17 de febrero de 2015

Los gorriones

Bandada de Gorriones
Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines y hasta en la plaza del caballito que veo desde mi ventana. Buenos Aires parece invadida pero no exclusiva, también los veía en Punta Alta, Mar del Plata, Chaves…
Los europeos no quieren hacerse cargo de que sea originario de sus tierras y dejan caer la hipótesis sobre su origen en Asia, Alguien dijo, con criterio conciliador y no científico, que nació de las entrañas de las nubes y que hoy se los puede encontrar en todas partes.
Algunos dicen que en 1850 centenares de gorriones fueron liberados en Filadelfia para combatir las orugas que destruían huertas y jardines.

Otros que los trajo Sarmiento. La historia cuenta que Emilio Bieckert trajo gorriones de su pueblo natal, Barr, en el Alto Rhin, Alemania. No los pudo llevar a su quinta situada en Juncal y Esmeralda. Frustró sus intentos la excesiva rigurosidad del funcionario de la Aduana que le pidió el pago de sus aforos y los gastos de cuarentena. Entonces decidió soltarlos en el Puerto de Buenos Aires. Desde ahí recorrieron el cielo porteño y más tarde en numerosas bandadas, el resto del país. A los pocos meses, el presidente Sarmiento, movido por su amor a los pájaros, hizo una suelta de gorriones en Plaza de Mayo y de ahí nació la leyenda.
Por sus características fue muchas veces combatido y algunas defendido de su sentencia de muerte. Los que lo defendían alegaban que los gorriones cumplían su función positiva: comían a las langostas; a la mariposa Collias lesbias, la plaga de los alfalferos, y a la isoca Laphigma frugiperda.
En 1931 se emitió un decreto para la iniciación de la campaña de exterminio del gorrión y se les proveyó a los agricultores la fórmula química para combatirlo. Cinco años después se instituyó la Semana del Gorrión, durante la cual se intensificaría la destrucción. Ante esto, la Sociedad Protectora de Animales Sarmiento trató de evitar la matanza.
¿Que hicieron los gorriones? Ante las primeras bajas se replegaron a zonas menos combativas y, más tarde, regresaron lentamente, a disfrutar sus vidas nuevamente.
Mientras tanto, muchos años después, a pocos kilómetros del lugar donde quizás fueron liberados por primera vez, yo estoy acá, mirándolos por la ventana y esperando que ates una bandada de gorriones a mis muñecas y juntos huyamos lejos de aquí, a otro planeta.
Llévame donde tu estés…

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