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9 de febrero de 2013

Viaje al pasado

Caminar por Punta Alta es como caminar por tu vida. Son mañanas de calor pero que te obligan a salir con un sweater porque a la tarde cambia el viento y se empieza a sentir frío.
Las dos tienen comienzos luminosos que te llenan de energía para vivir las próximas 24 horas juntos, y tardes que convierten a los veranos en insoportables. Pero de pronto en esta ciudad se hace presente el viento Sur y esa luz se convierte en sombra. Y el calor en frío. Y el caminar a la par en solo mis dos huellas insoportables sobre la playa.
Así es el día a día con vos. De cerca o a la distancia. Y al igual que ésta ciudad del sudoeste de la Provincia de Buenos Aires me prometo no habitarte nunca más. Me prometo esconderme de ese calor que se hace frío. De esa mueca que siempre siento que mal interpreto. De tu presencia que se convierte en cachetada para decirme: Ya no estoy, ya me voy, ya me fui…
Pienso que si fueras una ciudad te llamarías Punta Alta. Serias esa señora del sur, de mañanas luminosas, tardes de calor, tardecitas frías y noches sin pronosticar.
Serias esas mañanas que en el camino de ida a la playa dibujan cuatro huellas en el recorrido, que en la tarde se convierten solo en dos.
Sos esas madrugadas compartidas, noches que provocan abrazar a la almohada, dormir con el pecho lleno de cosquillas, desbordante de sensaciones que parecen sacadas de un capitulo de “el principito”. Pero también me convidas de ratos fríos. Vacíos. Comienzos de días largos. En soledad. Buscando algo externo como el trabajo o el colectivo o la música de mi mp3 para distraer la cabeza y no sentir lo tangible de tu ausencia y lo intangible de tu inexistente adiós.
Quizás lo peor de ir a Punta Alta son las primeras horas al llegar. Uno lo hace esperando encontrarse con el Speedway, Sporting, el Parque de Diversiones o el circo en calle Villanueva, y en cambio me choco con la cancha de Rosario sin pista, la de Sporting sin gente, y un potreros mal hecho en Villanueva…
Lo cierto es que uno, en realidad, no va buscar ni las motos, ni el fútbol  ni la diversión; uno viaja a ver si ésta vez sí me puedo encontrar con lo que alguna vez fui. Pero eso ya no está. Y me lleno de melancolías similares a las de n domingo.
Quizás te busco tratando de encontrar lo que fuimos y tampoco está. Quizás por eso estos cambios de humor y de ánimo. Este renacer a cada paso y morir en cada contrapaso.
Sin embargo, a pesar de esto, a Punta Alta sigo viajando. Cada vez menos pero lo sigo haciendo y en cada llegada veo la rotonda de entrada y se me ilumina la cara. Busco, con cara de turista, las siete diferencias entre la foto que tiene mi cabeza con lo que me muestran mis ojos en cada regreso; así como busco las diferencias entre la imagen de mi corazón y el que me muestra un aparato de telefonía celular mientras te leo.
Quizás las busco con la esperanza de que un día sean uno. Quizás las busco pensando que esta tarde de calor que me hace salir de casa, será tardecita de frio pero que a pesar de eso las huellas de vuelta en la playa seguirán siendo cuatro.
Quizás… (despertador!!).
Son las siete en Caballito, arranca el día. Con los ojos entrecerrados escucho pasar el tren, me siento en la cama y veo todas las almohadas del lado izquierdo, y en el derecho la compu, los puchos y el improvisado cenicero.
Diría por fin te encontré, pero eso lo sentí hace mucho cuando usaba la compu y vos leías un libro. Esto sería algo como un reencuentro, en realidad la víspera de un reencuentro. Y no te voy a negar que a pesar de los 40 grados de térmica tengo el sweater bajo el brazo. Porque en verdad, lo tengo. De a ratos mi lado más oscuro me hace caminar sobre cristal, tener mucho cuidado. Pero siempre mi lado más claro pisa mas fuerte. Rompe cristales y veredas, e intenta o al menos amaga a hacerlo a pesar de las tormentas pronosticadas por partes meteorológicos y reuniones de amigos.
Quizás es como dicen ellos o la tele. Quizás es un gran error de mi parte. Quizás mi lado oscuro también tiene razón con su soberbio “No flaco, no…”. Pero quizás funciona. Y si lo hace sabré que no es que me olvide del pasado, simplemente será que a diario hago el esfuerzo para sobreponerme.
De vez en cuando me gusta salir a caminar por Punta Alta, sin abrigo, y que el frío me sorprenda… al fin y al cabo es la época del año que mas me gusta. La época en la que estoy con vos...