La linea del Ecuador

Hace dos madrugas alguien vio un viejo cuchillo...

Luna

Nuevas investigaciones detectaron grietas en la corteza de la luna...

Los Gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines...

24 de diciembre de 2014

Comodidad

Silla ComodaComo no voy a entender la comodidad si en estos 35 años y días no hice más que convivir con ella?
No puedo, no sale, no está bien, que tire la primera piedra. Entiendo cada una de las palabras, y siento cada una de las cosas que me contas. Las buenas y las mierdas.
Ya estuve ahí. Estoy ahí. La reniego, la miro mal, la critico, la miro a los ojos y le digo “no más” pero sigo empapado de esa misma comodidad de la que hablas.
Y entonces como esperar? Cómo convencer? De donde sacar putos argumentos que además de sonar convincentes lo sean?

21 de diciembre de 2014

Déjame

Simbolo de WhatsappEn tu estado de Whatsapp ponías "Hola!".
Encima lo acompañabas de un emoticon sonriente.
Me guiñaba un ojo el muy imbécil.
Bajé a la calle y estaba aquel ex compañero tuyo de trabajo gay que tocaba el teclado en el grupo de tu primo. Hice como que no lo conocía.
Puse la tele y estaban pasando la película que vimos juntos la primera noche que te quedaste en mi casa. Tras media hora de anuncios me dormí.
Me estoy empezando a preocupar.
Creo que no consigues olvidarme.

"A cuento de Nada"
Rafa Pons

30 de noviembre de 2014

A veces la nostalgia nos golpea en la nariz

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo para siempre
y tú ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.

"Ya no"
Idea Vilariño (1920 - 2009)

14 de septiembre de 2014

Redemption Song



Muy lejos de dejar de escribir con el corazón presente, latiendo, casi respirando como con pulmones propios, debo reconocer que es la primera, y lo digo casi sin temor a equivocarme, que lo hago con miedo.
No digo que sean mis líneas más importantes. Las he tenido antes. Muchas fueron escritas con tristezas, otras buscando arrancar alguna reacción que sea a mi favor y la gran mayoría desde de la esperanza de que las cosas mejoren. Si, desde la esperanza. Aunque no pareciera, aunque tengan km y km de melancolía, siempre, en todas, en cada uno de esos textos terminales que hace rato no me salen estaba la esperanza de que sean los últimos. Y en parte creo que lo logre.
Quizá hoy, madrugada de 14 de Septiembre, a días de mis 35 años, sea el antes de una lista de textos con miedos aunque, debo reconocer, también esperanzas.
Estoy hace horas en la cama aunque para variar aun no pude dormir. Debo ir por el cigarrillo diez. Cenicero en la cama, Notebook en las rodillas y de fondo escucho a un tipo holandés llamado Mitchell Brunings que canta “Redemption Song” de Bob Marley. Y claro, es necesario repetirlo, tengo miedo de escribir esta noche.
Me siento confundido. Creo que esa es la mejor palabra. Si bien este lugar siempre ha sido sobre historia personales hace mucho que no lo hago, o al menos que no lo hago tan crudamente como tengo ganas de hacerlo hoy. Tampoco sé si lo lograre, supongo que eso es parte de esta confusión, pero terminar estas líneas, poder leerlas, poder sentir que hice lo que quería, y lograr apretar el botón “subir” y publicarlo será sin dudas una prueba de que el miedo hace rato que dejo de paralizarme. Me influye, me hace desconfiar, me hace caminar sobre cristal, con muchísimo cuidado, pero al costado del camino he dejado de quedarme.
Desde hace un tiempo a esta parte me propuse intentar vivir el día a día lo más posible. No es algo fácil en general, tampoco lo es para mí en particular. Pero en ese largo camino, el cual recién comencé, desde el cual cuando paro y miro hacia atrás veo aun la línea de partida demasiado cercano, he logrado dar pasos enormes que en los ratos amigables no dejan de sorprenderme, de enorgullecerme, de alimentarme, de sentir siempre, desde hace ya mucho tiempo, que esta versión, aun llena de problemas, es mucho mejor que la anteriores. Siempre.
Sin embargo este crecimiento trae la comparación, la melancolía, y la sensación de que ya es tarde. No lo es para lo que viene pero si lo es para el pasado. Ni el tiempo ni los ríos corren para atrás aunque a veces sería tan lindo. No siempre, solo un rato, solo una opción, cruzarse con alguien que tenga el suficiente poder de mirarme a los ojos y decirme “dale, tenés una sola bala, donde querés volver? Que querés intentar mejor?”. Encontrar, diría Ismael, un Coyote. Pero, al igual que él, sé que no existe un Coyote que me devuelva mi pasado. Solo tengo en mis manos, en mi pecho, en mis actos, y en mis decisiones, la posibilidad de decir que si bien no hay forma de cambiar lo hecho, ni lo inmediato, ni siquiera estas líneas, lo que sí puedo es "no dejar que pases por debajo de mi ventana sin pedirte que te quedes conmigo, ni que subas a mi coche sin que emprendamos una urgente huida".
Así como Fernando Birri decía que la utopía sirve para caminar. Yo siento que estos días me sirvieron para eso, fueron los primeros pasos de una larga, cansadora, interminable, de a muchos ratos frustrante, pero siempre elegida, marcha. Sé que recién empiezan. Me quedan no menos de 35 años más, y los seguiré usando para seguir siendo más hasta que logre llegar o que llegues. Me queda toda la vida y la certeza que la quiero invertir en esta espera, activa, pero espera al fin.
El final, además de definitivo, será bueno o malo. No hay mucho más que eso. Y quizás el miedo del que hablaba sea por el 50% de la opción mala. O quizás ya perdí, todo está cerrado, pero aun creo y quiero jugar. Se que no tengo el derecho, ni la ganas, de elegir correrme. Hoy, en este momento, prefiero sentir. Prefiero seguir mi conciencia y seguir actualizando mis versiones a otras mejores. No se si tengo ni las fuerzas ni las herramientas para hacerlo, lo que si sé es que tengo las ganas de caminar y ver.

"No vale la pena vivir para ganar, vale la pena vivir para seguir tu conciencia."
Eduardo Galeano

9 de septiembre de 2014

En esta inmensidad

Me acuerdo del 16 de Noviembre pero no sé si la fecha importante fue el 14 o el 15. Juraría que el 15, de mañana, pero mi palabra vale tan poco que da igual. Solo sé que de este último día, me decidí y voy a tomar este sin consultarte, pasaron algo así como 2126 días. Casi 71 meses. Casi 6 años.
Algo así como 183.682.800 segundos. Unos cuantos sístoles, unos cuantos diástoles. Tanto, y tan poco.
Mientras pienso hago un esfuerzo para respirar profundo. Llenar mis pulmones con algo más que humo. El sabor es distinto pero las ganas, y las dudas, son casi las mismas. Tan similares que estas 51.023 horas que pasaron parecen no valer nada.
Sigo recordando días, horas, minutos... Sigo en esta inmensidad a la que llaman tiempo.


23 de agosto de 2014

Lo que me gusta de tu cuerpo...

Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.

Julio Cortazar

12 de julio de 2014

Un invierno Argentino, o dos, o tres...

No tengo ni el menor recuerdo de lo que hacia la noche del 7 de Julio de 1990. La previa a la final del Mundial de Italia.
Todas las certezas surgen por una cuestión de conclusiones, de sumar, de relacionar, de asociar momentos.
Sé que estaba en la casa de mi abuela. Sé que no estaba enfermo. Es muy probable que me haya acostado tarde. Es muy probable que unas de las últimas cosas que haya hecho fuera mirar mi álbum de figuritas Panini incompleto. Repasarlo. Leer el fixture completado con lapicera, con letra de nene, ver como llegamos desde ese partido olvidable, aunque inolvidable, con Camerún, hasta la previa de la final en el Olímpico de Roma.
Supongo al día siguiente lo esperaba nervioso. Lógico, era mi primer final consciente de un Mundial de Fútbol. Era el momento en el cual, ya en su ocaso, descubría a Maradona. Eran los momentos que salía a jugar a la pelota disfrazado de arquero y que ante cada atajada de un penal decía “Goycooooocheeeeeaaaa”.
Sé que estaba a meses de cumplir once años. Y también se, que si a ese nene que dormía hace 24 años en una casa perdida de Punta Alta, que iba a quinto grado, que miraba el futuro con inconsciencia pero también con temor, alguien le mostrara todo lo que iba a hacer en los años próximos su respuesta, sin dudar, hubiese sido “de verdad? donde firmo?”.
Éste, el que escribe hoy, quizás no tan consciente del privilegio que tuvo durante este tiempo, ya a meses de cumplir 35 años, sé que está fumando, que se dormirá tarde, que en breve va espiar su álbum de figuritas Panini, incompleto como aquel, esperando, también con nervios, que mañana sea un buen día. Ya sin la casa de su abuela, sin aquel televisor Telefunken color, sin su quinto grado de la primaria a la mañana, sin hogar con ruido, sin mascotas, aunque en parte con la misma inconsciencia de que pasará en el futuro, y con los mismos miedos.
Tambien sé que en el 90, al igual que ahora, tampoco estabas vos.
Mañana a las 16hs será mi segunda final de mundial consciente, la tercera desde que nací. Nada mal para mis 34 años.
Mañana a las 16hs será un domingo más, como tantos pasadas, como tantos que vendrán. Y con la esperanza, o la esperanza de tener esperanza, de que si me cruzo en mis sueños con un tipo parecido a mí pero 24 años más viejo, y me dice que a mis 58 años voy a tener todo lo que llegue a tener, mi cara y mi respuesta sea como la de ese nene: “de verdad? donde firmo?”.

2 de julio de 2014

No entiendo tus ojos, ni tu voz adivino...

Creo que le he dedicado mucho espacio en este blog a los vacíos. Parece algo contradictorio pero he llenado este lugar de caracteres que tratan de explicar las faltas.
En estos días puedo identificar sin pestañar, sin tomarme un mínimo segundo para dudar, los vacíos que me acompañan en mis días. Son infinitos pero ese rato que me lleva caminar ocho cuadras a la tarde son de los peores que recuerdo. Entiendo que también son los recientes, que la sensación de actualidad le agrega mucho más peso, pero al menos debería aceptar que son minutos que están entre los tres primeros momentos.
Llegar a casa. Dejar el bolso en el sillón. Caminar a la habitación. Sentarme en la cama. Cruzar los pies y sacarme el primer zapato. La primer medias. Masajearme con mis manos la planta del pie derecho. Se lee tan desagradable como triste. Mirar la puerta cerrada del placard. Pensar. Repasar imágenes como si fueran fotos. Poner postura de buen perdedor. Aceptar. Sentir en el fondo que esto no puede ser todo. Que algo más debe haber. Que las cosas nunca quedan así. O que al menos no deberían.
Luego resignarme, sacarme el otro zapato. La otra media. Caminar descalzo al living. Buscar la complicidad del ruido de la tele para que no me aturda el silencio. Sentarme en el sillón. Pensar. Sentir cosquillas. Querer llorar sin poder. Hacer repaso. Resignarme. Nuevamente pensar que debería haber más, que si tan solo pudiera estirar un poco más la agonía. Darme cuenta que miento peor de la que pensaba.
Luego catarata de desengaño. Baño de realidad. Pestañar un par de veces más.
Por suerte ya es mañana. Aunque atrasaría los días. Retrocedería cada uno de sus segundos para que el almanaque no avance. Ya no es mi momento de volver al pasado pero daría tanto, tanto, porque siga siendo hoy. Me da miedo mañana. Y mañana ya está acá. Ya me toca timbre. Ya llamó al ascensor. Ya marcó el cuarto piso, y hasta ese ruido de puerta de reja es ella a punto de buscar el departamento “i”. Ya está acá. No sirve decir no estoy. Tiene llaves. Entra.
No encuentro ni el regreso ni el camino. No entiendo tus ojos, ni tu voz adivino…

23 de junio de 2014

Trago dulce...

Lunes. 20hs. Estoy sentado en casa, casi hogar, con un cartón de Leche Chocolatad Sancor. Taza llena. Tele, nueva incorporación, prendido. Hablando imaginariamente. Teniendo mil charlas. De las viejas. De las próximas. De las que están atragantadas.
El cuerpo me pica. Los ruidos que vienen de afuera pasan de largo. No me tocan. No pinchan. No se escuchan. Trato, lo intento, pero no puedo escucharlas.
Te veo. Me veo. Te hablo. Me hablas. Me lleno de tristeza. Se me acumula el llanto en la nariz. Tengo esos ratos de instinto de supervivencia en los cuales trato de cuidarme. Quiero pensar que ya está. Busco sentirme seguro. Con el presente asumido. Pero me engaño. Son algunos segundos y nuevamente se me acumulan los sentimientos en la nariz. En la saliva que sube y baja. En los ojos que brillan y tiemblan. En el cuerpo que me pide dormir horas, días, todo el tiempo.
Pero no, sigue siendo Lunes: 20.38hs ya.
Me pregunto como pasar esto que tengo en la garganta. Me doy cuenta que no puedo, que no se como, o hasta quizás que no quiero. Pero todo con un “no” adelante. No se va. Sigue acá, dando vuelta por la nariz.
Me cansé de patadas en el pecho para que pase, pero no pasa.
El tiempo ya me dijo, quizás los minutos que vienen también dirán. Ojalá supiera qué. Ojalá me diga, por una vez, lo que quiero oír.
Ya casi no queda nada. Ni de esto, ni de salud, ni de chocolatada.
Solo este trago dulce.

16 de junio de 2014

Reiré con violencia...

Qué va a ser de mí, volveré a mentir de nuevo. Llenaré mi cama de fantasmas, de muertos. Contaré los días, las calles que nos separan. Las tardes de domingo esperaré tu llamada.
Maldeciré a las parejas que, abrazadas, sueñan con habitaciones de hotel desocupadas. Y odiaré con calma tu risa, todas mis palabras, nuestra despedida.
Qué va a ser de mí, les diré barbaridades a las mujeres hermosas que pasen por mi calle. Sin que me invites, me colaré en tus fiestas. Cuando venga tu recuerdo, reiré con violencia.
Iré a buscarte a los sitios acordados aunque tú no vengas, aunque me hayas olvidado. Te escribiré los versos que nunca te hice, seré puntual como siempre quisiste.
Qué va a ser de mí, emprenderé un largo viaje para que el eco de tus noches nunca me alcance.
Qué va a ser de mí, dudo que en ningún bar me puedan servir todo el alcohol que necesito para olvidar.
Iré a buscarte a los sitios acordados aunque tú no vengas, aunque me hayas olvidado. Te escribiré los versos que nunca te hice, seré puntual como siempre quisiste.

2 de abril de 2014

Las veces...

Hay veces en las que creo que no hay nada que pueda hacer. No sé como explicarlo, es algo que se siente y no tiene muchas letras para decir que o cómo es.
Solo se que en esos instantes los pasos son mirar para atrás pero para llenar la bolsa del haber. Contar los días para atrás sin la nostalgia de lo perdido sino mirando las huellas de lo conseguido en el camino. Y mirar lo que viene. Quizás mirarlo sin fechas, sin tiempos, sin figuras humanas que lo rodean, pero hacerlo sabiendo que solo será cuestión de tener ganas, de desear, de caminar y de llegar a eso. Porque hay algo seguro en esos momentos, cualquier cosa, material o afectiva, se que va a llegar. No hay otro futuro que no sea conseguirlo.
Hay veces en las cuales siento que paso la barrera. Me acuerdo de Punta Alta y de Puerto Belgrano. En mi familia inmediata nunca hubo alguien que sea militar para poder pasar la barrera de entrada cuando yo quisiera. Ni fui a su escuela técnica. Ni nada.
Mis entradas en la base fueron a la pileta cubierta de suboficiales y a jugar al básquet al estadio con mi primo Emiliano. De esto ultimo recuerdo que íbamos en bicicleta. Él y su hermano tenían pase entonces yo usaba el de mi primo menor, lo mostraba de lejos sin parar la bicicleta, solo disminuyendo la velocidad, y me aprovechaba del control no tan estricto de la Policía Militar.
Las otras visitas fueron en los días de puertas abiertas. En algunas fechas especiales los militares querían amigarse con el pueblo entonces los civiles podíamos pasar, recorrer el puerto, subir al portaaviones Independencia, dar una vuelta en anfibio. Todo un día de paseo. Era como un Aquasol gigante pero sin juegos de agua, aunque con la misma fila de espera cada vez que queríamos ver un barco de guerra por dentro.
Hay veces que me siento como en ese día de “Puertas Abiertas”. Son momentos en los que la barrera está alta, no se necesita un “pase a la base” y puedo pasar esa l
ínea. Y allí viene esa sensación de que todo lo puedo, de que no hay nada prohibido, de que solo es proponérselo y buscarlo, de que soy realmente yo. Al 100%. Yo.
Hay veces en las que me tengo que subir a la bicicleta, mostrar de lejos un carnet trucho para que no sea vea la foto y pasar. A veces no importan tanto los medios. Lo que vale es pasar la barrera y saber que una vez dentro sigo siendo yo. El del 100%.

Me canso de ser hombre

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin Embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas...

Pablo Neruda

4 de marzo de 2014

Culpable de tanto desastre...

Yo soñé con aviones que nublaban el día, justo cuando la gente más cantaba y reía, más cantaba y reía.
Yo soñé con aviones que entre sí se mataban destruyendo la gracia de la clara mañana de la clara mañana.
Si pienso que fui hecho para soñar el sol y para decir cosas que despierten amor. ¿Cómo es posible entonces que duerma entre saltos de angustia y horror?
En mi sábana blanca vertieron hollín, han echado basura en mi verde jardín si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar.
Anoche tuve un sueño y anoche era verano oh verano terrible para un sueño malvado, para un sueño malvado. Anoche tuve un sueño que nadie merecía ¿Cuánto de pesadilla quedará todavía, quedará todavía?
Si pienso que fui hecho para soñar el sol y para decir cosas que despierten amor. ¿Cómo es posible entonces que duerma entre saltos de angustia y horror?
En mi sábana blanca vertieron hollín, han echado basura en mi verde jardín si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar.
Yo soñé un agujero bajo tierra y con gente que se estremecía al compás de la muerte, al compás de la muerte.
Yo soñé un agujero bajo tierra y oscuro y espero que mi sueño no sea mi futuro, no sea mi futuro.
Si pienso que fui hecho para soñar el sol y para decir cosas que despierten amor. ¿Cómo es posible entonces que duerma entre saltos de angustia y horror?
En mi sábana blanca vertieron hollín, han echado basura en mi verde jardín si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar.


2 de marzo de 2014

Calesita

Hace más de dos años que no piso Mar del Plata.
No sabría decir bien el motivo. Creo que tiene mucho que ver tu ausencia.
Mi presencia en sus calles sienten tu vacío, como el invierno la falta del batallón que la invade en verano.
Esa sería una buena razón aunque no lo se. Quizás lo es buena para estas líneas, le dan el toque sentimental y nostálgico tan típico en mis escritos.
Recuerdo una de mis últimas noches allí. Recuerdo la primera vez que te vi y tengo grabada a fuego la última. Mis retinas tienen relieve con ese momento.
Las despedidas son pesadas. Todas parecen terribles y definitivas, aunque la vida me ha dado muestras absolutas de lo contrario.
Sin embargo siguen siendo pesadas y seguramente siempre lo serán. Lo malo del reencuentro es que inevitablemente se comienza a gestar una nueva despedida. Quizás, esa sí, la definitiva. Quiero decir que el verte trae el comienzo de un nuevo adiós que será más pronto que tarde. Aunque intente evitarlo. Aunque quiera negarlo. Aunque pida que el mundo para su vértigo.
Pensaba en Mar del Plata, en la calesita de Colon y Arenales. En que para los chicos ese lugar está lleno de despedidas breves. El niño no está muy ducho en despedidas entonces cada vez que ve irse a la madre, en cada vuelta, cree que no volverá. Cada despedida es definitiva. Por eso tiene miedo a la noche. No tiene incorporado el concepto del Alba.
Sin embargo la vida es distinta. Ni una canción, ni una película, ni una calesita. Simplemente distinta. Aunque no tanto…

15 de febrero de 2014

Ventanas...

Buenos Aires está lleno de ventanas.
Camino al trabajo el tren para en la estación flores. Miro el contra frente de un edificio y cuento no menos de cincuenta en no mas de 300mts cuadrados.
Miro y me imagino la cantidad que contaré en la siguiente parcela, en la cuadra y barrios siguientes. En la suma de los cien barrios porteños.
Miro y me pregunto, justo por la mía fuiste a pasar? Y justo cuando yo estaba mirando?
La vida es puta y yo… una decepción.

12 de enero de 2014

El dolor

El príncipe Ianos Kusnitz era uno de los hombres mas poderosos de Polonia.
En su castillo, cercano a Cracovia, disfrutaba de todos los placeres que la riqueza suele facilitar. Era un hombre muy galante y como carecía de cualquier escrúpulo tenia numerosas amantes a las que atendía en forma sucesiva o simultánea. También era excelente cazador, poeta, tañedor de citaras. Su vida era muy intensa e interesante.
Hasta que un marido celoso dispuso que unos magos lo hechizaran.
De resulta de este maleficio el príncipe Kusnitz empezó a sentir un dolor agudizo y permanente en un punto situado entre los omoplatos. No era un dolor extenso pero su intensidad era tal que al príncipe le resultaba imposible registrar cualquier otra sensación que no fuera ese dolor. Los médicos de la corte no alcanzaron a explicarse el origen de aquel mal pero los astrólogos pronto le dijeron que el dolor lo acompañaría toda su vida y que solamente desapareceria una vez por año el día de san juan. Desde entonces el príncipe vivió en perpetua sufrimiento.
Cada 24 de junio, sin embargo, libre de todos sus tormentos se entregaba a unas actividades asombrosas que incluían banquetes, cacerías, cantos y cabalgatas de toda índole. Al amanecer el 25 de junio el dolor se presentaba puntualmente y el príncipe solo tenía tiempo de quejarse.
Al cabo de algunos años advirtió que los placeres del día de san juan estaban contaminados por la certeza de su carácter de efímeros y que no podía gozar de ellos. Desde entonces su día de alivio lo usaba para sufrir por el día siguiente.
Los astrólogos después de arduos procedimientos mágicos le consiguieron nuevos días de gracia. El día de todos los santos, el día de navidad, la pascua de resurrección. Pero el príncipe no aprovechaba aquellas jornadas y hasta podría decirse que sufría mas durante ellas.
Pasaron los años, los magos redujeron los días de tormento y aumentaron los de gracia. Finalmente resulto que el príncipe sufría su dolor en los omoplatos solamente un día por año aunque no era posible establecer la fecha exacta.
Kusnitz nunca volvió a disfrutar de los placeres del cuerpo y el espíritu, se la pasaba encerrado en su alcoba gimiendo, gritando, llorando, y temiendo la visita del dolor.