10 de marzo de 2017

Primeros y Últimos Pasos

Hace pocos días me vi obligado a retomar mi maratón de visitas médicas.
No es importante como estoy, ni que me dijeron, ni mucho menos como continua ni cuanto más queda. Lo importante está en la previa a ese momento. La sala de espera era bastante chica y mucho mas teniendo en cuenta que además de mi médico había otros especialistas. Uno de ellos, supongo porque nunca lo comprobé, era un neonatologo y es por esto que mientras esperaba mi turno vi un desfile de padres y bebes paseando por ese lugar.
En un momento llego una pareja con una nena que se sentó no muy lejos de mí. Hasta un instante después no sabía por qué pero llamaron mi atención. Estaban justo enfrente mío y fue por eso que vi con claridad un momento nunca antes había vivido. La nena estaba parada apoyada a la madre y vio fijo a su papá que estaba frente a ella. Movió sus brazos. Soltó a la madre. Y con una mínima noción de equilibro se largó a caminar hacia los brazos del papá.
Fue un instante en el que alguien quiso que todos estemos mirando hacia ese lugar. Se escuchó de fondo un suspiro de todos los pacientes y se produjo un silencio tan sincronizado que ni practicando nos hubiese salido mejor.
Fue la primera vez en mis 37 años que vi los primeros pasos de alguien. Realmente fue un momento increíble. Creo que ya nunca lo olvidare.
La nena dio sus pasos, abrazo las rodillas del padre y ahí se quedó. Rodeada de las lágrimas de los padres y de la emoción de todo
s los presentes.
Cuando llegó a destino se apoyó exhausta en las rodillas de él y mientras toda la sala de espera, incluido yo, aplaudíamos, ella nos miraba sonriente y se sumaba a nuestros aplausos.
Luego de eso fue mi turno de entrar al consultorio. Y si al principio de este texto no importaban las palabras de mi médico ni lo gris de los resultados, a la salida de mi atención esos momentos importaban mucho menos.
Viví, de más cerca de lo que alguna vez imagine, algo que ya no me pasará. La vida sigue, quizás no para mucha gente, quizás ya no para mí, pero el ser efímero cada tanto te abraza, y te regala un mimo, para que uno sienta que las cosas no están tan mal.

Volví a casa con ese saber agridulce de ver unos primeros pasos mezclados con los últimos.

17 de febrero de 2015

Los gorriones

Muchas veces veo revolotear gorriones cerca de los autos, en los jardines y hasta en la plaza del caballito que veo desde mi ventana. Buenos Aires parece invadida pero no exclusiva, también los veía en Punta Alta, Mar del Plata, Chaves…
Los europeos no quieren hacerse cargo de que sea originario de sus tierras y dejan caer la hipótesis sobre su origen en Asia, Alguien dijo, con criterio conciliador y no científico, que nació de las entrañas de las nubes y que hoy se los puede encontrar en todas partes.
Algunos dicen que en 1850 centenares de gorriones fueron liberados en Filadelfia para combatir las orugas que destruían huertas y jardines.
Otros que los trajo Sarmiento. La historia cuenta que Emilio Bieckert trajo gorriones de su pueblo natal, Barr, en el Alto Rhin, Alemania. No los pudo llevar a su quinta situada en Juncal y Esmeralda. Frustró sus intentos la excesiva rigurosidad del funcionario de la Aduana que le pidió el pago de sus aforos y los gastos de cuarentena. Entonces decidió soltarlos en el Puerto de Buenos Aires. Desde ahí recorrieron el cielo porteño y más tarde en numerosas bandadas, el resto del país. A los pocos meses, el presidente Sarmiento, movido por su amor a los pájaros, hizo una suelta de gorriones en Plaza de Mayo y de ahí nació la leyenda.
Por sus características fue muchas veces combatido y algunas defendido de su sentencia de muerte. Los que lo defendían alegaban que los gorriones cumplían su función positiva: comían a las langostas; a la mariposa Collias lesbias, la plaga de los alfalferos, y a la isoca Laphigma frugiperda.
En 1931 se emitió un decreto para la iniciación de la campaña de exterminio del gorrión y se les proveyó a los agricultores la fórmula química para combatirlo. Cinco años después se instituyó la Semana del Gorrión, durante la cual se intensificaría la destrucción. Ante esto, la Sociedad Protectora de Animales Sarmiento trató de evitar la matanza.
¿Que hicieron los gorriones? Ante las primeras bajas se replegaron a zonas menos combativas y, más tarde, regresaron lentamente, a disfrutar sus vidas nuevamente.
Mientras tanto, muchos años después, a pocos kilómetros del lugar donde quizás fueron liberados por primera vez, yo estoy acá, mirándolos por la ventana y esperando que ates una bandada de gorriones a mis muñecas y juntos huyamos lejos de aquí, a otro planeta.
Llévame donde tu estés…

29 de enero de 2015

Los puercoespines

Un día crudísimo de invierno, en el que el viento silbaba cortante, unos puerco-espines se apiñaban, en su madriguera, lo más estrechamente que podían.
Pero resultaba que, al estrecharse, se clavaban mutuamente sus agudas púas.
Entonces volvían a separarse; pero el frío penetrante los obligaba, de nuevo, a apretujarse.
Volvían a pincharse con sus púas, y volvían a separarse.
Y así una y otra vez, separándose, y acercándose, y volviéndose a separar, estuvieron hasta que, por fin, encontraron una distancia que les permitía soportar el frío del invierno, sin llegar a estar tan cerca unos de otros como para molestarse con sus púas, ni tan separados como para helarse de frío.

Arthur Schopenhauer
1788-1860

24 de diciembre de 2014

Comodidad

Como no voy a entender la comodidad si en estos 35 años y días no hice más que convivir con ella?
No puedo, no sale, no está bien, que tire la primera piedra. Entiendo cada una de las palabras, y siento cada una de las cosas que me contas. Las buenas y las mierdas.
Ya estuve ahí. Estoy ahí. La reniego, la miro mal, la critico, la miro a los ojos y le digo “no más” pero sigo empapado de esa misma comodidad de la que hablas.
Y entonces como esperar? Cómo convencer? De donde sacar putos argumentos que además de sonar convincentes lo sean?
No sé cómo pedir que dejes lo malo conocido para pasar a otro lugar. No sé cómo empujarte a dar ese si todas las veces que lo he intentado hacer yo nunca salieron. Hace años que esta rueda de 365 días llega a ésta época del año y el pico sigue pasando por el mismo el lugar. Es una rueda de bicicleta fija, siempre clavado acá. Sin correrse. Mirando cómo se va el almanaque, como se instala la panza, como se va el pelo y se quedan las arrugas.
No sé cómo convencerte pero tampoco se cómo rendirme. Como hacer para no sentir este cosquilleo que me hace pensar que el próximo años, quizás… Para ser sincero tampoco quiero sacármelo. No quiero que se vayan las hormigas de este momento. Es lo que hace que mañana me levante y me quiero seguir levantando aunque la promesa de los días que vendrá sea tan difícil como estos. Tan difícil.
Los cambian llegan. No soy el mismo. Pero van a una velocidad tan chiquita que la vida le saca kilómetros y kilómetros de ventaja. Y la línea de llegada en lugar de estar más cerca la veo cada vez más lejos.
Pero lo bueno de un día como hoy, como año nuevo o un cumpleaños, es que si bien el balance del pasado es malo se prende una luz de que tengo otros 365 días para intentarlo. Y que no lo quiero dejar pasar. Que, ahora sí, los próximos días serán los definitorios. Serán los mientras tanto que nos hacen morir de miedo, que nos hará romper esa comodidad, y que luego de miles de malos momentos nos pagaran de la forma que creo que queremos cobrar.
Ojala se exista esa receta de romper la puta comodidad, de chocar con los putos miedos, de mirarse para adentro y decir “y si apuesto otra vez?”, de hacerlo, y de que salga.
Ojala pueda. Ojala podamos.

21 de diciembre de 2014

Déjame

En tu estado de Whatsapp ponías "Hola!".
Encima lo acompañabas de un emoticon sonriente.
Me guiñaba un ojo el muy imbécil.
Bajé a la calle y estaba aquel ex compañero tuyo de trabajo gay que tocaba el teclado en el grupo de tu primo. Hice como que no lo conocía.
Puse la tele y estaban pasando la película que vimos juntos la primera noche que te quedaste en mi casa. Tras media hora de anuncios me dormí.
Me estoy empezando a preocupar.
Creo que no consigues olvidarme.

"A cuento de Nada"
Rafa Pons