengo (odio escribir en gerundio) llevando (otra vez me odio) en andas. Esperemos que sean los últimos metros. Duelen las piernas. Mis cuádriceps ya no son lo que eran. En realidad, si lo pienso bien, ya nada es lo que era ni mucho menos lo que prometía ser…

15 de noviembre de 2013

Pistolas al Amanecer

Mi soledad madruga a veces. Se levanta antes que yo y me deja el desayuno en la cama de su lado del colchón.
Acomoda los recuerdos. Junta leña si es Abril y si su prima, la tristeza, me visita jura que reza por mí...
Pero algunas noches verdugas la reto a duelo, sin fe, y los dos elegimos padrinos y pistolas al amanecer. Pero algunas noches me canso y la reto a duelo, sin fe, y los dos elegimos padrinos y pistolas al amanecer...
Mi soledad usa tacos altos. No sé si estoy a su altura. Hago planes abrazado a su cintura que es consuelo y es estrago.
Mi mascota cuando llueve, camarada en el alcohol, se hace un picnic con mis lagrimas flaquitas mientras me seca el sudor.
Pero algunas noches verdugas la reto a duelo, sin fe, y los dos elegimos padrinos y pistolas al amanecer. Pero algunas noches me canso y la reto a duelo, sin fe, y los dos elegimos padrinos y pistolas al amanecer...
A la hora de los bifes, cuando apura el porvenir, le pregunto si me va a cuidar de viejo y no sabe qué decir...
Pero algunas noches verdugas la reto a duelo, sin fe, y los dos elegimos padrinos y pistolas al amanecer. Pero algunas noches me canso y la reto a duelo, sin fe, y los dos elegimos padrinos y pistolas al amanecer...

7 de julio de 2013

Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto.
Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortazar

22 de junio de 2013

Creer por conveniencia

Sé que mi creencia religiosa está, al menos, cuestionada. Creo que tengo incorporado todas aquellas que las tradiciones familiares de pueblo nos pueden dejar: Bautismo, primera comunión, imagen pegada en el espejo. Hasta usé una sotana de monaguillo tan grande, tan larga, que cuando me di media vuelta en el altar la pisé y me caí en medio de una misa en la iglesia principal de Punta Alta.
Ya terminaron de reírse? Ok, espero un poco más. Listo? Vamos gente, que quiero seguir escribiendo. Quiero, y necesito, ese tonto alivio pero si ustedes no leen queda solo en palabras escritas una tarde de sábado. Listo? Genial, gracias, entonces sigo.
Sin embargo hoy es uno de esos días en los cuales me gustaría creer. Estimo que creo pero que no soy “militante”. Absolutamente no lo soy. Al igual que otras personas me acuerdo en los momentos de fragilidad y quizás hoy es uno de esos. Que bueno sería, no? Digo el poner las cosas, el pasado, el presente, y el futuro en manos de alguien mas. Librarse de esas responsabilidades. Creer en excusas cobardes como la de “Si sucede conviene” y otras derivaciones. No me sale. No puedo aceptarlo. Cada piedra que choqué fue porque no la vi antes, porque no estaba lo suficientemente atento para esquivarla o quizás la vi pero no tenía las suficientes fuerzas para levantar un centímetro mas el pie y pasarla de largo.
Y acá estoy. Sábado 22 de Junio de 2013. Afónico porque la garganta ya no es la de antes y anoche fui a la cancha a festejar el descenso de Independiente. Hace 15 o 20 años hubiera sido el momento mas maravilloso de mi vida. Estaría esperando el lunes para mirar a todos a los ojos en la escuela y decirles “y?”. La remera me quedaría ajustada por tener el pecho tan inflado. Mis pasos serían rápidos por tanta adrenalina corriendo por mis venas. Mi silencio seria cómplice de mi sonrisa disfrutando cada uno de esos momentos. Hasta el último, hasta el mas pequeño y detallista.
Ayer un desconocido me decía “que lindo tener diez años menos, tanto que me cargaron esos hdp…”. Y no flaco, no tenemos diez años menos. El pasado es irrenunciable. Ya nada es lo que era.
Sin embargo estoy acá. En casa. Con los apuntes a un costado de la computadora esperando para ser leídos y estudiados. Mate con yerba de ayer. Termo con agua fría. Un plato con resto de Cremona. Botella de Coca Zero vacía. Improvisado, quizás cochino como me dicho hace unos días, cenicero con resto de 10 cigarrillos (sí, me conocen, los conté). Teléfono que no suena. Calculadora apagada. Bolsa vacía. Notebook. Mis canciones de fondo.
Acá estoy, con la persiana a medio abrir separando la vida de la plaza de mi mundo. Mirando la cocina nueva que aun no instalé. Tres sillas y una banqueta vacía. Y en el piso una vela de la Virgen de San Nicolás que me da un sopapo y me dice “no era que no creías?”.
Ya no sé si creo. Quizás estaría bueno. Quizás estos días son los próximos, quizás hoy no es sábado sino Domingo, o Miércoles o Jueves. Quizás es una feedback de una película yanqui de poco presupuesto. O quizás alguien, una vez mas, agarró, sin permiso, la cuchara de madera y comenzó a revolver en la cacerola que tenía el agua quieta y se puso a remover el fondo.
Los dejo. Lleno de cosas secundarías, me dedicaré a tratar de estudiar. Los apuntes casi me piden por favor. Y como si me hicieran una broma, siento que están rezando. Poniendo en práctica su lado religioso para ver si hoy es finalmente el día que les toca. Quiero creer que sí. Que será hoy. Amén.

Se acerca el invierno

La vida debe estar en otra parte. No se donde, no se ni con quien ni con quienes. Simplemente en otra parte.
Creo que lo peor de hacer repaso es que en los momentos que decidimos hacerlo siempre le damos, ok yo le doy, prioridad a momentos o situaciones que no deberíamos. Resulta difícil sacarse la mochila del pasado y resulta mucho mas complejo tratar de ser alguien más. Hay que aceptar. Es uno de esos momentos. Hay que hacer la lista de fortalezas y oportunidades de mejora como en un coaching laboral, y también es necesario agregar una tercera con lo que somos. Con lo que sabemos será dificil que tenga vuelta atrás.
En eso estoy. En la tercer lista. Alguna vez leí “a lo hecho, pecho”. Buena forma de definir los días. Los pasados, los actuales y los que vendrán. Con mas errores que virtudes creo que lo he hecho. Creo que ese item está en mi lista de fortalezas.
El cielo está a mis pies aunque parezca que la foto está dada vuelta. Quizás lo está, quizás es eso, o quizás estoy mirando la foto, y a ella, al revés.
Por qué ahora? Por qué extraña razón iba a ser distinto? Por qué no mejor seguir por otros caminos, distintos, desconocidos, y deshabitados?.
Al fin y al cabo esto es lo que somos. Y siempre será asi. Aunque quizás mañana cambie, aunque quizás los rayos tibios del sol de invierno siguen golpeando en mi persiana. Será momento de abrirla y ver que tan persistente son. Ver que tan largo es este frio.
“Se acerca el invierno”… perdón, ya llegó.
Prendo mi quinto cigarrillo de estos últimos minutos. Afuera no llueve aunque bien podría.
Fin del Viernes. Comienzo del sábado, quizás sea uno cargados de finales o quizás no...
Buenos noches Ana, quien quiera que seas y donde quieras que estés...

Ana, es tan corta la vida, y son tantas despedidas llenas de promesas vanas.
Ana, ¿qué será de nosotros cuando caigamos y otros ocupen nuestro lugar?
Ana, ¿dónde será la batalla próxima en que perdamos la guerra contra la soledad?
Ana, volverás a escuchar las piedras que contra tu ventana lanzó la felicidad. Lanzó la felicidad.
Ana, es tan corta la vida, quizás me vuelva mentira y no te conozca mañana.
Ana, cuando te esconda un abrazo recuerda entonces el año en que forjamos la paz.
Ana, quizás me marche y no vuelva, quizás me muera y no tengas que maldecirme jamás.
Ana, te veo y me declaro culpable de desear tu presencia más que desear la paz.
Ana, ¿qué hago yo con mis canciones, con el manojo de escarcha, con mis ganas de matar?
Ana, ¿qué hago yo con las montañas de papeles que he firmado jurando morir o amar?
Jurando morir o amar.
Ana.

Ismael Serrano



20 de junio de 2013

Las cuatro y diez

Algunas veces escuché que la tristeza de los domingos tenía que ver con lo que no fue. Con la confirmación de que todo lo planeado el viernes nunca pasó. Que ese sabor amargo nos indica que de nuevo no pudimos. Y que el tiempo siguió pasando sin cambiar mucho nuestros días, nuestros caminos, nuestros “quiero pero no puedo, quiero pero no sé”.
Me parece un análisis que ronda casi lo real. Hasta sin dudar demasiado diría que pienso lo mismo. Solo que cambiaría algunas palabras. No diría domingo, diría hoy o mañana o pasado. Y no diría viernes, tranquilamente podría ser un lunes, un martes o un miércoles.
En fin lo cierto el sabor amargo, agrio, de lo que pensábamos y no fue, de lo que queremos y no va a ser nunca es casi habitual en algunos paladares. Al menos en el mío lo es. Al menos en el mío lo siento. Como hoy, como ayer. Espero que quizás no como mañana, aunque lo dudo.
Buen fin de semana largo para todos.

29 de mayo de 2013

Mitad de Semana

El almanaque tiene datos inmodificables. Los números, los días, los santos… Y hoy es como esos días de mitad de semana. Se empeña en mantener su destino. En ser un día de miércoles.
Iba en el colectivo, aunque para mi sigue siendo el micro, y sentí algo. No sé que o no quiero saberlo. Quizás fue un perfume o una ropa o un tono de voz. Quizás vi un color de pelo o escuché una charla de historia. Algo. No lo sé.
Lo que sí sé es que con esto no solo me acordé de ella sino que me di cuenta que el día siempre se sale con las suyas. Me grita con todas sus fuerzas que hoy es un día de miércoles. Y lo es.
Hay cosas que no cambian. Esto no cambió. Por suerte ya termina. Faltan horas para otro Jueves.  ¿cobarde?. Será un respiro, una tensa calma, hasta dentro de siete días cuando nuevamente el calendario, o algún perfume, me recuerde que ya es mitad de semana.

Te recuerdo los lunes y los martes y te he de confesar que todavía me llega como el roce de tus dedos tu mirada de aire y de agua fría.
Te recuerdo los miércoles y jueves; esa piel donde todo estaba escrito, los versos de Neruda y los papeles de amor que te dejaba entre los libros.
Te recuerdo los viernes y los sábados, tu pelo con olor a madre selva, tu pecho como un pájaro asustado.
Los domingos me acuesto entre tus manos. Beso despacio el sueño. Callo y bebo, sorbo a trago, mi nombre de tus labios.
(Rodolfo Serrano)

16 de mayo de 2013

Nostalgia

El sol de Mayo se los debo. No tanto así los celos. Esos están, o estaban, o ya decidí que se van a ir pronto...
Creo que ya estuve acá. Quiero decir que ya he vivido estos mayos, no son mis primeros, este es como el número 33 que me toca aunque hay varios anteriores que, por mas esfuerzo que haga, no logro recordar y otros que simplemente no quiero hacerlo.
Como vuela el tiempo. Para nosotros, los nostálgicos, con ojos doloridos de tanto mirar para atrás, es muy difícil despegarse del pasado. Nos resulta tan imposible que la gran mayoría de las veces ni intentamos hacerlo.
Me cuesta reconocer esto. Quizás los que me ven o me vieron a diario lo perciben inmediatamente pero es muy difícil aceptarlo parado sobre mis propias huellas.
Hoy hablaba con alguien sobre mis formas. Le explicaba esa reacción de abrirme cuando alguien dice “no mas”. Y no estoy hablando solamente de parejas o relaciones similares. Hablo mucho mas en general. Es mucha mas amplia la explicación. Me ha pasado varias veces. Y si bien el motivo de esto aun no lo tengo demasiado claro tengo que reconocer que de todas los errores, de todas las metidas de pata, de todas las consecuencias que estas traen, debe ser una de las posturas en las que mas creo. Han provocado mucho dolor. Claro. Lo siguen haciendo. Obvio. Seguirá pasando. Probablemente.
Supongo que tiene que ver con la rueda de bicicleta y el pasar siempre por el mismo pico que alguna vez les conté. Supongo que es difícil despegarse de ciertas cosas y de ésta mucho mas.
Las consecuencias son siempre parecidas. Son muchas reacciones físicas que terminan básicamente en tristeza. En no mas que eso. Nada mas y nada menos.
Y eso es lo que se siente esta noche de jueves, aunque perfectamente podría ser miércoles. Nuevamente un conocido aire a derrota. A soledad. A oportunidades perdidas. A aceptar que el tiempo no vuelve. Que ya no se puede retroceder para arreglar antiguos errores, ni tampoco para decir evitar situaciones, y personas, y bajadas de guardia, que uno no debería haber tenido. Creo que es eso. Cuesta mucho aceptar ciertos momentos de la vida pero cuando uno siente que las cosas son como son, debería tener la valentía para aceptarla en serio y seguir sin dejarse llevar por falsos amagues de miradas y cosquillas corporales.
Al fin y al cabo el saldo a pagar suele ser enorme. Mucho mas grande que nuestra deuda anterior. Mucho mas dolorosa. Y con mucho menos tiempo para licuarla. No hay cuerpo que aguante, no hay cabeza, y mucho menos corazón, uno debería aprender a no jugar con ciertas cosas. A no apostar cuando ya no nos queda plata en el bolsillo. A no andar dejando propinas en cualquier mesa de luz. Y menos cuando ya no la podemos pagar con billetes. Porque, como me dijeron, la vida es Puta. Y como buena puta todo se lo cobra, con plata, con lágrimas o con sangre. Siempre se lleva su parte. Siempre termina, mínimamente, en cero. El que pierde es uno.
Quizás sea el momento de dejar que la nostalgia se vaya definitivamente pero resulta difícil cuando ese recuerdo se mezcla con el presente. Uno con nuevas caras, nuevas voces, nuevos aromas, pero pasado al fin.
Pero es muy difícil hacerlo. Esa nostalgia, eso que pudo ser y no fue ni será, siempre está presente y es casi el alimento principal del pensar que quizás mañana…

“Dejale que se vaya la nostalgia de aquí, aunque da la esperanza de sobrevivir. No voy a salir corriendo cuando llegue el dolor. Ya no me asusta el invierno, me doy mas miedo yo.”

29 de abril de 2013

Cantando bajo la lluvia...

Se va Abril y me acuerdo que no escribí nada este mes. Lo pensé, muchísimo, pero sigue aquella autocensura que comenzó hace unos años cuando en Nogués me dijeron que lo deje de hacer. Y yo, débil pero orgulloso, lo escuché. Aun sigo creyendo que para bien aunque las cosas no han cambiado tanto desde entonces. El postre sigue sin estar a punto o, quizás peor, ya está vencido.
Viajo por Buenos Aires bajo la lluvia. Salgo de la boca del Subte B. Estación Carlos Pellegrini, Corrientes y Nueve de Julio, y antes de que se me termine el techo sobre la cabeza veo que una cortina de agua casi imperceptible, lo más parecido a una neblina, me tiñe de un tono gris la ciudad. La gente baja rápido las escaleras para protegerse. Los que suben también apuran el paso tratando de encontrar el rincón más cercano al cartel de McDonald que los proteja del agua.
La canción decía “Marzo vendrá lluvioso, Abril soleado y celoso”. Una hermosa letra pero también es una nueva confirmación de que la vida no es una película, ni un libro, ni mucho menos una canción.
Y con esas sensaciones subo las escaleras. Llego al punto de estar sobre el nivel del subte, iba a decir mar pero no se la altitud exacta, y el golpe esa gris llovizna me toca. Me hace ir despacio. Prender un cigarrillo. Caminar las cuatro cuadras que me faltan con un tranco corto, pausado, pensativo…

PD. Sí, ya sé. No dije nada. La autocensura es crónica. Me guardo los mejores renglones para mi y este mirar el techo blanco de mi habitacion donde se refleja la luz nocturna de caballito que entra por la ventana. Solo decir, rubia, que "si te faltan refuerzos, mi teléfono en tu agenda y la certeza de sentir..."
PD1. Se va Abril. Feliz cumple Richard. No te voy a decir que te extraño porque no sabria decirte que parte. Creo que un "te necesito" sería mas acorde al momento.

10 de marzo de 2013

amardelplata

Hoy pensaba que hace mas de 14 meses que no piso Mar del Plata.
En la lista de motivos encontré millones pero creo que la mayoría de ellos son excusas. Lo costoso del viaje sale como primera opción en la lista. Sin dudas. Creo que conscientemente no podría afrontar un gasto como ese en este momento. Y estoy hablando de cuánto? $1000 contando los pasajes y gastando mucho? Pero si, la plata sale como primera excusa.
Cuando miro más fino y pienso realmente los motivos creo que el principal es que no estoy en condiciones de afrontar nuevamente una terminal sólo. En estos 33 años y monedas creo que es el peor lugar que alguna vez pise, y también es el lugar que mas recuerdos me trae. Muchos dolorosos y algunos que en su momento fueron alegres pero que el tiempo también se encargó en transformar en dolor. En fin la nostalgia. Esa sensación maldita que nos invade y nos petrifica o nos hace retroceder pero que a su vez siempre nos da la esperanza de sobrevivir.
Entonces opto por no viajar. La solución fácil. Y hasta como un idiota muchas veces me creo las excusas y me creo que si ya no piso mas terminales el dolor se va a ir. Pero ahí está. Ahí sigue. Siempre cerca. No importa el lugar ni el escenario. Siempre me mira y me atiende en pantuflas. Como dos viejos conocidos. No tiene la mínima intención de dejarme ir y yo no tengo la manera de despedirla. Ojalá el no viajar fuera suficiente para olvidar.
Sin embargo tengo bien en claro que evitar las terminales no es suficiente olvidarme. Ni las grandes como Retiro, ni las pobres como la de Punta Alta ni aquellas de pueblo que tienen una sola plataforma. Tampoco necesito caminar un domingo bajo la lluvia, ni buscar una excusa para no mostrarme ante tu gente, ni tratar de cocinar para cuatro pensando tontamente que eso ayudará a tapar la cagada que me mande al rechazar una simple invitación de almuerzo en familia.
Para olvidarme no necesito comprar helado de chocolate marroc en la heladería San Marino de calle Córdoba. Ni ir a comerlo al boulevard. Ni mucho volver de tu pueblo sin “z” y esconderme de vos y de todos tratando de acomodar ideas. No necesito darme cuenta, tarde, de cómo son las cosas. Ni regalarte una entrada, ni escribir una carta con mentiras que solo buscaban arañarte el corazón.
Ya no hace falta usar un sobre de CD como chanchito de ahorro, ni buscar cupones de descuento del Anamora, ni 2x1 en el Aquarium, ni esperar que llegue Semana Santa. Tampoco tengo que crear una cuenta de twitter para dejar de espiarte. Ni entrar con miedo a leerte, ni imaginarme que quiere decir la A de Alemania, ni confirmar mis ideas.
No necesito nada eso para saber que seguís usando el aire. Que seguís respirando. Y que principalmente lo seguís haciendo muy lejos de acá. Tampoco necesito esperar nada, aunque me resulta imposible dejarlo de hacer.

PD. Ya no escucho Sabina y trato de no mirar el mar. Eso tampoco ayuda.

9 de febrero de 2013

Viaje al pasado

Caminar por Punta Alta es como caminar por tu vida. Son mañanas de calor pero que te obligan a salir con un sweater porque a la tarde cambia el viento y se empieza a sentir frío.
Las dos tienen comienzos luminosos que te llenan de energía para vivir las próximas 24 horas juntos, y tardes que convierten a los veranos en insoportables. Pero de pronto en esta ciudad se hace presente el viento Sur y esa luz se convierte en sombra. Y el calor en frío. Y el caminar a la par en solo mis dos huellas insoportables sobre la playa.
Así es el día a día con vos. De cerca o a la distancia. Y al igual que ésta ciudad del sudoeste de la Provincia de Buenos Aires me prometo no habitarte nunca más. Me prometo esconderme de ese calor que se hace frío. De esa mueca que siempre siento que mal interpreto. De tu presencia que se convierte en cachetada para decirme: Ya no estoy, ya me voy, ya me fui…
Pienso que si fueras una ciudad te llamarías Punta Alta. Serias esa señora del sur, de mañanas luminosas, tardes de calor, tardecitas frías y noches sin pronosticar.
Serias esas mañanas que en el camino de ida a la playa dibujan cuatro huellas en el recorrido, que en la tarde se convierten solo en dos.
Sos esas madrugadas compartidas, noches que provocan abrazar a la almohada, dormir con el pecho lleno de cosquillas, desbordante de sensaciones que parecen sacadas de un capitulo de “el principito”. Pero también me convidas de ratos fríos. Vacíos. Comienzos de días largos. En soledad. Buscando algo externo como el trabajo o el colectivo o la música de mi mp3 para distraer la cabeza y no sentir lo tangible de tu ausencia y lo intangible de tu inexistente adiós.
Quizás lo peor de ir a Punta Alta son las primeras horas al llegar. Uno lo hace esperando encontrarse con el Speedway, Sporting, el Parque de Diversiones o el circo en calle Villanueva, y en cambio me choco con la cancha de Rosario sin pista, la de Sporting sin gente, y un potreros mal hecho en Villanueva…
Lo cierto es que uno, en realidad, no va buscar ni las motos, ni el fútbol  ni la diversión; uno viaja a ver si ésta vez sí me puedo encontrar con lo que alguna vez fui. Pero eso ya no está. Y me lleno de melancolías similares a las de n domingo.
Quizás te busco tratando de encontrar lo que fuimos y tampoco está. Quizás por eso estos cambios de humor y de ánimo. Este renacer a cada paso y morir en cada contrapaso.
Sin embargo, a pesar de esto, a Punta Alta sigo viajando. Cada vez menos pero lo sigo haciendo y en cada llegada veo la rotonda de entrada y se me ilumina la cara. Busco, con cara de turista, las siete diferencias entre la foto que tiene mi cabeza con lo que me muestran mis ojos en cada regreso; así como busco las diferencias entre la imagen de mi corazón y el que me muestra un aparato de telefonía celular mientras te leo.
Quizás las busco con la esperanza de que un día sean uno. Quizás las busco pensando que esta tarde de calor que me hace salir de casa, será tardecita de frio pero que a pesar de eso las huellas de vuelta en la playa seguirán siendo cuatro.
Quizás… (despertador!!).
Son las siete en Caballito, arranca el día. Con los ojos entrecerrados escucho pasar el tren, me siento en la cama y veo todas las almohadas del lado izquierdo, y en el derecho la compu, los puchos y el improvisado cenicero.
Diría por fin te encontré, pero eso lo sentí hace mucho cuando usaba la compu y vos leías un libro. Esto sería algo como un reencuentro, en realidad la víspera de un reencuentro. Y no te voy a negar que a pesar de los 40 grados de térmica tengo el sweater bajo el brazo. Porque en verdad, lo tengo. De a ratos mi lado más oscuro me hace caminar sobre cristal, tener mucho cuidado. Pero siempre mi lado más claro pisa mas fuerte. Rompe cristales y veredas, e intenta o al menos amaga a hacerlo a pesar de las tormentas pronosticadas por partes meteorológicos y reuniones de amigos.
Quizás es como dicen ellos o la tele. Quizás es un gran error de mi parte. Quizás mi lado oscuro también tiene razón con su soberbio “No flaco, no…”. Pero quizás funciona. Y si lo hace sabré que no es que me olvide del pasado, simplemente será que a diario hago el esfuerzo para sobreponerme.
De vez en cuando me gusta salir a caminar por Punta Alta, sin abrigo, y que el frío me sorprenda… al fin y al cabo es la época del año que mas me gusta. La época en la que estoy con vos...

27 de enero de 2013

Línea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo. De esos oxidados que uno tiene cada tanto clavado en el pecho. Es algo parecido a las cicatrices. Creo que ya lo conté antes pero hace como 20 años me caí de la bicicleta y me lastimé la rodilla. Me hicieron seis puntos, como dolía!!
Hoy ya no duele. Pasó hace tanto tiempo que ya no es una marca mas. No resalta. No se distingue. No habla. No hace ruido. Casi no existe. Pero hay veces que cuando me siento en la cama y me comienza a vestir la veo. La toco. Y me acuerdo, y… ay! como dolía, ay! como duele!!
Los años fueron sumando otras cicatrices tratadas siempre en la guardia de hospitales cercanos. De esas que ya no duelen.
En algún momento llegaron otras que no se tratan en hospitales. Digamos que son viejos cuchillos oxidados que uno va coleccionando clavados en el pecho. Y que cada tanto una palabra, una esquina, una canción o una película hacen que se corra unos milímetros y vuelve a doler. No es solo recuerdo sino que es dolor, hasta uno ve que la herida supura, que la piel que la rodea se pone roja, y que los pulmones notan la falta del aire como si todo sucediera otra vez hoy.
Hace dos madrugadas alguien me preguntó que era eso clavado. Y el cuchillo, oxidado por el tiempo, tomo protagonismo nuevamente y comenzó a doler. Como antes, como casi siempre.
Hay cosas que vienen con uno. Quizás lo mas terribles es conocerlas y verlas, al menos en momentos, imposibles de ser superadas.
Pensaba en los buenos momentos. En como en el mejor estado me preocupo y ocupo de encontrar algo gris. De buscar problemas. De extrañarlos. De necesitarlos. Y de hacer todo para recuperarlos. Para sentir ese frió en la sangre, ese hielo cayendo sobre la espalada. De cómo me encargo de buscar algo que arruine mi casa, mi trabajo, mis días. Buscar la derrota, ser un mal ganador. Quizás es una de las peores cosas que tengo.
También pensaba en los momentos malos. En esos en cuales me siento debajo de un montón de escombrados. Sólo. Atrapado. Y sin embargo me las ingenio para encontrar un rayo de luz entre las piedras, una bocana de aire de fresco que me ayuda a respirar. En pensar que esto no puede ser todo. Esa forma agotadora de seguir, ya sin estar tan seguro de ser una cualidad afortunada. Quizás es una de las mejores cosas que tengo.
Y en el balance de la noche, cuando me pongo en una posición neutral, cuando soy como la aguja de la balanza de una verdulería, encontrando un punto medio entre la oscilación del máximo y el mínimo, me pregunto cuan afortunado o desdichado soy con esto. Reniego de este estado cambiante que no me deja ni de un lado ni del otro. En los ratos buenos no logro sentirme lo suficientemente pleno para poder disfrutarlos. En los malos ni siquiera tengo la constancia del dolor y el dejarme estar.
Siempre hay una pregunta mas que responder. Una habitación que limpiar. Una cama mas de hotel que armar.
Es esta oscilación quizás lo que dibuja el ceño fruncido en las buenas, y llena de aire mis pulmones en las malas.
A veces, en estos ratos neutros, quizás los pocos, trato de cerrar los ojos e imaginarme de un lado o del otro. Definitivamente. De aceptar lo que sea y hacerlo lo mejor posible, ya sea disfrutarlo o dejarlo pasar. Pero es esta indefinición, este caminar sobre la línea del ecuador sin estar de un lado o del otro del hemisferio, la que quizás me muestra en el lugar mas inexplicable, triste, alegre, y vació en el que me haya visto algunas vez.

22 de enero de 2013

Demasiado Yin, poco Yang

La persiana entre abierta deja pasar la poca luz que la noche me muestra. Me despierto en la madrugada, me siento en la cama, descalzo camino por el pasillo mientras mi mirada busca el horizonte que termina unos metros más allá, en la pared que marca el fin del departamento. De mi casa. De mi lugar que sueño con que alguna vez sea un hogar pero a su vez es una mirada lejana, quizás de esperanza, quizás de resignación a cosas que en lo inmediato, en lo tangible, no creo que pasen.
Siento, aunque este sea el sentimiento que brota en mi piel al tan solo rozarla, que en el fondo hay algo así como una luz de esperanza. Como negándome a que esto sea todo. A que el tiempo pasa, la panza y las entradas crecen, pero aun falta... aun puede pasar o al menos debería.
Y hasta en mi visión de auto boicot, de vencido, sigo haciendo cosas buscando ese algo más. La luz que entra por la ventana me muestra el reflejo de una mesa y cuatro sillas que hace tiempo soñé tener. Y por un lado es una prueba de que mis pasos siguen siendo hacia adelante pero por otro es una cachetada que me muestra que solo lo material puedo lograr. Pone ante mis ojos que el resto sigue estando mucho más allá de este departamento, de este edificio, e incluso de esta ciudad.